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ALFREDO MICHELENA: ¿Qué esperar del Grupo de Lima?

ALFREDO MICHELENA

¿Qué esperar del Grupo de Lima?

 ***Poco a poco, el Grupo de Lima está entendiendo que la solución de la crisis venezolana y su impacto regional pasa por atender su aspecto geopolítico global. No es solo que el régimen venezolano genere una crisis que los afecta sino que en esto la presencia de potencias extracontinentales (Rusia, China) y sus aliados (Cuba, Irán y Turquía) son un asunto a resolver.

           Por ALFREDO MICHELENA

Una nueva polémica se ha creado cuando el Grupo de Lima ha planteado la necesidad de acercarse a Cuba para que “participe en la búsqueda de la solución a la crisis en Venezuela”. De tontos de capirote para abajo han sido señalados los miembros del grupo, en especial nuestro embajador en esa agrupación. Pero, ¿ha sido esta una decisión errada?

 

           El grupo

Este grupo, creado en agosto de 2017, ha jugado un papel importante en la solución de la crisis que vive Venezuela. Fue fundado, entre otras razones, por la frustración que sentían un grupo de países demócratas frente a una OEA que no daba más. Se había quedado en señalar el carácter dictatorial del régimen de Maduro y no avanzaba en medidas concretas, como la aplicación de la Carta Democrática Interamericana.

Este grupo más dinámico fue avanzando en llamados y decisiones más concretas y en cierta manera empujando a la OEA a desconocer las elecciones que realizó Maduro en 2018 y,  consecuentemente, en la ilegitimidad del nuevo período de Maduro.  Pero cada movimiento en la organización continental es muy pesado; apenas se ha logrado movilizar a ratos una mayoría simple, es decir 50 % de los votos para estos asuntos.

El grupo tiene un núcleo duro de unos 11 miembros que conforman Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y ahora Venezuela.  Eran doce, pero México -un activo miembro- sale con el triunfo de López Obrador. A este grupo se suman en ocasiones Guyana, Santa Lucía, Jamaica e incluso Haití.

 

          Las posiciones

En su inicio, el grupo establece que no reconoce la Asamblea Constituyente ni sus decisiones, pero insiste en promover como mecanismo fundamental  para la solución de la crisis una “negociación creíble y de buena fe”. Pero el descalabro de las negociaciones en 2017-2018, y la no atención a los diversos llamados realizados por el Grupo al régimen, entre ellos  a realizar elecciones libres, a no realizar las de mayo de 2018 y a no asumir la presidencia el 10 de enero de 2019, hace que el grupo afirme la inutilidad de negociar con Maduro pase a exigir como premisa “el cese de la usurpación”.

EE.UU., por su parte, ha mantenido una posición más firme en cuanto a lo que hay que hacer y en cuanto a las medidas a tomar. De hecho los EE.UU. y Canadá han sancionado casi una centena de funcionarios chavistas. En esto, el Grupo de Lima se ha mantenido relativamente al margen, aunque en cuanto a las sanciones personales los gobiernos participantes en el grupo han apoyado o adelantado  en casos acciones dependiendo de sus legislaciones. Sin embargo, a principios de año resuelven “Reevaluar el estado o nivel de sus relaciones diplomáticas con Venezuela” e “impedir a los altos funcionarios del régimen venezolano la entrada al territorio de los países del Grupo de Lima”.

 

Los EE.UU.

Los estadounidenses no se han incorporado. La mayor diferencia entre las perspectivas del Grupo de Lima y la de los EE.UU. es que mientras el grupo trata de solucionar una crisis interna de carácter político, económico y social y su consecuencia en la región, los estadounidenses han incluido otra dimensión: la dimensión geopolítica global. Para los EE.UU., además de la crisis interna de Venezuela, está la penetración de potencias extracontinentales (Rusia y China) y sus aliados regionales (Cuba) y no regionales (Irán y Turquía) en Venezuela.

La muy documentada presencia de tropas rusas y cubanas, pero también activistas de Hezbolá e Irán, como el apoyo de China y Turquía se han convertido en un asunto de carácter geoestratégico para los EE.UU., tanto que ha hecho público su  “obligación de reducir ese riesgo para América Latina y para nuestro país”, como dijo el secretario de Estado, Mike Pompeo.

 

          La convergencia internacional

Ya para marzo de 2019 el Grupo de Lima exteriorizaba su preocupación por el arribo de dos aviones militares rusos y señalaba su “condena a cualquier provocación o despliegue militar que amenace la paz y la seguridad en la región”. Pero ya en abril el asunto era que la presencia de Rusia, China, Cuba y Turquía tenía un  “impacto negativo” en la región por el “apoyo al régimen ilegítimo de Maduro”.

Esto reposiciona el tema venezolano en la geopolítica internacional, no tan explícitamente como los EE.UU., que resiente que estas potencias extracontinentales se hayan metido en su zona de influencia. Resalta que esa presencia externa contribuye a mantener a Maduro en el poder y que esto tiene un impacto regional.

Por eso los EE.UU. están hablando con los rusos y ahora el Grupo de Lima con los cubanos. Los dos planos de esta confrontación: el local/regional y el geopolítico global comienzan a coincidir.

Concretamente, el grupo ha decidido “…hacer las gestiones necesarias para que Cuba participe en la búsqueda de la solución a la crisis en Venezuela”. Y en este sentido el Primer Ministro canadiense J. Trudeau habló con Díaz Canel sobre la necesidad de elecciones libres y una solución a la crisis que afecta a decenas de millones de venezolanos. Recordemos que también Juan Manuel Santos intentó hacer lo mismo sin resultado alguno.

La diferencia es que ahora hay un nuevo contexto. Los EE.UU. están decididos a poner mucha presión sobre Cuba si no procura un cambio en Venezuela. Trump incluso habló de un bloqueo total.  Ya la negociación no es para favorecer al pueblo de Venezuela, lo que al castrochavismo parece importarle poco, sino para evitar mayores sanciones a Cuba. Por lo que no es de extrañar que las conversaciones con los cubanos estén en esa tónica.

 

          Las reacciones

Nadie ha criticado que Trump hable con Putin sobre Venezuela o que Pompeo lo haga con su homólogo ruso, ni tampoco a Trudeau por sus conversaciones con el gobierno de la isla. Los cañones de algunos dirigentes e “influencers” criollos se han tornado hacia el Grupo de Río, en especial hacia Julio Borges como embajador de Guaidó ante esta organización internacional. Lo que revela que es más un problema personal o político partidista que de estrategia. En realidad, Borges está muy claro cuando dice que “el Grupo de Lima tiene que liderar junto a EE.UU. las acciones contra Maduro”.

Por ahora, la estrategia está clara: para promover el cambio hay que colocarse en una perspectiva geoestratégica. Hay que entender y manejar como variables no solo nuestra crisis y su impacto regional sino la presencia activa de esas potencias extracontinentales  y sus aliados regionales y extraregionales. Y en esto están coincidiendo el Grupo de Río y los EE.UU. Esto es un gran avance.

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