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RAMÓN GUILLERMO AVELEDO: La caída de la institucionalidad

La caída de la institucionalidad

***Doscientos ocho años después de la Independencia y ciento noventa y seis del fin de la guerra por ser república, los gobernantes de Venezuela reproducen las formas más bárbaras del absolutismo.

 

Ramón Guillermo Aveledo

Por RAMÓN GUILLERMO AVELEDO

Nicolás Maduro no es el primer mandamás de esta tierra que jura la Constitución y se burla de ella. Días antes de la Batalla Naval del Lago de Maracaibo, último combate independentista en territorio venezolano, el rey Fernando VII entregó al Marqués de Casa Irujo unas “Bases sobre las que ha de caminar indispensablemente el nuevo Consejo de Ministros” que historiadores consideran como uno de los escasos documentos que refleja el pensamiento político de quien acabaría siendo el “rey felón”. Allí se lee que su majestad no quiere “Nada que tenga relación con Cámaras ni con ningún género de representación.” Y luego se manda limpiar ministerios, tribunales, oficinas “… de todos los que hayan sido adictos al sistema constitucional”.

Eso, ni más ni menos, es lo que pasa aquí y ahora. De todas las ironías que implica la farsa arbitraria actual la peor es que se haga en nombre de Bolívar, Libertador que fue del yugo absolutista y del pueblo, cuya soberanía expropian.

No puede extrañarnos. Poner un guachimán al frente de la Asamblea era ya un símbolo del desprecio por la libertad que el parlamento representa. Soto Rojas estará en las antípodas ideológicas de quien escribe pero su actuación, respetuosa por motivos de decencia, era incómoda por incompatible con la mandonería. Desde 2015, luego de la victoria de los venezolanos en la elección parlamentaria que las mañas no pudieron evitar, empezó la ofensiva. Se eligió a la carrera magistrados complacientes y con la ayuda del tribunal, a golpe de machetazos mal llamados sentencias, se mutiló posibilidades de acción y competencias a la Asamblea Nacional. En perjuicio del pueblo venezolano, como puede apreciarse en sus resultados.

Que ahora, desde un cuerpo ilegítimo que solo aparenta sesionar cuando hay que cometer o aplaudir un atropello, fuente principal de desconocimiento internacional al régimen, su caporal goce firmando allanamientos que son como cheques sin fondo, es un vergonzoso síntoma de cuánto ha caído nuestra institucionalidad, hasta el nivel de bajo desahogo de frustración personal.

Pero no nos engañemos. El pleito de nuestros anacrónicos émulos de la monarquía absoluta, no es con unos diputados de la oposición, es con la Constitución. Es con el poder limitado y distribuido que se establece en ella. Es con la posibilidad para legislar para todos los venezolanos, con el control de la gestión gubernamental y del gasto público, con el debate abierto que ventile los problemas reales de la gente de carne y hueso que la Constitución atribuye a la Asamblea. La verdadera cuestión es que los que privatizaron el poder, no creen en la república y, por lo tanto, no soportan sus procederes. Su pleito es contra nuestros derechos y nuestras libertades. No hay sector ni región, sector o institución a salvo de ese apetito insaciable.

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Ramón Guillermo Aveledo

Ciudadano libre. Abogado, político, profesor e intelectual venezolano. Miembro y dirigente del partido COPEI. Exsecretario general de la Mesa de la Unidad Democrática. Coordinador Internacional de la MUD.

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