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JURATE ROSALES: Las grandes damas de la política

Las grandes damas de la  política

***Tres mandatarias, las tres contemporáneas, superaron a los hombres. 

Ventana al mundo – JURATE ROSALES

La sorpresa que dio al mundo Michelle Bachelet con el contundente informe sobre Derechos Humanos en Venezuela, emitido desde su oficina de Alta Comisionada de las Naciones Unidas, indica otra y otra vez, que las mujeres se liberan más fácilmente que los hombres del peso de sus compromisos políticos pasados, cuando se convencen de que es necesario no solamente cambiar de rumbo político, sino efectuar la corrección de un modo que sea el más efectivo.

Al hombre le cuesta mucho más aceptar que estuvo equivocado (¿será  por el ego masculino?) y la lista de excomunistas que se separaron del partido, pero nunca abandonaron sus antiguas teorías es muy larga: en Venezuela apareció una serie de vertientes políticas de las que la más longeva ha sido el partido MAS (Movimiento al Socialismo) y su más famoso representante que nunca desistió de sus planteamientos de base ha sido el difundo Teodoro Petkoff, fundador de la revista “Tal Cual”, que sigue apareciendo en la red, lo que significa que su corriente sigue viva.

Hoy, con el reciente ejemplo de Michelle Bachelet, me doy cuenta de que su caso, en cuanto a mujeres de mucha responsabilidad, experiencia y sentido de las realidades de la vida política, evidencia una audacia  moral, más frecuente en la mujer que en el hombre. Observo que con ella hay  tres mujeres  estadistas  contemporáneas, que un buen día dijeron adiós al comunismo después de haberlo profesado y más bien aprovecharon esa experiencia para crear un gobierno pragmático y equilibrado, asombrosamente exitoso en cada caso.

Creo que debo empezar con la canciller alemana Angela Merkel. Muchos olvidan que ella es oriunda de Alemania oriental, región que después de la II Guerra Mundial tuvo un gobierno comunista hasta la caída del muro de Berlín en 1989. Hasta esa fecha, Angela, nacida en 1928, estuvo entre los fieles del partido comunista a los que les era permitido acceder a la educación superior. Por lo tanto, para eso, ella cumplió con las exigencias políticas y fue militante de las Juventudes Comunistas de la República Democrática Alemana, la RDA, lo cual significaba obligatoriamente estudiar a los fundadores del comunismo: Marx, Engels y Lenin, adorar a Stalin y obedecer a los dictadores que le sucedieron tanto en la URSS como en Alemania Oriental. Por todo ese túnel político transitó exitosamente  Angela Merkel hasta la edad de  60 años – un detalle que pocos toman en cuenta.

La carrera política de Merkel después de la reunificación de las dos Alemanias ha sido fulgurante –con decir que ella es la canciller de Alemania “toda” desde 2005 y acaba de anunciar su retiro a partir del año que viene, el 2020. Todo un record de longevidad política. De ella ha escrito la revista Forbes: “En 2017, Merkel fue considerada como la mujer más poderosa del mundo por undécima ocasión según el listado anual de la publicación.” Una de sus fuerzas ha sido una política de firmeza frente a los eventuales adversarios, entre ellos Rusia, mientras que desde que asumió el mando, su partido político es la Unión Demócrata Cristiana, lo cual significa que está en la antípoda del comunismo.

Tengo otro caso, de menor monta en cuanto a la importancia de poder que pueda ejercer, pero asombrosamente similar en materia de trayectoria política: la expresidenta de Lituania, Dalia Grybauskaite, quien acaba de entregar la presidencia hace un par de días después de dos períodos en el cargo. Su trayectoria, igual que la de Merkel, incluye una juventud de estudios superiores dentro del sistema comunista, diplomas nada menos que en doctorado de economía en Moscú bajo el régimen soviético –más adoctrinamiento  imposible. Siendo electa presidente de la república de Lituania  a partir de 2009 y reelecta por otros cinco años hasta julio del 2019, ha desarrollado una política de firme pertenencia a la Unión Europea y al mundo occidental  al tiempo que ejercía una  férrea firmeza ante los intentos de Moscú de influenciar Lituania.

Pasemos ahora a la tercera personalidad, también ella formada bajo el comunismo, porque Michelle Bachelet, siendo exiliada,  no solamente fue estudiante universitaria en la Alemania del Este para entonces comunista, sino que toda su trayectoria política en Chile, con dos presidencias, ha sido teñida de su cercanía al mundo comunista.  Nombrada ahora Alta Comisionada para los Derechos Humanos, en su reciente visita a Caracas fue recibida por Nicolás Maduro con todas las señas de confianza y amistad, en parte debidas a la cercanía  política  que había tenido con Hugo Chávez.

Al igual que Angela en Alemania y Dalia en Lituania, también Michelle, después de haber conocido y hasta participado del sistema comunista, aprovecha su experiencia para actuar con absoluto conocimiento de causa.

Por cierto, un detalle para terminar: las tres hablan perfecto el ruso y también el inglés. Señal de los tiempos en los que tuvieron  – y tienen- que imponer sus clarísimos e independientes criterios de mujeres devenidas en estadistas.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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