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ALFREDO MICHELENA: Negociar. ¿Por y para qué?

Negociar. ¿Por y para qué?

 ***La palabra negociar en Venezuela parece que da urticaria. Es que la experiencia histórica no ha sido muy positiva. Recientemente, el tema vuelve a tomar relevancia; pues hay varios grupos e instancias que están negociando. Unos más aceptados que otros.

ALFREDO MICHELENA

Bitácora Internacional –  ALFREDO MICHELENA

Muchos venezolanos se preguntan si tiene sentido negociar con un gobierno que ha hecho de la negociación una palabra vacía. Sin duda que, luego de los sucesos de abril de 2002, cuando se inició un proceso de negociación que terminó favoreciendo al régimen, al igual que  con los intentos de 2014 y 2017-18, en los cuales por cierto también participó la comunidad internacional,  la desconfianza hacia este mecanismo de resolución de conflictos se instaló en la mente de los venezolanos y esto está más que justificado.

Si como dice Moisés Naim, en un artículo publicado recientemente, «Todos los “diálogos” terminaron fortaleciendo al Gobierno y debilitando a la oposición”», entonces, ¿cuál es el sentido de insistir en ello?

¿Para qué insistir?

Recordemos la conseja “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes” que se le atribuye a Albert Einstein -aunque también a Mark Twain y a Benjamín Franklin, entre otros- pero una cosa es la física y otra la política.

En cierta forma la premisa de esta afirmación es que no cambie el método, pero tampoco cambie el sujeto/objeto (actores), ni las circunstancias. Pero es que justamente ahora los actores han cambiado así como las circunstancias.

Es cierto que, hasta ahora, estos diálogos han dado tiempo para que el régimen se fortalezca y la oposición se debilite, principalmente por el desencanto popular. A lo que se ha unido la tradicional pero creciente corriente antipartidos (antipolítica) -traducida en antiMUD y antes anticoordinadora democrática- que se ha dedicado a no dejar títere con cabeza y cobrarles los fracasos. Los egomaníacos van en búsqueda del poder por el poder hasta colaboracionistas y corruptos. Y aunque no hayan podido mostrar pruebas de los negociados han creado una neblina de sospecha que crece como la espuma. Y ese crecimiento se debe a la lógica perversa de que si nada resulta es porque ellos se han vendido y no porque las expectativas eran altas, o porque se han equivocado en las políticas, o simplemente porque los del régimen juegan y juegan duro; recuerden que estos comunistas filocubanos (desde el principio) sabían en qué iba a desembocar esto y se prepararon. Nosotros no.

Pero ¿qué ha cambiado?

En estos 20 años se han reconstituido los partidos políticos y esto ha sido un éxito frente a unos partidos destruidos para fines del siglo pasado y un chavismo que había copado la vida política nacional. También ha surgido un nuevo liderazgo en el país. La generación del milenio ha tomado la conducción de la oposición. Por otra parte, una correcta política electoral permitió ganar contundentemente el parlamento y esa Asamblea se ha convertido en el contrapoder frente a un régimen deslegitimado internacionalmente. La participación de la comunidad internacional pasó de ser un “acompañamiento” a un proyecto de apoyo a la democracia y a la libertad en Venezuela. En esto, la creación del Grupo de Lima -muy diferente a UNASUR- empeñado en una solución a la crisis en Venezuela y la llegada de Trump y sus halcones al poder han marcado una diferencia.

Por el lado del castrochavismo, domésticamente, no solo está en franca minoría sino que la crisis humanitaria ha comenzado a hacer mella en el bloque en el poder. No ha habido una ruptura, pero sí un deslave que puede esconder una grieta que podría estar profundizándose. Y en esto la presión interna y externa ha jugado un papel importante. Su sostén está en el aparato militar, ahora menguado, y en sus alianzas extracontinentales, así como con Cuba y claro los miembros de Foro de São Paulo; algunos muy motivados ideológica y políticamente; pero otros más realistas están viendo que la fragilidad del régimen los puede arrastrar en su caída.

¿Negociar con delincuentes?

Decir que no se va a negociar con los malos sino con los buenos es un contrasentido. Me recuerda aquel chiste de Fritz y Frank, en el cual Fritz una noche buscaba algo bajo la luz de un farol y Frank le pregunta que si allí se le perdió algo y este le contesta: No. Se me perdió allá pero aquí es donde hay luz.

Hay que intentar negociar con el enemigo, el contrincante e incluso con los amigos cuando se desea algo y el otro se opone.  Entre otras cosas porque una salida negociada a la crisis es mejor que una violenta o contenciosa. Y en nuestro caso es la mejor opción por su costo en vidas humanas.

Que Maduro y su combo van a buscar tiempo. Caramba, ya lo sabemos. Pero a estas alturas el tiempo tiende a favorecerlos menos, pues no logran gobernar y solucionar la crisis.

Por cierto, la mayoría de los  que se oponen a la negociaciones si están muy de acuerdo con aquello de que “todas las opciones están sobre la mesa”; pero hipócritamente no aceptan que la negociación esté sobre la mesa y como cualquier opción hay que explorarla.

 

         ¿Negociar con Cuba?

Recientemente, todos le cayeron encima al Grupo de Lima y a Julio Borges debido a que el grupo decidió hablar con Cuba. Todos sabemos que el gobierno de los Castro es el que maneja al régimen, entonces ¿por qué no negociar con ellos, o con los rusos o chinos?

En realidad, son los cubanos los que más tienen que perder en estas negociaciones. Ellos ya sabían que el régimen venía en picada y se comenzaron a preparar, incluso negociaron con Obama la normalización de las relaciones diplomáticas, y con esto lograron que la Unión Europea les levantara las sanciones. Pero de allí no pasaron y ahora están entrando en una crisis, menor que la nuestra pero crisis al fin. Ya anunciaron racionamiento de comida. Pero esto ya lo vivieron cuando perdieron el financiamiento de la URSS  y están preparados para resistir -aunque el pueblo se muera de hambre.

Lo que ha variado es que ahora hay un incentivo adicional: Trump estaría dispuesto a apretar mucho más el embargo. En realidad ya comenzó al permitir la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton, que permite llevar a corte en los EE.UU. a las compañías extranjeras que operan propiedades confiscadas en la isla; legislación aprobada por cierto por el demócrata Bill Clinton en 1996. Pero puede ir más allá, incluyendo por ejemplo un duro embargo de petróleo enviado desde Venezuela -o triangulado- y  otras restricciones como al turismo, fuente fundamental de divisas de la isla.

Lo cierto es que a diferencia del pasado ahora hay algo que negociar con Cuba. No se trata solo de mantener un apoyo petrolero desde Venezuela, como antes. Ahora Cuba no solo puede perder esto sino mucho más. Así que cuando el PM canadiense, Justin Trudeau, habla con Díaz-Canel y su canciller Chrystia Freeland visita la isla en nombre del Grupo de Lima tienen algo que negociar.

Oslo y otros grupos

Lo de los noruegos debió ser una movida del régimen, a juzgar por los contactos que ellos han tenido durante estos años con Dag Nylander, quien participó en las negociaciones con las FARC en La Habana y luego fue nombrado Buen Oficiante para el tema del Esequibo. En ambos casos aparece el conspicuo representante del Pranato: Roy Chaderton.

Según se conoció,  las conversaciones que ha tenido el gobierno noruego con la oposición y el régimen de forma independiente son muy preliminares y no son algo nuevo sino que habrían comenzado hace un año. Lo nuevo es que ahora hay una estrategia clara: “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” y un presidente encargado e interlocutor válido de la oposición reconocido nacional e internacionalmente.

La jugada del régimen fue denunciar las conversaciones para volver a crear el fantasma de las negociaciones. Negociaciones que se están dando en varios ámbitos, no solo entre régimen y oposición, sino también entre el Grupo de Lima y el Grupo de Contacto de la Unión Europea y otros así como entre EE.UU. y, Rusia y China, entre otros.

Todos estos procesos tienen un elemento en común: unas elecciones libres y justas con supervisión internacional. Aquí el quid de la cuestión es cómo presionar al régimen y sus aliados para que acepten unas elecciones que de calle van a perder. Y cómo demostrar poder para que entiendan que su salida negociada y/o las elecciones son su mejor opción. Además, dejémonos de purismos y  preparémonos, pues en una negociación algo hay que ceder.

No hay que estigmatizar estos procesos, pues como dijo Guaidó es uno de los métodos a explorar, siempre y cuando se siga presionando al régimen en todos los terrenos.

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