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RAFAEL POLEO: La doctrina de Guaidó

La doctrina política de Guaidó
Por Rafael Poleo
El 98 % de la oposición y el 85 % de los venezolanos apoya a Guaidó, pero una pequeña fracción opositora donde oscuros intereses financieros cohabitan con la ultraderecha epiléptica, trabaja para desacreditar al presidente legítimo. A ese contubernio lo alimentan y usan banqueros que estafaron a la nación venezolana por un monto no menor de 7.000 millones de dólares y escaparon con lo pillado, dejando en la estacada a sus cómplices maduristas. Es lo que a falta de más adecuada denominación he llamado Delincuentes Financieros -DI, para facilitar la conversación.
    En la primera hora los DI apoyaron a Guaidó con la intención de entusiasmarlo para que éste prescindiera de los partidos que en la Asamblea Nacional le designaron Presidente Interino, pero Guaidó rechazó desprenderse del bloque partidista que forman AD, PJ, VP y UNT.  Al fracasar en sus incitaciones, los DI adoptaron una estrategia más cuidadosa que la usada cuando su organizado pelotón de anonimistas del tuiter y algunos personajes venales de la prensa y la TV en Miami desataron una feroz campaña de desprecio contra Ramos Allup, Borges, Capriles y todo el que estorbe su objetivo de un postchavismo que olvide los delitos financieros perpetrados en la era madurista.
      La nueva estrategia de los DI para desacreditar a Guaidó es básicamente la misma que usaron contra los dirigentes de los partidos democráticos, pero afinada en proporción al formidable entusiasmo que el Presidente Interino ha despertado. Para esto se tuerce cualquier declaración cuya intención o significado pueda volverse contra la persona a quien se quiere desacreditar. Veamos un ejemplo ilustrativo:
     Guaidó declaró hace pocos días que el chavo-madurismo no es socialista, puesto que no ha implantado justicia sino un desastre que afecta especialmente a las mayorías necesitadas. La observación es académicamente exacta, pues el socialismo proclama esa intención reivindicadora, pasando por alto que sus resultados son lo contrario. Chávez, un  fascista típico a la manera de Perón -el farsante cuyo íncubo mantiene postrada a la Argentina-, se disfrazó de socialista porque esa palabra sonaba bien. Lo mismo había hecho Hitler con su partido nacional-socialista (na-zi). Ya en el siglo XXI los desastres de Cuba y Venezuela desacreditaron la palabra socialismo. Los Delincuentes Financieros aprovechan para relacionar esa palabra con Guaidó por el correcto uso académico que Presidente Interino hace de ella.
      En el socialismo democrático -en realidad no hay otro, porque el otro es comunismo-, alinearon los anticomunistas más eficaces del siglo XX: Víctor Raúl Haya de la Torre, José Figueres, Luis Muñoz Marín, Willi Brandt, Rómulo Betancourt, Alberto Lleras Camargo, Francois Mitterand, Mario Soares, Felipe González y gente así. Algunos, como Pepe Mujica, de buena fe manosearon un socialismo más radical. Pero, según él (lo contó hará cosa de un año), su mamá, mujer de pueblo, le aclaró el entendimiento con esta reflexión: “Hijo… el socialismo no es posible, porque la gente es mala”. Más rotundo fue el propio Fidel Castro en 2010 cuando el periodista americano Jeffrey Goldberg (entrevista publicada en “The Atlantic”) le preguntó si todavía él consideraba exportable el modelo cubano: “El modelo cubano no nos ha funcionado ni siquiera a nosotros”, respondió Fidel, con la imprudencia propia de quienes ya nada tenemos que temer.
     A estas alturas, el socialismo no es una doctrina ni un programa, sino una referencia ética de atender a quienes tienen menos. En el XXV Congreso Mundial conque en 2017 la Internacional Socialista rememoró su estruendoso choque de hace un siglo con la Internacional Comunista, el anfitrión fue el Partido Liberal  (li-be-ral) colombiano, y hace unos meses la misma IS expulsó de sus reuniones al sandinismo -al PSUV nunca quiso aceptarlo ni como observador.
     En el día de hoy, quienes creemos que al capitalismo hay que regularlo para que conserve su fuerza creadora, adoptamos una saludable amalgama de ideas que contiene lo mejor de todo sin caer en fundamentalismos, que ya se sabe  el mal que hacen. Juan Guaidó, presidente de Venezuela reconocido por todo el mundo democrático, es uno de esos pragmáticos con sentido social.
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Rafael Poleo

Director -Editor del diario El Nuevo País. Fundador de la Revista Zeta. Presidente del Grupo Editorial Poleo. Periodista. Analista político.

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