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ALFREDO MICHELENA: ¿Régimen o pranato?

¿Régimen o pranato?

  ***Para enfrentar al enemigo hay que caracterizarlo y con base a ello escoger los medios que están a disposición para combatirlo.

 Bitácora Internacional – ALFREDO MICHELENA

Los venezolanos no  desafiamos a un gobierno o régimen dictatorial, nos enfrentamos a un pranato. Ya casi nadie habla del gobierno de Venezuela sino del “régimen”  venezolano. Se entiende que hablar de régimen es señalar que lo que hay es una forma de gobierno no democrático,  violador de los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Caracterizar al adversario  en un enfrentamiento de cualquier tipo es fundamental, en especial en la política. Esto, y las circunstancias en las que se da el proceso, en cierta forma determinan cuales, entre los medios disponibles, son los que podríamos  utilizar para prevalecer.  Por ejemplo no podemos ir a una confrontación bélica si no tenemos un ejército; parece ridículo decirlo, ¿verdad?

En resumidas cuentas son muchas las variables que determinan el “qué hacer” para desplazar a los que ejercen el poder. Y a esos fines es clave conocer al enemigo: cómo es y cómo piensa.

La primera cosa que hay que entender es que el poder lo detenta una alianza de diversas fuerzas y grupos. Cada uno  tiene intereses propios, aunque haya uno común a todos: mantenerse en el poder, o al menos sobrevivir y obtener ganancias en la alianza.

Esta alianza en Venezuela es muy distinta de  la que conocimos tradicionalmente en el pasado. Ya no son los empresarios de diversas ramas, los obreros y trabajadores, los campesinos, la corporación militar, los gremios profesionales y así muchos actores que eufemísticamente llamábamos las “fuerzas vivas”.

La “revolución” chavista   quebró las bases de relevancia de esos grupos. Ya no es el gremio médico que protesta y ejerce un poder tal,  que es tomado en cuenta, o los profesores, o la “clase obrera”, o los banqueros. No, ellos han sido desarticulados y diezmados. Ahora hay nuevos actores que conforman la alianza en el poder.

El carácter delincuencial del “régimen” ha llevado a muchos a caracterizarlo como narco-Estado, o Estado mafioso. Pero no sólo sería esto un asunto de narcotráfico, sino que el crimen organizado – incluyendo el político- que se mueve libremente en nuestro territorio, también  ha penetrado al Estado y  se ha internacionalizado. Y no nos referimos solamente a las bandas criminales (bancrim), como la que incendió la histórica fábrica de galletas Puig, por no pagar “vacuna”, sino que nos referimos a bandas de lavadores de dinero, protectores de corruptos y bolichicos.

La actual alianza o bloque en el poder a la que las fuerzas democráticas venezolanas  se enfrentan, está compuesta por los izquierdistas filocubanos que llegaron al poder con Chávez, una cúpula militar  y del alto gobierno en gran parte corrupta, con base al desfalco del tesoro nacional,  grupos guerrilleros fundamentalmente colombianos (FARC, ELN),  grupos terroristas islámicos, los narcotraficantes y sus carteles nacionales (de los soles) e internacionales (del Golfo), los bolichicos o boliburgueses, los lavadores de dinero, y los gobiernos extranjeros que depredan la renta petrolera. En lo internacional tenemos la urdimbre de partidos, ONGs y movimientos sociales con el ropaje de la izquierda marxista, lideradas por Cuba y articuladas en el llamado Foro de São Paulo – pronto a reunirse en Venezuela. Sin olvidar que la crisis de Venezuela ha tomado un carácter geopolítico global en el que compiten las viejas potencias de la Guerra Fría, con nuevos aliados.

Esta abrumadora lista no es sino una primera aproximación al “cómo es”. Bastante más difícil es definir el “cómo piensa” y el ¿cómo es la lógica de su actuación?

En general el grupo filocubano, que está en la cúspide del poder, opta por una posición numantina, que al igual a la sostenida por la mala madre de la historia del Rey Salomón,  no le importa que corten al niño en dos. Clásica posición  de los dictadores comunistas (Corea del Norte, Cuba).  Que nos maten de hambre y mengua no es su problema – entre otras cosas porque ellos comen bien -, y porque el objetivo es mantener el poder a toda costa, o mejor dicho a nuestra costa. Estos son los que orientan el discurso político,  pero los otros grupos seguramente podrían actuar más “racionalmente” y verse forzados a poner en una balanza lo que tienen y lo que estarían  dispuestos a ceder por sobrevivir.

Para quebrar la alianza en el poder no basta con ofrecer “puentes de plata” a los militares y a los bolichicos, como se ha hecho; hay que procurar que una buena parte de esos grupos sientan que quedarse en la alianza es peor, que dejar de apoyarla, incluso con algunas consecuencias muy negativas para ellos.

A estos fines habría  que interactuar  más allá de la cúpula madurista – Oslo, Barbados- para quebrar al pranato. Y con cada uno de esos grupos hay que negociar o enfrentarlos.  Y esto incluye a todo “bicho con uña”, que pueda fragilizar la alianza.

Además de seguir presionando a la cúpula institucional, la comunidad internacional tiene un rol, apretando las tenazas al crimen organizado  y al narcotráfico internacional  que opera desde Venezuela, así como a los grupos guerrilleros y las bancrim. Además de acosar y perseguir a los corruptos que sirven de mampara para los negocios sucios del régimen. Solo si se debilitan y sienten que es mejor salvar algo que perderlo todo, se iniciará la transición.

Y para eso también deben apreciar que sus aliados internacionales los están dejando de apoyar. Así que la lucha hay que librarla en varios tableros y con los medios a nuestra disposición.

 

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