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RAFAEL POLEO: La intervención armada

La intervención armada

Por RAFAEL POLEO

El fin de la tragedia venezolana se retrasa por varias causas, la más importante de las cuales es la puja entre los distintos intereses, externos e internos, que aspiran a manejar las riquezas de este país cuando se restablezca el orden democrático. Esta tensión explica tanto la precipitación del “faux pas” que Leopoldo y Guaidó dieron en La Carlota como la inocultable satisfacción de los demás por el fracaso de esa acción precipitada. De la misma hechura son las presiones para que el Presidente Interino haga la “brutta figura” solicitando públicamente a Estados Unidos que intervenga militarmente en Venezuela, cuando ese país ha dicho en varios idiomas que él se reserva la hora y manera cuando lo hará, si le place hacerlo. Una vez que Guaidó sea desairado en la que sería una impertinente solicitud, los instigadores procederán a solicitar su reemplazo en el impropiamente llamado liderazgo de la Oposición, proceso que repetirán hasta que la bolita caiga en la persona que conviene a sus intereses.

Frente a esta presión, ejercida sobre todo en esa tierra de nadie que es el tuiter, Guaidó ha tenido que encargar a su embajador en Estados Unidos la absurda comisión de hablar con el Comando Sur con aires de quien va a coordinar eso del desembarco por La Vela y Ocumare. Por supuesto, el embajador, un muchacho muy listo, no se arriesgará a que en el Comando Sur lo tomen por loco o por imbécil, cual ocurrirá si pregunta cómo será la vaina. El Comando Sur no tiene autoridad para decidir cuándo y dónde desembarca, ni si lo hará por aire, mar y tierra o se limitará a meterle a Padrino un misil en la poceta, que bastaría. Así que, luego de un almuerzo donde se hablaría de beisbol y mujeres, que es de lo que los hombres hablamos cuando no estamos trabajando y hasta cuando estamos, acordarían una declaración de múltiple interpretación, para que la gente suponga que alguna enjundia hubo en lo conversado.

Al bajo perraje periodístico donde come Jaime Baile hago saber que en esto de intervención extranjera soy pionero. Comenzando este siglo lo dije ante expresidentes americanos formalmente reunidos en el Círculo de Montevideo, estando frente a mí Felipe González, invitado como provocador del debate así como yo lo fui como informante. No más dije que la sociedad venezolana no era -y no es ni será- físicamente capaz de enfrentar este atraco fascista perpetrado  por unos delincuentes que no son ni comunistas, mucho menos socialistas, ni leches, sino atracadores que se han hecho con un país en el cual no pensaban hacer sino saqueo, que es exactamente lo que han hecho. Desde entonces he sostenido esa posición, para asumir la cual basta una inteligencia normal, una mediana información sobre hechos y protagonistas, y, eso sí, un minucioso conocimiento de los intereses mencionados supra. En aquel mediodía porteño, con la profunda amargura de un tango me quejé de que ni siquiera el PSOE, que a los adecos nos debe hasta el modo de andar, atendiera el teléfono cuando le llamábamos. Felipe, que entonces estaba barrigón, se hundió el índice en la panza y me replicó: “Yo sí. Yo sí”. Pero entonces quien mandaba en España era Zapatero, qué quieren que les diga.

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Rafael Poleo

Director -Editor del diario El Nuevo País. Fundador de la Revista Zeta. Presidente del Grupo Editorial Poleo. Periodista. Analista político.

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