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RAFAEL POLEO: De Noruega a Noriega

De Noruega a Noriega

Por RAFAEL POLEO   

El adelanto de unas elecciones presidenciales que se presentan inevitables, porque las exige y terminará imponiéndolas la comunidad  internacional de cuyo respaldo dependemos, ha potenciado el daño que nos causan los compatriotas afectados por esa endemia que a cualquier ciudadano normal le hace mirar como barato el precio que la patria tenga pagar para que ellos conquisten Miraflores. A estos enfermos del ego les parece legítimo cualquier pretexto utilizable para debilitar a quien en el momento sea favorecido por la voluble opinión pública. Así es como a Guaidó, en cuyo hombro derecho se posa, por ahora, la paloma paráclita, le critican lo que hace porque lo hace, como si no lo hiciera le criticarían por no hacerlo.

Guaidó hace lo único que él puede hacer y sin duda haría la Sra. Machado si ahora mismo despertara el entusiasmo que una vez despertó, como luego lo despertarían -y ya no lo despiertan- Capriles y Ramos Allup. “Así son las cosas”, como decía Oscar Yanes, “La multitud es hembra”, como dijo Musolinni, y “La donna e mobile”, como dijo Verdi sin que nadie le acusara de machista, por lo mismo de que “así son las cosas”.

Y, ¿qué es eso “único” que Guaidó puede hacer después de haber hecho todo lo factible? Pues confiar nuestro destino a la comunidad internacional, sociedad de brujas que de que vuelan vuelan y, más por interés económico que por espíritu democrático (“Ya ni en la paz de los sepulcros creo”, dijo Espronceda), ha resuelto montar en Venezuela un régimen como el de Chile pero con petróleo, etcétera. Se cumple la genial parábola galleguiana, con los míster Dánger y los míster Danger, acentuando aquí o allá según hablemos de América o Europa, disputándose la flor de Marisela. Disputa que también enlentece el proceso y fue, por cierto, la causa el fracaso el 2002… Pero esas son aguas profundas.

Noruega, nación que a sus virtudes suma las ajenas, en este caso la inteligente neutralidad de Suiza, resultó útil a los poderes -Estados Unidos, Europa, Rusia y China- que se disputan la flor de Marisela.  Allá fueron a hablar con los mandaderos de Putin, los enviados de Guaidó. Los que aceptaron hacer el largo viaje al frío, pues no muchos estuvieron dispuestos a colgarse el estigma de negociadores. Situación paradójica, puesto que en esta hora de negociar el de negociador debería ser preciado título. Pero, ampliando el aforismo yanero –de Yanes, no del Llano: “Así son las cosas cuando las pasiones ponen bruta a la gente”.

Y, ¿por qué hay que negociar? Porque para actuar como se debe, el Presidente de los Estados Unidos tiene que llenarse de razones que satisfagan a la opinión pública estadounidense, y además Guaidó no tiene tripas para echar a la calle una multitud para que la masacren esos sociópatas que nos gobiernan. Tripas que tampoco tiene la Sra. Machado, de mención obligada porque es quien año tras año despotrica contra las soluciones pacíficas sin que por ello se atreva a encabezar la rebelión que pide. ¡Imagínense un alzamiento nacional con la honorable dama en uniforme de tarea, jean y camisa blanca, escoltada por Salas Rohmer, que abandonó el campo de Carabobo; Petit da Costa, Sosa Azpúrua, García Banchs y Smith, que nunca olieron pólvora; Arria, que tiene que hablar amuñuñao para que no se le vayan las costuras! En fin, ese deplorable coro-corino que teniendo buena voz manda a cantar a otros.

El párrafo anterior deben anotármelo como un elogio a la Sra. Machado, de quien ahí digo que dice disparates pero no los comete. Si la paloma (paráclita) se le hubiera parado (en el hombro), haría lo que Guaidó, pues posibilidad no existe otra. A Noruega hubo que ir, porque lo exigieron los únicos “amigos” que tenemos, quienes deben agotar el repertorio de persuasiones contenido en el manual diplomático. Si después de todo el poder real en Venezuela, sostenido por Rusia y ejercido por los generales, sigue haciéndose el cómico, Trump podrá pasar de Noruega a Noriega. Total, apenas son una vocal y dos palabras.  Dos palabras en inglés, por supuesto: ¡Go ahead!

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Rafael Poleo

Director -Editor del diario El Nuevo País. Fundador de la Revista Zeta. Presidente del Grupo Editorial Poleo. Periodista. Analista político.

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