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ALFREDO MICHELENA: Argentina y la vuelta del populismo

Argentina y la vuelta del populismo

 Por Alfredo Michelena

La muy probable vuelta de Cristina Kirchner al poder en Argentina es una mala noticia, no solo para los argentinos sino para los venezolanos e incluso para el mundo que ve impávido como el populismo sigue tomando poder en el mundo.

Un argentino, conocedor de los peligros, Facundo Cabral, decía “Le tengo miedo a los idiotas, porque son muchos y pueden elegir a un presidente”. Y mira que lo hemos sufrido. Y no lo tomen como un insulto, es que nosotros y otros pueblos -y no solo del tercer mundo- a veces elegimos como presidente a aquel que nos convence con cantos de sirena y terminamos peor que antes.

 

Llora por mí, Argentina

Cuando empezaba a notarse más que Venezuela entraba en una crisis, por allá en los noventa, le comentaba a una amiga que mi esperanza era que no podíamos soportar una crisis muy larga pues Venezuela no lo aguantaría. Ella simplemente me dijo:  mira a Argentina, no ha salido de una crisis desde Perón.

Hoy recuerdo esas palabras por dos razones: Cristina Kirchner tiene altas probabilidades de volver al poder y en Venezuela la crisis que empezó antes de Chávez solo ha seguido su camino destructivo.

 

Populismo

En los ochenta, en la Universidad de Essex, yo asistía a las clases de Ernersto Lacau y Chantal Mouffe sobre una redefinición del populismo en el esquema postmarxista. Ni antes ni ahora me ha sido fácil entender al argentino. Ojo y no soy yo solo, su prosa, como dice el profesor Silva-Herzog, no es grata y “sus párrafos están empedrados de un pedante dialecto profesoral que hostiga al lector”.

 

De esta exquisita construcción teórica entiendo que lo que existe en común entre los populismos es que articulan una serie de demandas que no han sido satisfechas por el establishment  y  construyen un discurso polarizado para un pueblo que no se siente representado. Entonces viene el caudillo, en nuestro caso Chávez, que encarna toda reivindicación popular.

Pero más allá, con el populismo se construye una narrativa, que se encona en el inconsciente colectivo, la cual a su vez privilegia las demandas populares frente al desarrollo del país. “Hay que hacer la torta para poder repartirla”, le escuché decir una vez a Carlos Andrés Pérez, mientras que Chávez repartió los ingredientes de la misma para conseguir apoyo popular y miren donde estamos.

Es más, como bien lo describía Laclau en sus postrimerías  hablando de Argentina y en general de Latinoamérica, si antes se privilegiaba lo económico ahora se privilegia lo político. Es la diatriba entre neoliberalismo y populismo, un populismo que él finalmente relaciona con la izquierda.

 

Sus efectos

En la región, nadie puede negar que los efectos del populismo han sido y son devastadores. En general, estos que se han centrado en el reparto de la riqueza de un país poniendo en peligro su desarrollo económico, o como en nuestro caso causándolo, en general terminan hundiendo a ese pueblo necesitado en más penurias mientras la nomenclatura y los “enchufados” disfrutan de las mieles del poder y acumulan  riquezas mal habidas.

Y lo grave es que para salir del hueco en que nos ha hundido el populismo se requieren medidas drásticas que al final son rechazadas por la gente, que ve en el ascenso al poder de un neoliberal la esperanza de una salida fácil y rápida. Y no entienden que lo que les espera es “sangre, sudor y lágrimas” como dijo Churchill; y eso no se lo cala nadie. Al contrario, a juzgar por su éxito electoral, los votantes prefieren optar por el populismo y “morir lentamente”.

Es que no hay nada atractivo en decirle a los empresarios que ahora van a perder sus privilegios y que tendrán que competir con el exterior y eso no les va a gustar;  a los políticos que deben compartir el poder, que el Estado va a perder poder y eso no les va a gustar; y a los más pobres que deben amarrarse más los pantalones pues muchas de sus escuetas reivindicaciones tendrán que ser suspendidas. En resumen tendremos que aceptar que nadie puede vivir del Estado. Y lo que es peor, que no hay una estrategia 100 % segura para salir del hueco ni un tiempo esperado para superar la tragedia.

 

Macri y Cristina

Esto último fue lo que le pasó a Macri: luego de sus primeros intentos de abrirse a una economía de libre comercio, de sacar el Estado de la economía, terminó echándose para atrás. Y en su intento de  disminuir los déficits del presupuesto terminó penalizando más a los ciudadanos. Todos esperaban una economía boyante de la noche a la mañana, y aunque al principio esto se vislumbró, la economía argentina se deslizó y cayó en recesión con una inflación de más del 55 % después de más de tres años de gobierno de Macri, con la consecuente caída del ingreso y el aumento de la pobreza. Es que desprenderse de casi tres cuartos de siglo de populismo no es tarea fácil.

La lucha contra la corrupción y la transparencia hicieron poco por la opción de Macri, y aunque Cristina Kirchner fue imputada en 13 casos  de corrupción, ella no ha sido inhabilitada políticamente e irá como compañera en el boleta del peronista Alberto Fernández. Es esta fórmula la que ganó las elecciones primarias obligatorias (PASO) al concertar un 47% de los votos frente a un 32 % de la fórmula de Macri. De mantenerse esta inesperada diferencia, la dupleta de los Fernández ganaría en primera vuelta el 27 de octubre de este año.

 

Efecto internacional

Para la lucha de los venezolanos por la democracia esta es una mala noticia. El gobierno de Macri ha sido uno de los principales propulsores de la lucha por la libertad de Venezuela en los ambientes internacionales : fundador del Grupo de Lima y promotor de apretar más las sanciones económicas.

El regreso del peronismo/ kirchnerismo al poder y la presidencia de López Obrador en México debilitarán más la unidad latinoamericana frente a este tema.  Faltan tres meses para las elecciones definitivas, crucemos los dedos a ver si la suerte cambia.  En todo caso, de ganar Cristina, hay que esperar a ver como se desarrolla ese matrimonio de conveniencia entre los Fernández.

La  pregunta que nos queda,  viendo lo que pasó en Argentina y nos pasó a nosotros mismos, es: ¿Podremos los venezolanos salir de la trampa del discurso populista latinoamericano que pone toda la responsabilidad en el Estado? Tema clave que hay que resolver.

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