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JAIME GRANDA: Venezuela divide al mundo

Venezuela divide al mundo

 ***Debe quedar claro que el bienestar de los pueblos no depende del Capitalismo o del Socialismo, sino de la honestidad de sus gobernantes.

Panorama Político – JAIME GRANDA

La situación venezolana no se puede valorar con certeza viendo solo  una fracción del amplio panorama político. La situación de esta nación petrolera es más complicada de lo que la mayoría de los políticos y analistas expresan en sus opiniones.

Una situación donde es evidente que ha dividido al mundo conocido y que no se puede seguir analizando con simplezas como que el Socialismo es malo y el Capitalismo es bueno o que toda dictadura es mala y toda democracia es buena.

En relación con el Socialismo y su estatismo, generalmente exagerado, Noruega es un caso para estudiar a fondo. Hasta la década de 1970, cuando descubrió yacimientos petroleros,  era una de las naciones más pobres de Europa, pero ahora está considerada la número uno en nivel de vida, con una generosa y extensa seguridad social, con ayudas estatales en todo tipo de actividades.

Su sistema político es socialista pero, a diferencia de lo que acontece en América Latina, es una nación elogiada por su transparencia gubernamental.

En contraste con lo ocurrido en los principales países de la Organización de Países Exportadores de Petroleros (OPEP), incluyendo a Venezuela, el petróleo ha convertido a Noruega en la nación más igualitaria del mundo, mientras que en los demás productores de crudo, exacerbó la brecha entre los más ricos y los más pobres.

La tragedia económica de Venezuela parece que tiene que ver con las malas interpretaciones de pensamientos que han obnubilado a muchos dirigentes políticos en Venezuela y el resto del continente americano.

Cuando el desaparecido Hugo Chávez impuso que la política estaba por encima de la economía y comenzó a decretar medidas sin asideros reales, incluyendo el destructivo control de cambio desde 2003, parece que leyó mal lo que dijo Josef Stalin: “No se puede separar la economía de la política. Nosotros no podemos alejarnos de la economía, como no podemos alejarnos de la política. Para comodidad de estudio, la gente, de ordinario y por razones de método, separa las cuestiones de la economía y las cuestiones de la política. Pero eso sólo se hace artificialmente, por razones de método y comodidad de estudio. Por el contrario, en la vida, en la práctica, la política y la economía son inseparables: existen juntas y juntas actúan”.

En eso, Noruega puso las cosas en su lugar, sin propaganda y mucha discreción, como actúa Yngve Slyngstad, un economista de 56 años, director ejecutivo del Fondo Global de Pensiones del Gobierno de Noruega, el fondo soberano más grande del mundo, con un billón de dólares americanos. Slyngstad es el jefe del Banco Noruego de Manejo de Inversiones y sorprende que no tiene secretaria, organiza personalmente sus reuniones y viaja en clase económica.

El Fondo Global de Pensiones del Gobierno (FBPG) fue creado en 1990 por el parlamento noruego para contrarrestar la merma futura de ingresos, aislar la volatilidad del precio del barril de crudo y pagar a futuro jubilaciones.

La reglas de administración son claras: toda la renta petrolera se nuclea allí. El 96% de las ganancias e intereses se reinvierte fuera del país, para que no puedan ser utilizados políticamente, y el 4% se puede girar al Tesoro para financiar gasto público.

El FBPG, además, le sirve a Noruega para esterilizar su moneda. Los administradores argumentan que si volcaran esa masa de dinero en una economía con sólo 5 millones de habitantes existiría un nivel sideral de inflación.

Todo eso apunta a superar prejuicios. En realidad, el bienestar de los pueblos no depende del capitalismo ni del socialismo, ni del liberalismo o estatismo, sino de la transparencia del uso de sus recursos, de la honestidad de quienes detentan el poder o de quienes lo ansían.

El Estado noruego no promueve populismos, cobra altos impuestos, pero el crudo fluye con tanta fuerza que los altos impuestos no conspiran contra la rentabilidad. Sin necesidad de leyes de expropiación, a través de sus tributos, Noruega se asegura que gran parte de la producción de los privados vaya hacia el fisco. Para los inversores privados las reglas son claras e iguales para todos.

Mundo dividido

Desde enero de este año se acumulan hechos que demuestran que la situación de Venezuela no es fácil de comprender.

Cuando la oposición tomó nuevos impulsos con el nuevo presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, militante de Voluntad Popular, llovieron expectativas que, como algunos alertaban, resultaron falsas.

Siete meses después, son evidentes la contradicciones del grupo nacional e internacional que busca desalojar a Nicolás Maduro de la presidencia de Venezuela. Hasta el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y sus colaboradores inmediatos, dicen y se contradicen día tras día, sin que el gobierno de Nicolás Maduro ceda el poder.

Los venezolanos que hoy participan en el diálogo de Barbados dijeron que no aceptarían negociar. Su actual discurso es confuso al igual que los resultados.

Los países vecinos son los más afectados con la creciente migración de venezolanos huyendo del miserable panorama económico que les impide lo básico para vivir: comida y salud.

La división del mundo es tan evidente que de los 193 Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y dos Estados observadores, 54 se han pronunciado a favor del autoproclamado presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, pero el gobierno de Nicolás Maduro no está huérfano. El fin de semana pasado se reunieron en Caracas y compartieron con el gobierno de Venezuela representantes de los 120 Estados miembros del Movimiento de Países No Alineados (MPNA), es decir dos tercios de los miembros de la ONU. Eso significa que el gobierno de Nicolás Maduro tiene apoyo internacional y que a pesar de las sanciones económicas aplicadas por varios países, todavía tiene recursos para atender a estos invitados, aunque el pueblo no tenga comida.

Esta semana, como si fuera poco, tienen cita en Caracas los partidos de izquierda que forman parte del Foro de Sao Paulo, creado en 1990 cuando el único país gobernado por esa tendencia era Cuba. Hoy varios países latinoamericanos están en poder de la izquierda y Rusia muestra su potencia al imponer el diálogo a través de Noruega. Ese poder ha crecido a tal punto que la administración de la industria petrolera venezolana está asentada en Rusia.

Citamos un pequeño detalle sobre la autoridad rusa. El Viceministro de Exteriores de Rusia, Serguei Riabkov, advirtió el pasado sábado que la legitimidad del presidente Nicolás Maduro y demás autoridades no puede ser discutida. El grupo de Juan Guaidó discutió el asunto el domingo y decidió guardar silencio ante esa intromisión porque polemizar con el Vicecanciller ruso podría afectar a la Mesa Técnica de Barbados.

@jajogra

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