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JURATE ROSALES: La comida congelada al estilo noruego

La comida congelada al estilo noruego

JURATE ROSALES

El diario de Jurate – Por JURATE ROSALES

La aceleración del deterioro en la vida diaria ha sido tan veloz en estos últimos días, que se hace cada vez más difícil para los que están fuera comprender qué sienten y viven los que se quedaron… o que todavía pensaban quedarse. Señal del cambio ocurrido en apenas unas semanas es que por primera vez escucho a personas que jamás habían aceptado la idea del “irse de Venezuela”, hablar de que deberán abandonar su patria  aunque fuese a pie.

El deterioro aumenta a pasos agigantados, llevado por dos circunstancias que eran previsibles: la creciente ausencia de gasolina en todo el país salvo Caracas, lo cual inmoviliza todo movimiento de gente y mercancía incluyendo producción y suministro de alimentos, y el aumento de los cortes de electricidad, nuevamente en todo el país, salvo Caracas.

Esta diferencia, entre el mantener a toda costa Caracas, mientras el resto del territorio se paraliza, parece ser un último recurso del gobierno de Nicolás Maduro. Caracas sola reanudó sus actividades, pero en el resto del país no hay transporte, ni clases para los niños, ni tampoco alimentos. Esta enorme diferencia indica que existe una política definida, que conscientemente sacrifica la provincia y  cuida a Caracas. De allí a concluir que lo que más teme el oficialismo es una rebelión masiva en la mayor aglomeración de la populación, que en este caso es la de la capital.

Nuevamente, me asombra la rapidez de los cambios. Hace un año, el mayor problema de los venezolanos era conseguir comida y se vivía en inmensas colas a las puertas de los supermercados. Fue cuando proliferaron para los que tienen familia en el exterior, los envíos de paquetes con los víveres de primera necesidad. Con la dolarización del comercio -sobre todo en la capital- hace seis meses la escasez de alimentos fue desapareciendo y la sustituyó la necesidad de pagar la comida con dólares. Las ayudas dejaron de ser en envío de  paquetes, sino en remesas de dólares. Nuevamente, los beneficiados fueron los que tienen familia en el exterior. En ese breve período el problema cambió de aspecto: la población se dividió entre quienes tienen dólares y quienes pasan cada vez más hambre. De manera que hubo un momento cuando ya no importaban los precios en bolívares porque el comercio, hasta el informal  en la calle, se había dolarizado.

Sin embargo, las circunstancias cambian a gran velocidad. Las diferencias que eran entre quienes tenían dólares y quienes padecían de una entrada en bolívares que los condenaba al hambre, pasan actualmente a otra etapa. Ahora, la división se ha modificado y es entre la economía de la capital y las de las provincias; pero tampoco será por mucho tiempo,  puesto que ya no se define por la presencia o ausencia de dólares, sino por la de los transportes de la mercancía que es cuando por falta de gasolina, hasta Caracas y sus intercambios en dólares empiezan a padecer igual que la población del interior del país. Salvo un milagro de reaparición de la gasolina y corriente eléctrica, lo que ya empieza a golpear es una parálisis general, de la que todavía se salva la capital, pero no veo cómo los caraqueños podrán evitarla de ahora en adelante.

Es difícil para los que ya están afuera, captar la velocidad de los cambios que en el aspecto de las condiciones de vida ocurren en Venezuela. El mensaje para el exterior es que creíamos que nada puede estar peor, pero ahora la vida diaria ha empeorado hasta llegar a niveles que nunca nadie podía imaginar.

Es obvio que en estas circunstancias el oficialismo intente ganar tiempo y lanzar cohetes de presuntas soluciones para evitar un estallido que amenaza barrerlo del todo. Su  más reciente esfuerzo ha sido asirse del salvavidas noruego. Lamento desilusionar a los creyentes en ese milagro.

En un video que circula, el secretario de la Organización de los Estados Americanos, Luis Almagro, lo dice claramente: “Es un concepto equivocado: esto no es un conflicto, para poder mediarlo. Esto es una dictadura”. Hablando de la oferta de mediación de Noruega, considera que no se sale de una dictadura mediando, y mucho menos reconociendo a Nicolás Maduro que es ilegítimo. Efectivamente, una vez más, el castro-chavismo-madurismo intenta ganar tiempo o por lo menos aceptará quizás salir de Maduro para no perder todo lo demás.

Me pregunto si el armamento de las huestes organizadas por la mujer que Ibsen Martínez llamó acertadamente “La dama del pran”, refiriéndose a la ministra de prisiones Iris Varela, es tan temible que todos tengan que buscarle finjas. Porque sólo así logro encontrar explicación a la eternización de un problema que 40 gobiernos reconocen como existente y… más nada. Lo que se percibe entonces es un mundo mocho.

Hablemos entonces de Noruega, que se asomó sin que nadie – salvo aparentemente Maduro o los cubanos– la hayan invitado. Como los noruegos eran los iniciadores de la paz entre el presidente colombiano Juan Manuel Santos y las FARC, volviendo a regalar por esa hazaña un premio Nobel de esos que Noruega acostumbra otorgar cada vez que se asoma un chance de lucirlo, apareció pues otra tentación más de otro posible galardón noruego. Tanto más en cuanto que el año pasado la corrupción develada es ese otorgamiento del Nobel, le quitó parte de su brillo y para los del premio, ésta sería una buena oportunidad para pulirlo.

El único problema, a mi entender insalvable, es que ni un noruego es capaz de entender la realidad del problema criollo, ni un venezolano jamás entenderá que le ofrezcan soluciones a medias. De tal manera que no veo entendimiento posible empezando por un hecho obvio: la manera de explotar el petróleo, que Noruega lo transformó en una reserva de capital puesto en un banco de nunca acabar y Venezuela (teniéndolo en la mayor cantidad del mundo), no encuentra ahora cómo llenar el tanque de un carro. Es obvio que por más que se lo expliquen, un noruego no puede entender qué pasó con el petróleo venezolano; pero el venezolano sabe muy bien cómo Chávez despidió un tercio del muy competente personal de PDVSA y llenó la empresa con tres veces más personal cuya principal competencia era abultar en la calle una manifestación pro gobierno. Lo digo para que se entienda, que son dos mundos, con circunstancias que impiden la comprensión por parte y parte.

Venezuela carga ahora un error gravísimo que cometió la primera vez que votó por Chávez. Esto no se remedia con las curitas que pega Noruega, cada vez que hay un conflicto con el fin de finiquitar luego su inútil gesta con un Premio Nobel.

Explíquele a un noruego cómo se hace para nutrirse de un vertedero de basura, y le preguntará si es comida congelada. Así que allí se lo dejo.

Después de la digresión para explicar que los venezolanos no son noruegos por muchas, muchísimas razones, vuelvo a la realidad presente de Venezuela. Veo una situación que ha llegado a un extremo de crisis total y absoluta, que disgrega las familias, destruyó cualquier posibilidad de trabajo en el renglón que sea -transporte,  agricultura, ganadería, salud, comercio, educación, economía … lo que sea, porque todo ha sido paralizado. La destrucción del país, de todas sus actividades y de las familias está llegando al nivel de tabula rasa. Así que cualquier divagación que siga alargando la situación de una destrucción colectiva –toma ahora visos del genocidio de una nación. Esta situación no es ni para remedios, ni para paños calientes, mucho menos para compresas frías noruegas.

Reitero. Tal como veo las cosas en este momento, no hay tiempo ni para tanteos, ni mucho menos para iniciativas nuevas. Son demasiadas las víctimas mortales –sobre todo los más débiles que son los niños y ancianos-, demasiada la ausencia de orden y seguridad, demasiada el hambre y la total –repito TOTAL– ausencia de actividad de cualquier tipo, fuese económica, social, educacional o simplemente la del núcleo familiar.

No suelo ser alarmista, pero esta vez creo que es hora de alertar: el país se nos está muriendo y la situación es de urgencia.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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