fbpx
InternacionalesNacionalesRafael Poleo / Corto y Profundo
Destacados

RAFAEL POLEO: La verdad sobre la situación venezolana

La verdad sobre la situación venezolana

 Por RAFAEL POLEO

La comprensión de la verdadera situación venezolana, asumida sin la distorsión del lente emocional, es indispensable para lograr el cambio político que se hace urgente para Estados Unidos por el peligro que representa un bastión de sus peores enemigos en un territorio que es balcón sobre el Caribe y puerta de América del Sur, y la extinción por hambre en un escenario tan visible de una población víctima de un proceso genocida.

La economía venezolana se contrajo un 20 por ciento durante el primer trimestre del año, debido a la parálisis general progresiva que afecta a su industria petrolera y el colapso en el abastecimiento de energía que no sólo significa incomodidades en el hogar sino un descenso vertical en la producción de bienes indispensables como alimentos y medicamentos, y la imposibilidad de importarlos. La actividad económica ha descendido a la mitad si se la compara con el año 2013, y mucho más si se la compara con lo que era cuando el chavismo asumió el poder en 1999.

Todo eso se agravará en los próximos meses, cuando hagan efecto las nuevas sanciones aplicadas por Estados Unidos, que reducirán aún más la producción y comercio de petróleo venezolano, dentro de una estrategia para sacar a Maduro estrangulando la economía del país. Estados Unidos piensa que Maduro tendrá que entregar el poder ante la parálisis de Venezuela por el colapso de los servicios indispensables para alimentar a la población y para movilizarla a los sitios de trabajo. En los días inmediatos a esa renuncia, los militares venezolanos, previo acuerdo de impunidad,   asumirían una alta suma de poder y responsabilidad, facilitando el ingreso inmediato de alimentos y medicinas, y abriendo camino a una transición que se concretaría en elecciones limpias de un gobierno democrático que abra las puertas a la inversión extranjera y  negocie una refinanciación de la deuda externa.

Lo anterior es un basto resumen de lo que se supone, pero su ejecución no será tan exacta en la práctica. La conversión del estamento militar de su actual rol como partícipe de una dictadura cleptocrática a una gestión ideal de árbitro bondadoso, requerirá acuerdos con los países que reciban a los capitostes civiles y militares que resulten inasimilables para una vida democrática –esto se solventaría permitiendo que lleven consigo sus fortunas, lo cual les hará atractivos para países como Italia y otros de Europa. También habrá que superar el aprovechamiento que irresponsables políticos locales ya hacen del explicable odio que los jefes chavistas han movido en la población, exigiendo al liderazgo responsable  acciones armadas imposibles puesto que la Oposición no tiene armas. A la hora del cambio, estos extremistas agitarán contra los acuerdos que son lamentablemente necesarios para acelerar la salida de los delincuentes que hoy gobiernan a Venezuela.

No es para participar en el ocioso desahogo de quienes creen que tumbarán a Maduro insultándolo que llamamos delincuentes a unos asaltantes del poder. Esta denominación corresponde exactamente a la naturaleza de los actuales mandantes venezolanos, quienes no son los revolucionarios originarios que juraron con Chávez al pie del Samán de Güere, sino oportunistas que treparon al carro de la revolución con la intención de hacer fortunas colosales, como en efecto las han hecho. Los negociadores occidentales deben tener en cuenta esta diferencia a la hora de tratar directamente con los jerarcas maduristas. Sus interlocutores no son políticos a quienes se puede persuadir para que salgan del poder en vista de que su gestión ha fracasado, sino atracadores a quienes para que liberen a los rehenes hay que asegurarles el transporte hacia el lugar de refugio. Esto ni siquiera se puede hablar con ellos mismos, sino con los factores externos, Rusia especialmente, que les apadrinan y serían los llamados a recibirles. Si no se tiene esto en cuenta, las negociaciones se extenderán más de lo que un pueblo hambriento puede soportar.

Todo esto es difícil de digerir, pero cualquier otra visión del problema sería una costosa operación de auto-engaño.

Tags
Mostrar más

Rafael Poleo

Director -Editor del diario El Nuevo País. Fundador de la Revista Zeta. Presidente del Grupo Editorial Poleo. Periodista. Analista político.

Artículos relacionados

Close
Close