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ALFREDO MICHELENA: Peligro en el continente, el Foro contraataca

    Peligro en el continente, el Foro contraataca

 Se están visualizando cambios en el continente y en el mundo que no favorecen el cambio en Venezuela. Esto, unido a la acción coordinada del Foro de São Pablo, la falta de contundencia de la mayoría de nuestros aliados, el impacto negativo de la estampida migratoria y la resiliencia  del régimen  pueden terminar creando en una política de apaciguamiento y la región acostumbrarse a vivir con otra Cuba en el continente.

 

         

Bitácora Internacional – Por ALFREDO MICHELENA

Luego de la resaca de la “marea rosada” que llenó de gobiernos populistas-izquierdistas, la América Latina comienza ver el peligro de una recuperación de estas nefastas administraciones y detrás de todo esto el Foro de São Pablo. Esta regresión sería comprobadamente negativa para la región y sus habitantes, pero también para la lucha por la democracia en Venezuela.

 

          El ciclo político

Desde la llegada de Chávez al poder hasta la de Correa en Ecuador se extiende la “marea rosada en Suramérica. Mientras que en Centroamérica se concreta con Ortega en Nicaragua y el alineamiento de otros gobiernos en Guatemala, Honduras y El Salvador. Luego ella empieza a ceder con la derrota de Cristina Kirchner y el triunfo de Macri, la salida del binomio Lula-Rousseff de Planalto y de la política electoral brasilera y finalmente con el triunfo de Lenin Moreno en Ecuador. Pero este ciclo político que parecía enterrar una época ahora parece reiniciarse.

Estos cambios, unidos con el cambio de administración en EE.UU., de Obama a Trump, transformaron el panorama internacional de la lucha por la democracia en Venezuela. Entonces se formó una coalición que se concretó en el Grupo de Lima y se expresó en la profundización de sanciones por parte de EE.UU. y el comienzo de ellas por parte de Canadá y la Unión Europea, para dar el paso final de desconocer el actual régimen de Maduro, por parte de casi 60 países. Claro que en esto fue determinante que hayamos conquistado la Asamblea Nacional, expresión formal de que en Venezuela la mayoría quería y quiere la vuelta a la democracia y a un modelo de libre mercado.

 

Al acecho

Si bien los que trajeron esta desgracia a Venezuela parecían estar de salida,  ahora  comienzan a mostrar preocupantes signos de recuperación, tanto que en algunos países claves pudieran volver al poder.  En cada caso hay explicaciones diferentes, pero en general  los países en cuestión no han levantado cabeza al nivel de las expectativas de sus ciudadanos y ahora están bajo cuestionamiento.

Se ha acelerado la antipolítica en la región y en esto la corrupción de la clase política en mucho ha contribuido. Baste ver los recientes procesos electorales en Centroamérica: el triunfo de Nayib Bukele  en El Salvador y la contienda electoral en Guatemala, que llevó a casi 20 candidatos a competir en las elecciones del domingo pasado.  En el sur del continente no se descarta que Mauricio Macri pueda perder las elecciones frente a un candidato que lleva como vicepresidente a Cristina Kirchner. Y aunque en Brasil no habrá elecciones prontamente el hecho que Lula da Silva pueda ser exculpado y salir libre, por asuntos de procedimiento en su juicio, va a crear problemas a un Bolsonaro que todavía no ha podido remontar la tendencia negativa de la economía que dejó su predecesor. Si Lula sale, ahora con el ropaje víctima de una conspiración y la bien ganada popularidad que ya tenía, tendrá un boleto de retorno casi seguro para las próximas elecciones.  A esto hay que agregar el triunfo de López Obrador en México y el muy seguro -aunque inconstitucional- triunfo de Evo Morales en Bolivia. Así como que en Colombia, Gustavo Petro tiene mejor imagen que el presidente Iván Duque.

 

          El Foro de São Pablo

A diferencia de los demócratas en el continente, los populistas-izquierdistas –que ahora se autodenominan “progresistas- si están organizados en el Foro de São Pablo. Allí confluyen todos los partidos y ONG  de izquierda de la región desde grupos guerrilleros y de exguerrilleros hasta algunos socialdemócratas, como el Frente Amplio de Uruguay.

Su próxima reunión se hará en Caracas (25-28 de julio)  con el fin de asegurarse la lealtad y apoyo de todos estos grupos a la “revolución venezolana”. Sus objetivos, según fuentes citadas por el diario “Las Américas”, serían “aprovechar las incoherencias de la oposición para mantener a Nicolás Maduro en el poder; respaldar al gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua; avalar la candidatura ilegal de Evo Morales en Bolivia; garantizar el éxito de la agenda del presidente López Obrador en México; respaldar política y financieramente las candidaturas de Cristina Kirchner en Argentina y de Gustavo Petro en Colombia; luchar conjuntamente por la liberación de Lula da Silva en Brasil; y fortalecer las relaciones con el fundamentalismo islámico, entre otros proyectos”.

Son los miembros de este grupo, orientados por Cuba y financiados –a hora cada vez menos- por Venezuela, los que están al acecho para retomar el poder y donde lo tengan no soltarlo.

 

          Estrategia geopolítica

Ahora se va en busca de unas negociaciones en Oslo y en especial en Suecia, que reposicionan el problema Venezuela como un asunto de carácter geopolítico global, al incluir a Cuba, Rusia, China, China e incluso al Vaticano en este proceso. Fue EE.UU. el que primero comprendió e hizo explícito que el problema de Venezuela solo podría ser enfrentado bajo una aproximación geoestratégica. Una que incluyera también a Nicaragua y la fuente regional del problema: Cuba; pero también a las potencias extracontinentales con intereses en Venezuela: Rusia y China – que quieren “poner una pica en Flandes”, es decir en el área de influencia de los norteamericanos.

Estas negociaciones hay que entenderlas como una jugada promovida por el Foro de São Pablo. La de Oslo a través de Uruguay y México con la creación del Grupo de Contacto;   la de Suecia impulsada por Cuba con la participación de las potencias extracontinentales.   La primera a debilitar la posición del Grupo de Lima y la segunda el papel de EE.UU. en las negociaciones globales con las otras potencias.

Lo que quizás EE.UU., y por supuesto el Grupo de Lima, no han comprendido, y si lo han hecho no han actuado en consecuencia, es que por debajo de todo esto está la zapa del Foro de São Pablo, movilizando recursos no solo de gobiernos sino de partidos y ONG favorables al “progresismo”.

 

          Pérdida de apoyo en la región

La estampida migratoria que va por más de 3 millones de almas, y se estima sobrepase los 4.5 millones este año, había sido inicialmente recibida solidariamente por los vecinos. Pero en la medida en que aumenta va creando problemas que son cada vez más difíciles de controlar y resolver. Ya se ha comenzado a sentir el peso de nuestros compatriotas migrantes y se han comenzado a endurecer las políticas de inmigración. Y en las sociedades receptoras la sonrisa solidaria se está convirtiendo en una mueca xenofóbica.

Pero lo que no se entiende o no se quiere o se puede  entender es que, cerrar las fronteras no les resuelve el problema, a menos que hagan una muralla como la que pretende hacer Trump con México. El asunto es solventar la causa: la permanencia en el poder de Maduro y su combo. Lamentablemente, la mayoría de los miembros del Grupo de Lima, no han implementado sanciones individuales y ninguno sanciones financieras o de otro tipo dirigidas al régimen. Y por supuesto se oponen al uso de la fuerza. Pero tampoco logran entender  que uno de los mecanismos de sustentación del régimen es el Foro de São Pablo y que los demócratas debemos unirnos para enfrentar este flagelo en las Américas.

Lo lamentable de esta falta acciones y resultados contundentes  es que quizás ante la imposibilidad de eliminar el problema se opte por el apaciguamiento del régimen y la región de acostumbre a vivir con otra Cuba en el continente, mientras controle sus daños –por lo cual cobrará. Como dice el dicho,  que “Dios nos agarre confesados”.

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