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JURATE ROSALES: La acelerada dolarización de Venezuela

La acelerada dolarización de Venezuela

 

Foto Cortesía.

Por JURATE ROSALES

El dólar ya está en todas partes en Venezuela e inclusive cruzó el último umbral que todavía quedaba, que es el del buhonero en la calle. Pagas en dólares y te dan el vuelto en dólares para cualquier mercancía, de esa que ya estaba olvidada, pero con un comercio en dólares reapareció.

En el mercadito sabatino de Prados, en Caracas, hay una pequeña cola de clientes frente al queso blanco, que son los que pagan en bolívares con tarjeta de crédito y otro sitio donde el pago es de dólares. Con el carnicero del mercado, observo dos mujeres que compran carne y pagan con paquetes de arroz y azúcar, como si se tratara de un comercio de trueque. Y es que con el trueque ¿hemos vuelto al comercio tipo Trucutú? Digo algo prehistórico, ¿de cuando la moneda no existía?

Tengo entendido que la más antigua transacción en especie era de pieles de castor en Europa del norte, pero ya el Medio Oriente estaba más adelantado y todo el debe y pagado se hacía en tablillas de barro. La cultura de Ur, en lo que hoy es Irak, fundada hace seis mil años, de la que por cierto salió Abraham con sus rebaños para crear una nación aparte, tenía sus grandes bancos donde las transacciones comerciales se anotaban en esas tarjetas de barro, que luego asombraron a los arqueólogos por el número de transacciones que cada grupo de tablillas representaba. Es decir, que no hay nada nuevo bajo el sol y que hemos retrocedido…, bueno, en algo.

El oro y la plata vinieron después. Mucho después. Sin embargo, cuando el mundo entero ya utilizaba el papel moneda y lo menudo en piezas de un aleado de zinc con cobre, Venezuela era el único país del mundo, suficientemente rico como para utilizar todavía  las monedas de plata. Cuando llegué a Venezuela en 1950, con asombro conocí el dinero en curso –el fuerte de Bs. 5 hasta llegar al real y el medio de 25 centavos– todos con una aleación de plata. En mi matrimonio con Luis Rosales, en 1960, Luis hizo correr entre mis manos 12 mediecitos de plata, que todavía guardo. No recuerdo cuando se sustituyó la plata por las monedas de níquel. ¿Qué le pasó a ese país rico en absolutamente todos los bienes que el subsuelo, la tierra, la luz del sol y el agua con tanta abundancia entregaron a los venezolanos?

Después de décadas de estabilidad monetaria, el primer golpe duro ocurrió cuando el presidente Luis Herrera confió demasiado en su propia gente y dejó que los estados contratataran deudas que, sumadas todas juntas, colocaron el país en bancarrota. Vino el día del Viernes Negro y a partir de allí empezaron a alternarse períodos de estabilidad después de cada devaluación, con los de catástrofes  producidas por una pésima gestión. Mas ninguna llegó al desastre actual, que es en números el de 1.300.000% de devaluación del bolívar, no importa como lo llamen, que si Bs. Fuertes o Bs. Soberanos, porque ninguno sirvió y la previsión oficial del Fondo Monetario Internacional es ahora de un 10.000.000% de devaluación para el año 2019.

Peor le fue al presidente Nicolás Maduro cuando empezó a inventar su propio sustituto al bolívar y creó un signo monetario virtual  en imitación del bitcoin que llamó “el Petro”. Anunció que su respaldo era el petróleo, pero como la producción del petróleo venezolano bajó por falta de mantenimiento, le agregó la producción minera incluyendo el oro. Por supuesto, nada de eso estaba sustanciado y cuando Maduro intentó pagar los sueldos de la administración pública con el Petro tuvo que resignarse porque eso no era posible. El Petro feneció antes de nacer a la vida pública y por el momento no se habla más de él.

Es por lo tanto natural, que la población, arrinconada dentro de una devaluación monstruosa y castigada por la consiguiente escasez (sobre todo de víveres de primera necesidad), se haya agarrado como de un salvavidas del billete verde. Ya no importaba ni siquiera si eso era legal o no, porque era asunto de comer o no comer. El gobierno tuvo que darse por vencido y aceptar la presencia de hecho de la moneda norteamericana.

El resultado actual es de elemental lógica, porque la mercancía apareció como por arte de magia, pero… al precio del dólar y generalmente con billetes de dólar. Los que no tienen cómo conseguirlo, emigran -pronto serán, parece, cerca de 4 millones de venezolanos, muchos caminando  a pie en los países vecinos. La meta de todos es trabajar; ganar algo que luego se pueda mandar en dólares a la familia dejada en Venezuela.

Hasta el pan diario, en la panadería, ya se paga en dólares. Y es cuando viene lo peor: el que no tiene dólares, ni tiene a nadie que se los puede enviar, o se va, o tendrá que resignarse a morir de hambre, porque con el salario mínimo decretado por el gobierno sólo puede comprar en un mes dos cartones de huevos y 3 litros de leche. Más nada. A eso llegó el país dueño en el papel, de las mayores reservas de petróleo del globo terrestre y poseedor en sus entrañas de reservas de oro estimadas por el gobierno en 1.480 toneladas… sin extraer.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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