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RAFAEL POLEO: Por fin pasó algo

Por fin pasó algo

 Por RAFAEL POLEO

Trump y Putin, las únicas dos personas que están en capacidad de resolver el problema venezolano, hablaron el viernes durante hora y media sobre sus diferencias más urgentes: Corea del Norte, Venezuela y Ucrania. Y cuando digo únicas personas digo que en esto nada pintan Maduro, Guaidó, Leopoldo, Henry, Borges, Padrino, Diosdado, el Grupo de Lima, la OEA, la ONU, el Vaticano, España, Cuba, Colombia, Brasil y todo lo que no sea Trump y Putin. Cuestión de tonelaje.

Hablando de tonelaje, el de Rusia no se puede comparar con el de Estados Unidos -ninguno puede. Si llegamos a la situación actual es porque apenas ahora Estados Unidos está saliendo de una etapa de inhibición en la política de poder que le corresponde.

Por suerte, Trump y Putin son hombres de negocios que ya se han acordado antes sobre muchos temas, y los intereses de Estados Unidos y Rusia coinciden en la amenaza que para ellos representan China y el fundamentalismo islámico. El temor compartido por el crecimiento de China facilitará un acuerdo sobre Corea del Norte, adefesio manejado por China y gobernado por un tirano astuto como un niño que chantajea a los mayores con la amenaza de quemar la casa. El siguiente problema, el más complejo, es Venezuela, pero tiene solución en el siguiente (tercer) problema: Ucrania. Si Estados Unidos deja hacer a Putin en Ucrania, Putin le dirá a Padrino que monte en el avión a Maduro, llame a los partidos y empiece a trabajar en la normalización política de Venezuela. (Padrino sería el primer presidente de la transición, representando a los militares que discutirán con los políticos el tema de la inevitable impunidad. Pero tendrá poca gana de quedarse en un terreno que para él está minado).

Estados Unidos no tiene interés directo en Ucrania. Estorba allí a Rusia porque al rival siempre hay que estorbarlo, pero lo real es que Ucrania está condenada por el hecho de estar al lado de la potencia inescrupulosa que Rusia siempre fue, en una región del planeta cuya cultura no entiende eso de los derechos del hombre y las naciones. Además, la recuperación de su influencia sobre Venezuela le significará a Estados Unidos dos ñapas importantes: Cuba y Nicaragua, naciones más o menos inviables -sobre todo Cuba- que tienen que cuadrarse con el que les dé de comer y están dispuestas a hacerlo.

Las conversaciones sobre este problema triangular -Corea del Norte, Venezuela y Ucrania- continuarán a su propio ritmo entre los dos ministros de exteriores, Pompeo y Lavrov. Ellos terminarán entendiéndose según el sano principio de “a cada quien lo suyo”. Sería ridículo que pretendiéramos ponerles presión. Algunos ignorantes hablan de solicitar la intervención armada y entonces Trump mandará a los marines, como si Trump no tuviera su propio calendario, determinado por factores como la fecha de su reelección, noviembre de 2020, la cual recomienda una solución como para fines de septiembre de ese año. ¿Es que los venezolanos no entienden que cuando votaron por Chávez en 1999 y además le dejaron consolidarse, estaban renunciando a su soberanía? Y lo peor es que, saltando de uno a otro entusiasmo infantil, ese pueblo parece condenado a insistir en el error, igual aunque de signo contrario.

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