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JURATE ROSALES: El rugido del ratón criollo

El rugido del ratón criollo

JURATE ROSALES

Por JURATE ROSALES, desde una Caracas donde el sufrimiento llega a niveles inaguantables.  

Trate de explicarle a un noruego, que vive en el sistema social más resguardado de todo el globo terrestre, cómo hace un empleado público venezolano cuyo sueldo mensual completo solo alcanza para un cartón de huevos, dos litros de leche y más nada. Escuchen bien: más nada en todo el mes. Con esa realidad diaria de cualquier criollo que no ha emigrado todavía, ahora resulta que el ciudadano noruego es el que mejor entenderá la situación. Señores, no me hagan reír porque es para llorar.

Todo en Venezuela en este momento raya lo absurdo. Para empezar ¿de dónde sacaron los grandes de este mundo que no se puede intervenir en Venezuela porque el Ejército venezolano es demasiado fuerte y una intervención costaría demasiadas vidas? ¿Acaso no vieron correr un regimiento con sólo oír la explosión de un triqui traqui en el desfile militar del 4 de agosto del año 2018? Y era un desfile de la Guardia Nacional, cuerpo supuestamente el más fiel a Maduro y el que está encargado de sofocar las manifestaciones de calle.

Frente a esa manifestación de “poder” del  pasado 4 de agosto, el resto del mundo me recuerda los carros oficiales de las grandes potencias haciendo cola para ser recibidos por el grupito armado con lanzas medievales en la inolvidable película “El rugido del ratón” con Peter Sellers. En la película los representantes de las Grandes Potencias, Rusia y Estados Unidos, con sus  largos vehículos negros oficiales que llevan a los embajadores venidos a parlamentar, hacen cola para ser recibidos por un estado montado en el aire de los engaños. Es que ahora, la lista de vehículos oficiales temerosos de entrar sería todavía más hilarante que en la película, porque allí estarían todos los 20 y tantos integrantes de la Unión Europea con Mogherini a la cabeza (imagino que cada uno en su vehículo, por eso de la diversidad de la Europa vernácula). Después vendrían los que forman mayoría en la OEA incluyendo Estados Unidos, Canadá y Brasil (nada menos), los del grupo de Lima que son los de casi toda América Latina, terminando con la misión del Grupo de Contacto Internacional, integrada por países europeos y latinoamericanos. Esta última visitó a Maduro la semana pasada y como si todo esto fuera poco, viene  ahora a agregarse al montón, lo que todavía faltaba: Noruega.

Veamos entonces la efectividad de Noruega, donde pareciera que su mayor palmarés ha sido coleccionar fracasos o, más bien, eternizar los conflictos. Vaya la lista según recuerdo: Sri Lanka, Malí, Guatemala, Sudán, Filipinas, inicio del plan de paz para Colombia y para coronar hay varios Premios Nobel, de los que el penúltimo fue para Barack Obama, será por no hacer nada, y el último le tocó a Colombia cuya FARC no parece tener fin. ¡Justo lo que un venezolano, que vive con 5 dólares mensuales, necesita con urgencia en este momento!  Vuelvo a decir –no me hagan reír, porque terminaré llorando.

De tal manera, que si ahora Peter Sellers reinventara su famosa película adaptándola al caso venezolano, supongo que la fila de los embajadores venidos a parlamentar, sería equivalente a las que se forman en Venezuela para echar gasolina y donde la espera puede tardar fácilmente 48 horas. Solo que aquí, en Venezuela, la gente en las filas de espera está tan agobiada de hambre, enfermedades y falta de todo lo más necesario, que le sería imposible sentarse para una partida de póker, como las que intentan jugar los mil y uno “diplomáticos”, cuya mayor actividad hasta ahora ha sido la de un interminable bla, bla, bla.

Aquí, ahora, cada espera es demasiado desesperante. Lo único que provoca es gritar ¡cuándo es que terminará esta pesadilla!

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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