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ALFREDO MICHELENA: Alternativas ante llegada de venezolanos

Alternativas ante llegada de venezolanos

***Los venezolanos deben saber exactamente cuáles son las diferencias de status entre “refugiado”, “asilado” o “migrante”. 

Bitácora Internacional – ALFREDO MICHELENA

La reciente Asamblea general de la OEA tuvo como punto central un informe sobre la migración de los venezolanos. La situación es grave y más se pondrá si Maduro sigue en el poder, lo cual coloca a los países vecinos en el disparadero de aceptar la situación tratando de contenerla, o hacer un esfuerzo para cambiarla.

La pasada reunión de la OEA se centró, como era de esperarse, en el tema de la crisis venezolana, en especial ante  una de sus consecuencias: la estampida migratoria que ha llevado a más de cuatro millones de venezolanos fuera de su país. Cómo enfrentar esa avalancha de seres humanos ávidos de mínimas condiciones de vida, se ha convertido en el acertijo por resolver.

La OEA

Ya que el organismo continental se ha empeñado en soslayar el tema, el Grupo de Lima lo ha tenido que arrastrar a fin de encarar  la crisis venezolana. No nos referimos al valiente Secretario General de la OEA, Luis Almagro,  que se ha tomado el tema a pecho y lo ha convertido en una cruzada por la democracia, como debe ser. Nos referimos a una parte no despreciable de los gobiernos que conforman la centenaria organización. Lamentablemente siguen siendo las pequeñas naciones, las que se niegan a tomar una posición corajuda frente a la desgracia que sufre el pueblo venezolano.  Incluso Uruguay, país que otrora fue calificado como la Suiza de Suramérica, se retiró de la reciente reunión de la OEA que trataba el asunto, mostrando su apoyo al dictador.

El tema es que si bien la OEA como organización ya votó una resolución por medio de la cual no reconoce la legitimidad de Maduro a partir del 10 de enero de 2019, existen varios países que consideran a Guaido presidente y hay otros que si bien aceptándolo, no lo reconocen  como presidente de Venezuela.

De los 33 gobiernos que están representados en la OEA, 17 reconocen a Guaidó y 16 no. Sin embargo 20 reconocieron a sus delegados para esta  Cuadragésima Novena  Asamblea General  que comenzó el 27 de junio en Medellín, Colombia. Pero hay que estar claros : no es que los reconozcan como representantes del gobierno interino de Guaidó, sino que, como establecieron al permitir la incorporación de  Gustavo Tarre  en el Consejo Permanente por una enmienda de Jamaica-, solo los reconocen como representantes de la Asamblea Nacional, mientras se den nuevas elecciones.

 Nicaragua

Una vez superado el escollo de aceptar la representación de Venezuela, dos crisis tomaron relevancia en el coso continental: la de Venezuela y la de Nicaragua.

Canadá estuvo al frente del Grupo de Trabajo para Nicaragua creado en agosto pasado. La creación del  grupo no fue recibida con beneplácito por el gobierno de Daniel Ortega que desde un principio se resistió a una visita de la misma. El Grupo presentó una resolución que finalmente se aprobó. La resolución sobre “La Situación en Nicaragua”  fue aprobada por 20 votos, cinco países se opusieron (Bolivia, Nicaragua, Surinam, San Vicente y las Granadinas, y San Cristóbal y Nieves ) y hubo ocho abstenciones- alineación semejante a las que se dan en el caso de Venezuela.

En el resolutivo 5 se establece, con base al artículo 20  de la Carta Democrática Interamericana (CDI),  el inicio  de “… gestiones diplomáticas al más alto nivel para procurar una solución pacífica y efectiva a la crisis política y social en Nicaragua y que rinda un informe en un plazo máximo de 75 días”.  O sea que a mediados de septiembre de este año se tendrá un informe para evaluar si se debe o no aplicar el artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana, lo que permitiría la suspensión del gobierno de la OEA. Asunto difícil dado que se necesitan dos tercios de los votos, es decir 22 votos.

Los migrantes venezolanos

El informe sobre la migración de venezolanos que fue responsabilidad del venezolano David Smolansky,  fue dramático. En su presentación, el Secretario General de la OEA,  Luis Almagro, señaló que “Actualmente hay 4 millones de migrantes y refugiados venezolanos, siendo el segundo el país en el mundo con este problema. Pero estimamos que en un año habría 7 millones de refugiados forzosos, convirtiéndose en la crisis humanitaria más grande del mundo”. Un flujo, que además se ha concentrado en los últimos años y que se ha dado como una estampida solo superada por la de Siria, un país que ha estado en guerra por casi una década.

La migración se ha centrado en Suramérica ya que más de tres cuartos de ella se ubica entre Colombia (40%), Perú (24%), Chile (9%) y Ecuador  (8%). Hacia Centro y Norteamérica esta migración, que viaja por tierra, encuentra el inconveniente del Paso de Darién, si no también se dirigiría  hacia el norte.

En 2018 nuestros compatriotas superaron a todas las otras nacionalidades en solicitantes de asilo con 341.800 peticiones, superando a los afganos y a los sirios, países en guerra.  Sin embargo, William Spindler, portavoz de ACNUR para América Latina, informaba que  “Solo 21.000 venezolanos han sido reconocidos como refugiados en la región hasta la fecha, y de esos tres millones que había en el exterior en 2018, solo habían pedido asilo 460.000 (y 341.800 solo el año pasado)”.

¿Asilo o refugio?

Hay que distinguir lo que es asilo de lo que es refugio. Y para complicar un poco más, lo que es asilo político.

Comencemos por el final. El asilo político es una institución muy latinoamericana e incluso muy iberoamericana, por ejemplo fue en Caracas, 1954, cuando se firmó la Convención sobre Asilo en la X Conferencia Interamericana (OEA).  Se trata en corto de una protección que se da cuando una persona está en un territorio que, por convenciones diplomáticas, se considera una extensión del territorio nacional, por ejemplo una embajada.

Ahora, un “solicitante de asilo” es una persona que ha solicitado ser considerada como refugiado por un país y que está a la espera de su calificación por parte del país al cual ha solicitado el estatus. En corto es el país receptor el que califica si una persona es o no refugiada.

Las causas del refugio son, en el caso de la convención (1951) y su protocolo (1967), el miedo a  ser perseguido por “razones de raza, religión, nacionalidad, membresía de un grupo social o de opinión política en particular”, lo que excluye a los migrantes, y en especial a los que migran por razones económicas o violencia interna o violaciones de derechos humanos.

Sin embargo, estos temas están en la Declaración de Cartagena  (1984) que establece que se “considere también como refugiados a las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público”. Que es el caso venezolano. Sin embargo, esta recomendación no se ha convertido en una convención internacional.

¿Migrante o refugiado?

En el informe sobre migración se solicita “definir a los venezolanos que huyen de su país como refugiados”, lo que “les garantizará protección permanente con derecho a la identidad, acceso a servicios como la salud y la educación, así como la oportunidad de insertarse en los mercados laborales”.

Aunque la resolución aprobada menciona el término refugiados, los gobiernos prefirieron seguir asumiendo el asunto como uno de migrantes. En este sentido han desarrollado una serie de políticas para asegurar que los venezolanos tengan un estatus legal en sus países de acogida.  Y la razón es muy sencilla: la condición de refugiado pone la responsabilidad sobre los hombros de los estados receptores mientras que la legalización del estatus la pone sobre el migrante. En palabras gruesas el Estado carga con el refugiado, mientras que el residente legal carga con sí mismo.

Se puede argumentar que hay un aporte de la comunidad internacional para que se asuma esa carga. Pero esto sería un aporte muy alto. Según el mencionado informe mientras un refugiado de Siria habría recibido cerca de US$5000, los venezolanos apenas han recibido cerca de US$100 per cápita. En  otras palabras: se necesitaría 50 veces más en aportes internacionales para lidiar con el problema.

Las alternativas

De no parar el flujo de migrantes los países receptores ajustarán cada vez más las condiciones de recepción como ya han hecho Perú y Chile. Pero de otro lado, si la crisis sigue en Venezuela, la estampida migratoria seguirá agudizándose y no habrá “muro” que la pare ni país que lo “metabolice” sin generar problemas internos.

Así que la salida es: o cambiar al régimen o llegar a acuerdos para estabilizar y contener los efectos en la región. Lo primero supone una acción más contundente de la comunidad internacional. Lo segundo en el fondo significaría aceptar otra Cuba, pero ahora en tierra firme.

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