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JURATE ROSALES: Las graves consecuencias de la deserción escolar

Las graves consecuencias de la deserción escolar

 ***De todos los saltos atrás, el de mayores consecuencias a largo plazo es el de las escuelas primarias.

 

Jurate Rosales

El diario de Jurate – Por JURATE ROSALES

No es que en materia de educación primaria Venezuela haya dado un salto atrás de 20 años como lo hizo en casi todos los aspectos de la vida del país. No, esta vez el salto atrás es de más de un siglo.

Lo deduzco al buscar documentos del Ministerio de Educación venezolanos, en los cuales aparece en 1917, por ejemplo, la siguiente nota, referente a la preparación de maestros de escuela: “Concursos para la provisión de becas (concursos, exámenes y aceptaciones, requisitos). Modo especial de verificar el último concurso (candidatos del interior de la República, disposiciones del Decreto Reglamentario, Calificación de las pruebas, resultado final del concurso), Nuevo Concurso (provisión de veinte becas), Exámenes de Prueba, Títulos de Maestros (títulos otorgados)”.

Recalco: se trata del año 1917. Los documentos del Ministerio repiten los instructivos y exámenes cada año: 1918, 1919, etc. etc. (recopilado de Historia de la Formación Docente, Escuelas Normales en Venezuela años 1917-1931). Saco la conclusión de que la profesión de “Maestro de Escuela” era importante y así la consideraba el ministerio de Educación.

Sin embargo, si bien se le daba su importancia desde el inicio del siglo XX, es a partir de la era democrática que veo la explosión de la escuela obligatoria para todos los niños. Cuando me enfrasco en el inicio de la era democrática, es donde encuentro que durante el primer gobierno democrático, el de Rómulo Betancourt, fueron construidos 3.000 escuelas y 200 liceos.  El número de escolares, que en 1958 ya había sido de 800.000, subió en esos primeros 4 años de democracia a 1.600.000 en 1962. Era el 90 % de la población en edad escolar y muy pronto la cifra llegó y se mantuvo hasta hace poco en el 100 %.

Durante todo el período democrático (1958-1999) la profesión de maestro era una de las mejor tratadas desde el punto de vista salarial y sobre todo el de prevención social. El IPASME (Instituto de Previsión Social del Ministerio de Educación), cuyo edificio se encuentra, por cierto, a 30 metros de la redacción de “Zeta” que nos permitía observar la continua efervescencia de un conglomerado muy activo, procuraba otorgar préstamos para vivienda y cuidar de la salud de sus asegurados. Era la época cuando los maestros gozaban de un sistema de previsión social privilegiado y permanente. (Por cierto, uno de los beneficiarios del sistema era la familia de los Chávez, en Barinas: el padre de Hugo Chávez no sólo era maestro sino director de la escuela local y se benefició de lo que a los maestros brindaba la democracia. Ésta le permitió vivir con cierta holgura, dar educación superior y ubicar en puestos de trabajo a todos sus hijos).

La definición de cuánto debe ganar un maestro, mensualmente elaborada por el IPASME, es la que hasta la fecha define para todo el país la “cesta básica”, el monto mensual en bolívares que necesita una familia de 5 personas para alimentarse y suplir sus requerimientos básicos, lo cual a su vez servía como medidor de la capacidad de compra de un salario promedio… hasta que el chavismo dejó de tomar ese monto como indicador de cuánto debe ser un salario mensual. Por lo cual ahora aparece que, según la siempre muy seria y fiel cuenta del IPASME, a través de Cendas-FVM, el costo de la cesta básica familiar para marzo 2019 ha sido Bs. 2.492.159,29.  Comparativamente eran 138,4 salarios mínimos mensuales, lo que obviamente ningún maestro podría ni soñar en percibir.

Es que incluso con todos los malabarismos de un gobierno que  inventó el bolívar Fuerte, y luego el Bs. Soberano para disfrazar las milenarias devaluaciones, lo que gana ahora un maestro equivale aproximadamente a 6 dólares mensuales. Por supuesto, ningún maestro puede trabajar por un sueldo mensual de ese tenor, y más en una economía que se ha dolarizado a velocidad relámpago.

Si ahora se van los maestros de las escuelas, igual ocurre con los alumnos. En un país donde todos los servicios, incluido el transporte al colegio, dejaron de funcionar, se pierde un siglo de esfuerzos exitosos en materia de educación.

En las escuelas públicas, el Coordinador General de EXCUBITUS (Derechos Humanos en Educación), Alexis Ramírez, referido por la periodista Anaisa Rodríguez el 22 de abril de 2019, declaró que en Venezuela la deserción escolar ya va por el 60 % y entre los que todavía están inscritos hay el 70 % de ausentismo.

En cuanto a la siempre presente educación católica, para el año escolar 2018-2019, Susana  Raffalli, asesora de Caritas, informaba que 4.444 alumnos (Fe y Alegría) han visto partir a sus padres, 3.500 maestros han renunciado (AVEC), 400 escuelas privadas cerrarán sus puertas (ANDIEP); y en las escuelas de Fe y Alegría se habían inscrito  menos del 50 % de la matrícula escolar del año anterior.

De los colegios privados que quedan funcionando, donde antes había tres salones paralelos del mismo año, no queda sino uno, con el agravante de que no se respeta más  el  número de 20 alumnos en un salón. Lo que ha quedado de asistencia reúne a 30 o más alumnos en un aula, con el consiguiente desmejoramiento de la calidad de la enseñanza. Sin embargo, pese a los cortes de luz, dificultad de transporte dada la ausencia de gasolina y el problema de los baños cuando no hay agua –la enseñanza privada en Caracas lucha para no perecer. No así en el interior donde la educación privada está sometida a presiones y ausencia de alumnos, tan graves que muchas escuelas  proyectan cerrar.

La ausencia de maestros, además de la deserción escolar, transforma la poca educación primaria que queda funcionando en un  campo de improvisación y se ha visto que los padres, para evitar que sus hijos pierdan el año escolar, tratan de servir de maestros improvisados para tal o cual materia. ¿Dónde fueron a parar los años de preparación que ahora es universitaria  de un maestro de escuela?  Respuesta: en la diáspora o en la miseria.

De todos los males que destruyen ese hermoso país, este podría ser el más duradero en cuanto a sus consecuencias humanas a largo plazo, cuando se reencontrarán los que pasaron por escuelas en el exterior, con los que padecieron de la destrucción de la enseñanza en Venezuela. Temo que lo que se está forjando es una situación de imperdonables injusticias y su secuela de rencores.

Según las estadísticas, el número de niños venezolanos que no pueden asistir a la escuela se ha acrecentado, porque cuando no faltó la luz, es que no había agua, estaba la lucha contra el hambre, ni hablar de uniformes o de útiles y finalmente, tampoco hay transporte -eso para nombrar nada más lo casi diario. Resultado: el niño no tiene escuela y el daño que se le hace lo mantendrá en una situación de minusvalía durante toda la vida. Por eso creo que de todos los males el de las escuelas es el más grave.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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