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ALFREDO MICHELENA: De Dominicana a Oslo y de Oslo a Barbados

De Dominicana a Oslo y de Oslo a Barbados 

 ***Se acabó la guachafita. Cuidado, que la cosa va en serio. 

Bitácora Internacional – ALFREDO MICHELENA

Hemos pasado por varias etapas de negociaciones y si esta última se concreta, pronto tendremos elecciones sancionadas por la comunidad internacional. Como en toda negociación ambas partes deberán ceder y sentirse que salieron lo mejor posible. Pero ceder para algunos es algo inaceptable y argumentan que  pudiera provocar una masiva abstención; lo que a su vez  nos llevaría a ser otra Cuba homologada internacionalmente.

Desde que Maduro fue reconocido como usurpador por más de 50 gobiernos, la comunidad internacional comenzó a actuar más acuciosamente para relanzar una salida negociada a la crisis de Venezuela.  En este momento el futuro de Venezuela se discute en Barbados. Pero ¿cómo llegamos allí?

 

En primer envión

El 6 de diciembre de 2015 se confirmó que el chavismo es una pequeña minoría. No era un asunto de encuestas, con márgenes de error y todo eso. Las elecciones de la Asamblea Nacional  con el arrollador triunfo de la oposición lo dejó muy claro.  Con sus alzas y bajas veníamos creciendo electoralmente como ya se veía en las elecciones de 2010 y las de 2013; y en esto las medidas que implementó la oposición para contrarrestar  las fullerías del CNE-PSUV fueron un aspecto clave.  Frente a la comunidad internacional ya no nos parábamos con encuestas en la mano,  sino con el control de uno de los dos poderes de elección popular.

 

El régimen se descubre

El régimen a la defensiva contra atacaba y comenzó a cometer errores que lo terminaron de hundir con la comunidad internacional democrática occidental. En su empeño por convertirnos en una sociedad comunista “a la cubana”, es decir imponer una dictadura y desmantelar la economía de libre mercado acabó incluso con PDVSA, “la gallina de los huevos de oro. En la OEA el régimen fue declarado como dictadura, y luego perdía su legitimidad de origen al promover unas elecciones condenadas por la comunidad internacional por injustas y no transparentes.

Mientras, la pobreza se disparaba y la gente se hartó, ya no por la falta de libertades sino también por la falta de alimentos y medicinas. La respuesta de Maduro no fue abrir un canal humanitario, sino reprimir. Y esto lo indispuso aún más con la comunidad internacional que comenzó a reclamarle por las violaciones de los derechos humanos y a sentir el impacto de la estampida migratoria.  La guinda que remató esta torta fue la visita y el informe de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos – tan criticada por el público de galería.

 

 

El descalabro de la oposición

En 2017 se intentaron varias vías para salir de Maduro y su régimen, más ideados por desacuerdos, que por estrategia. Pero se volvió a la estrategia electoral, en particular al referéndum revocatorio presidencial, que fue torpedeado por el régimen. Esto, luego de un año de largas luchas callejeras, desmoralizó a la oposición que comenzó a autodestruirse implosionando en muchos grupos en pugna.

Con una oposición debilitada y atomizada el régimen estaba preparado para ir a elecciones. En esas condiciones no fuimos capaces de triunfar en las elecciones regionales de 2017 y los pocos triunfos crearon más divisiones.

Sin embargo había una presión internacional por una salida negociada y una disposición a ir a votar si se daban condiciones mínimas. Por esto fue que las negociaciones  de República Dominicana concluyeran sin éxito. Entonces la palabra negociación, que ya venía cargada negativamente desde que se comenzaron a dar diálogos  en 2014 en el marco de Unasur, se convirtió en anatema.  Cualquiera que hable de negociación se le catalogaba de vendido y traidor.  Incluso se logró que el Grupo de Lima hablara del sinsentido de las negociaciones.

Por las buenas o por la malas

Ahora se replantean las negociaciones en una mesa en la cual hay otra propuesta: la salida militar, sea interna o externa (intervención). La opción violenta siempre ha tenido sus entusiastas; “esto no sale sino es con sangre” o “si no quieren entregar, hay que arrebatárselo”.

Aquí el tema no es de lógica sino de política; en otras palabras ¿qué es realmente posible y qué no?  Salir de toda esta pesadilla de un solo golpe sería lo ideal, pero las probabilidades de que esto ocurra son muy flacas por no decir imposibles.  No es que no existan militares activos dispuestos a cambiar el régimen, los hay; el vil asesinato del capitán Acosta Arévalo lo comprueba. Es que dar un golpe de estado no es tarea fácil; el finado Chávez tardó años preparándolo y fracasó.  Además un golpe de militar es como un juego de dados, una vez que ruedan uno no sabe que números caerán.  Y en muchos  casos terminan en esquemas mucho más autoritarios que antes.

Queda la intervención militar extranjera, que hay varios tipos, pero los proponentes imaginan  a los marines marchando a Miraflores. Bueno eso solo es posible si Trump lo decide –y no lo digo yo, lo dicen los halcones norteamericanos. Por otro lado, la posibilidad de armar una coalición a estos fines se encuentra con la oposición de  los otros gobiernos occidentales que insisten en una vía pacífica.

Los amantes de esta opción si son coherentes deberían organizar una salida “a la cubana” sea con un Granma o una “bahía de cochinos”, y dejar de llamar al lobo.  Este, no vendrá con el ingreso al TIAR o por invocar el artículo 187-11 de la Constitución, el cual por cierto solo “autoriza” el empleo de misiones militares en Venezuela, es decir no llama a una intervención. Y mi interpretación personal es que eso se refiere a “misiones” en términos diplomáticos y no a invasiones.

 

Negociar es ceder

El rango de lo que es negociaciones también es amplio, pero entre ellas  hay algo común: las partes deben ceder para buscar un mínimo común en que ambas  entiendan que lo que perdieron se justifica por lo que ganaron – o dejaron de perder-, más allá de la paz, y que pueden vivir con esa pérdida.

Una negociación no es una capitulación del chavismo ni su rendición incondicional, no los hemos derrotado militarmente; algo o mucho hay que ceder y lamentablemente hay gente que no puede aceptarlo desde su irredentismo.

Claro que hay una tercera opción: es que la situación se siga deteriorando y que sin salidas aparentes en el mediano plazo la comunidad internacional busque un acomodo como hizo con los Castro. Así tendríamos, un país en ruinas, un régimen opresor y una sociedad sometida “a la cubana”.

 

¿Cambio de juego?

Centrándonos en  estas negociaciones –pues seguramente debe haber más a diferentes niveles-  vale la pena preguntarse  ¿Cuál es la diferencia entre República Dominicana y Oslo, y su secuela de Barbados?

La principal diferencia es que el tema pasó del ámbito regional (OEA, Unasur, Grupo de Lima) a uno mundial, es decir, ahora es un asunto geoestratégico global, en que las grandes potencias están jugando y duro.  Y allí vamos presionados régimen y oposición.  Ya no es solo el problema de la violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales, o solamente el impacto de la migración en la región; ahora toma precedencia la lucha por el control geopolítico del mundo que ejercen  las potencias, lucha recubierta con  la ideología del antiamericanismo adornado con el socialismo marxista (Cuba y el Foro de São Pablo). Es la nueva Guerra Fría que enfrenta a los viejos enemigos y sus nuevos aliados por el control del mundo con  Venezuela en el vórtice del huracán.

 

A qué atenernos

Si sale humo blanco de Oslo-Barbados muy probablemente no tendremos exactamente los tres pasos que queremos   – cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres – ni probablemente en el mismo orden; pero todo hace pensar que  de vendrán elecciones supervisadas por la comunidad internacional y que si nos organizamos y superamos nuestras trabas, las ganamos.

Sobre la mesa están muchos puntos a discutir,  entre otros: cuándo se realizarían las elecciones; si serán solo presidenciales; cómo recompondrían el CNE; qué nivel alcanzaría la supervisión internacional y cuál organismo la haría; se quedará Maduro en el poder mientras tanto; y luego de las elecciones cómo se equilibran los diversos poderes políticos.

 

¿Votar o abstenerse?

La reciente encuesta de Ucab-Delphos da luces sobre el resultado de este posible cotejo y corrobora que nuestra fortaleza es el voto.  En términos de disposición a votar el punto clave es el cambio en el CNE, luego la observación internacional y posteriormente la renuncia de Maduro.

Según los encuestadores, en una elección polarizada la oposición sacaría dos tercios de los votos.  Pero para esto es necesario ir unidos, organizarse y tragarse los sapos que haya que tragarse mientras se da la transición y se estabiliza un gobierno democrático. Luego barreremos la basura.

Pero ganar unas elecciones  será solo el comienzo de una transición donde el chavismo tendrá mucho que decir. Preparémonos para un futuro mejor, pero no ideal. Y para los que promueven otras opciones: no lo digan, háganlo que el juego es a varios tableros, pero dejen las invectivas  que en nada ayudan.

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