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RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ: Gobierno delincuente y malandro

RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ

Gobierno delincuente y malandro

     ***Cuando un régimen se comporta y actúa como lo hace la camarilla alojada en Miraflores estamos en presencia de un gobierno malandro.   

Por RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ

La nomenclatura de las relaciones internacionales califica como Estado fallido, forajido,  paria o delincuente, aquel que manejado por un gobierno incompetente e inmoral es incapaz de asegurar un mínimo de gobernabilidad, estabilidad y calidad de vida a sus habitantes así como de garantizar control y resguardo de su territorio y la  seguridad personal y jurídica a sus habitantes.

Durante mucho tiempo algunos de los países más atrasados del continente africano  aparecían como ejemplo de estados fracasados. Eran, en lo fundamental, naciones de reciente independencia, sometidos a la depredación y el saqueo del colonialismo, con sistemas económicos primitivos,  con grandes falencias en materia de educación, salud y servicios indispensables, y con graves conflictos étnicos y tribales, que derivaban en luchas interminables en medio de horribles matanzas y del irrespeto cotidiano por los derechos humanos más elementales.

Hoy,  Venezuela acusa todos los síntomas de un Estado y un gobierno incapaz de ejercer las funciones y soluciones mínimas indispensables para ser considerado como tal. El sistema económico y productivo ha sido llevado a una situación de ruina y destrucción que se evidencia  en una hiperinflación y un desabastecimiento sin precedentes en el mundo moderno, que sume en la miseria y el hambre a sus habitantes, obligados a un éxodo masivo buscando desesperadamente la sobrevivencia, el colapso total de los servicios públicos y domiciliarios indispensables como agua, luz, telefonía, internet, transporte. La ausencia de todo vestigio de seguridad pública, jurídica o personal.

Otra característica de un Estado forajido es la ausencia de control territorial y de seguridad en sus fronteras. La presencia de grupos irregulares, la utilización del territorio como base de operaciones de la delincuencia internacional, el contrabando de extracción y la depredación de los recursos naturales por bandas de saqueadores que trafican el oro, los diamantes y el coltán, amén de la fuga masiva de gasolina a los países vecinos, reflejan la ausencia de todo control y seguridad en relación a los recursos y el espacio geográfico.

El estado de postración institucional; la desaparición de todo vestigio de autonomía y separación de poderes; la ausencia de órganos de control administrativo; la degradación moral del sistema de justicia y la corrupción galopante e impune que corroe toda la estructura de gobierno, abona en la definición de Estado forajido hacia la que aceleradamente avanza la comandita delincuencial que  ejerce el gobierno.

La transfiguración del Estado delincuente en Estado  malandro, se produce cuando desde el poder se pretende intimidar, amedrentar y aterrorizar a la población mediante la utilización de la violencia, la brutalidad y la violación sistemática y cotidiana de los derechos humanos.

Calificar al gobierno como totalitario, dictatorial,  comunista, socialista, marxista o fidelista, es piropearlo; porque en definitiva todas esas definiciones implican posiciones ideológicas por execrables que ellas sean. Cuando un régimen con prescindencia de toda regla ética, política y moral, se comporta y actúa como lo hace la camarilla alojada en Miraflores, simplemente estamos en presencia de un gobierno delincuente y malandro.

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