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RONALD MATTIS: “Suicidado” testigo estrella en investigación sobre PDVSA en España

 “Suicidado” testigo estrella en investigación sobre PDVSA en España

Por Ronald Mattis

El pasado domingo, Juan Carlos Márquez Cabrera, el hombre que sabía demasiado sobre los negocios y negociados de la PDVSA chavista y madurista, apareció en su oficina de Madrid ahorcado con su propio cinturón. Algunas fuentes oficiales han sugerido que lo de Márquez Cabrera fue suicidio y mantienen un extraño hermetismo sobre la muerte de este personaje que para salvarse estaba dispuesto a contar historias que incluyen a personalidades de la política y los negocios en varios países de Europa y América… y especialmente de una banca permeable a los depósitos de origen dudoso.

Márquez Cabrera era el secretario general de Entes Corporativos de PDVSA. Bastaban su firma y la del ministro de Energía venezolano, Rafael Ramírez, para mover centenares de millones de dólares que llegaron a ser billones de la que antes de esas liberalidades fuera una de las empresas más grandes y sólidas del mundo. Era hijo de españoles y estaba bien conectado en la península, al punto de que había contratado con Alejo Morodo, hijo de Raúl Morodo, embajador español en Caracas durante el gobierno de Zapatero, 4,5 millones de dólares por supuestas asesorías en Europa.

En su momento, la intimidad del embajador Morodo con el alto chavismo escandalizó a la oposición venezolana, tanto más que durante la  resistencia anti-franquista él era el correo que llevaba las ayudas del partido venezolano Acción Democrática al PSOE español. Ahora en España está en marcha una investigación por blanqueo de capitales cuyo promotor habría sido Morodo.

Fue dentro de la investigación sobre Morodo y el lavado de los dólares de PDVSA que Márquez Cabrera regresó a España  y el viernes 19 de julio se presentó al juez Santiago Pedraz, quien realiza la investigación. Este juez le convirtió en testigo clave de la investigación por lavado de dólares de PDVSA en la banca española, a cambio de lo cual Márquez Cabrera obtendría impunidad o un gran alivio de la pena. Todo marchaba bien para Márquez Cabrera. Al día siguiente, sábado 20 de julio pasado, ordenaba papeles que entregaría al tribunal investigador. Al atardecer del domingo 21 se le encontró en esa oficina ahorcado con su propio cinturón. Por supuesto, la prensa española, que es muy celosa de sus funciones, simplemente no cree la versión de suicidio.

En la única declaración que pudo hacer ante el juez  Pedraz y la fiscal anticorrupción Ana Cuenca, Márquez Cabrera reconoció haber firmado por delegación de Rafael Ramírez los contratos por US$ 4,5 millones que como la punta de un iceberg aparecen en el Caso Morodo, investigado por la Unidad Central de Delincuencia Económica y Fiscal (la UDEF) de la policía española. La trama la desmanteló el juez Pedraz el 20 de mayo pasado, con registros en casas y oficinas que condujeron a cuatro detenciones, entre ellas las de Alejo Morodo y su socio Carlos Prada. A Raúl Morodo –el padre- no se le detuvo debido a su edad, 84 años, pero formalmente queda como parte del caso, recluido en su mansión de Puerta de Hierro. Ese mismo 20 de mayo el juez Pedraz dictó la busca y captura de Márquez Cabrera, cuya firma aparece autorizando a nombre de PDVSA los contratos que entre 2008 y 2012 firmó la petrolera con Alejo Morodo.

Ya en 2016 la Asamblea Nacional venezolana, de mayoría opositora, interpeló a Márquez Cabrera junto a Rafael Ramírez acerca de la colosal fortuna desparecida en PDVSA. Fue después que en la Audiencia Nacional de España saltó el Caso Morodo. Luego se supo que los 4,5 millones de dólares del contrato  habían sido lavados en una inmobiliaria con sede en Panamá y manejada por Carlos Prada, socio de Morodo hijo.

Márquez Cabrera fue detenido en el aeropuerto de Madrid cuando bajaba del avión que le traía de Nueva York y llevado ante el juez  Pedraz y la fiscal Cuenca. Según los medios españoles, llegaba decidido a declarar llevándose por delante a personalidades de España y Venezuela que participaron en el  reparto. No se ha precisado qué dijo al juez y a la fiscal en esa primara declaración.

Al final del día viernes 19, Interpol de Washington alertó a la policía española que Márquez Cabrera estaba en un avión que estaba saliendo de Madrid con dirección a Chicago, pero que lo devolverían en el mismo vuelo IB6274 de Iberia. Se lo pondrían en Barajas el lunes a primera hora. La percepción de los periodistas españoles es que la intención del testigo estrella era escapar, pero no de la justicia española sino de quienes temían a sus declaraciones y le picaron adelante.

La policía española se dispuso a apresar a Márquez Cabrera en la escalerilla del avión. Además contactó al juez que relevaba a Pedraz en ese fin de semana, José de la Mata, solicitando la comparecencia de Márquez Cabrera el lunes y, dado había huido, pedir prisión para él. Pero Márquez Cabrera nunca pudo subir al avión. Interpol-Washington vio su nombre entre los viajeros del vuelo Madrid-Chicago del viernes y dio por hecho que el testigo estrella iría fugado en ese avión. El domingo a las 2 y 40 minutos de la tarde su cadáver fue hallado en su oficina de la calle Mirasierra, 12, San Sebastián de los Reyes, al norte de Madrid.

 

El hombre que sabía demasiado

Márquez Cabrera era el punto nodal donde confluían los secretos del lavado de dinero en PDVSA, investigados por varios juzgados españoles. Los exdirectivos de PDVSA bajo investigación tendrían que haber actuado con ayuda de gente del sector financiero local, consideran expertos en estas difíciles operaciones. Las investigaciones son sobre el modo como sus directivos defraudaron a la petrolera por millares de millones de dólares. Mucho de ese dinero fue blanqueado en bancos de España, Panamá, Singapur y Estados Unidos.

El juez José de la Mata investiga ahora el supuesto suicidio del operador clave, quien acababa de mostrarse feliz porque podría descargarse haciendo de testigo contra sus compinches. La autopsia definitiva podrá arrojar luces sobre el caso, pero la prensa española se muestra recelosa de una investigación que implica a mucha gente poderosa de España y Venezuela.

Márquez Cabrera se había establecido “a toda leche” en España y Estados Unidos, viviendo con su familia, comprando propiedades y abriendo compañías. En todo momento pareció tranquilo y confiado. Al salir de su declaración ante el juez Pedraz se reunió con un asistente en su oficina de Mirasierra, aparentemente para ordenar su próxima declaración. Eso fue el sábado 20. Quedaron a seguir trabajando al día siguiente. Cuando el asistente llegó a la oficina el domingo la encontró cerrada. Márquez Cabrera no respondía a sus llamadas. En la tarde, el asistente –quien ahora está bajo protección policial- volvió a la oficina y ante la ausencia de quien estaba tan interesado en hacer el trabajo de recopilación, decidió llamar a la Policía de San Sebastián de los Reyes. A las 14.40 del domingo 21 los bomberos derribaron la puerta y encontraron el cadáver de Márquez, con su propio cinturón atado al cuello. Los investigadores quedaban burlados.

Ahora la prensa española se pregunta si los implicados, venezolanos y españoles, son tan poderosos y llegaron tan alto que la investigación sobre el lavado de dinero de PDVSA en España terminará en lo que los castizos llaman “agua de borrajas”.

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