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JAIME GRANDA: Un patriarcado político

Un patriarcado político

 ***El patriarca es necesario, pero no puede ser omnipotente y eterno, como el jefe del Poder Ejecutivo en Venezuela.

Agenda Abierta – JAIME GRANDA

Muchos buscan una explicación creíble sobre el desacertado comportamiento de los venezolanos ante la destrucción del país desde la instalación de la Revolución Bolivariana en Venezuela.

Se observa que la mayoría de los habitantes de este país que vivía de la riqueza petrolera, olvidó el significado de democracia, una forma de gobierno del Estado  donde el poder es ejercido por el pueblo, mediante mecanismos legítimos de participación en la toma de decisiones políticas.

Aunque el poder de la Iglesia Católica en el Estado venezolano es menor que en el Estado colombiano, tiene igual peso entre la población y de ahí surge una mezcla de principios religiosos con el ejercicio de la política.

En la mayoría, según expresaron el  psicoanalista Sigmund Freud, el historiador rumano Mircea Eliade y otros, está la necesidad infantil de creer que hay alguien que va a defendernos ante cualquier conflicto y subyace el ansia de felicidad, basado en el instinto de conservación, innato de cada individuo, porque eso está en las raíces más profundas de la religión, cualquiera que sea.

Eso hace que las multitudes busquen  en política un patriarca, equivalente al Papa de la Iglesia Católica.

El término patriarca procede del griego y está conformado por “patria”, que se traduce como “familia o descendencia”, y “archo” que es un sinónimo de “mandar”.

Hay quienes rechazan la figura del patriarca, pero el patriarca es necesario. Para decirlo con palabras sencillas y muy venezolanas, es imprescindible  que alguien ponga orden en la “pea”.

Los problemas aparecen cuando no hay normas que impidan que el encargado de poner orden se aproveche de los distraídos “borrachos” para apoderarse de todo y disponer de las contribuciones populares para su beneficio personal.

Lo que realmente hay que rechazar por pernicioso es que el patriarca no tenga límites en su poder y su permanencia en el mando.

Es preocupante que en Venezuela, los aspirantes a esa posición se muestran atraídos y no denuncien que no podemos seguir escogiendo patriarcas dotados por la Constitución Nacional de poderes exagerados y con posibilidad de reelección indefinida.

En 1870 el Concilio Vaticano I precisó los alcances del dogma de la infalibilidad papal, los límites de lo que sigue siendo un mito mal interpretado para las mayorías.

Ese Concilio, similar a un Parlamento, advirtió que el Papa no es infalible cuando habla de ciencia, política, economía, deportes o cualquier otro tema ajeno a su misión de preservar y transmitir la doctrina de fe, tal como nos llegó desde los apóstoles y mantenerla libre de error.

En la Venezuela actual no basta con cambiar a los integrantes del Poder Electoral, hay que revisar muchos errores que han permitido la destrucción de todas las instituciones públicas. Hay que establecer sanciones bien fuertes para los patriarcas corruptos y violadores de los derechos humanos.

Un patriarca no debe ser omnipotente y eterno, como el jefe del Poder Ejecutivo en Venezuela. El pueblo debe aprender que no se debe improvisar con un Presidente o un Papa. Por ello es imprescindible que cada aspirante haya ocupado cargos que prueben su integridad. No podemos seguir creyendo que nuestros presidentes son escogidos por el Espíritu Santo y son infalibles. Lo razonable es que tenga trayectoria y hechos que garanticen que siempre actúa apegado al principio y la intención de servir para el bien común de todos.

@jajogra

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