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JURATE ROSALES: ¿Cuáles elecciones?

¿Cuáles elecciones?

Diario de Jurate – Por JURATE ROSALES
A partir de 1999 y desde entonces, en los comicios electorales de todo tipo (presidente, diputados, gobernadores, alcaldes, concejales), Venezuela tuvo solamente una sola elección que no ha sido deformada por el fraude. Fue la de los diputados a la Asamblea Nacional para el período 2016-2021, cuando un grupo de militares retirados, expertos en informática, lograron interrumpir la interferencia electrónica que por lo menos desde el año 2004 funcionaba desde Cuba y decidía de los resultados electorales. (Ver informe del general Carlos Julio Peñaloza, “Zeta” 18.12.2015). Y si alguien lo sabe además de que siempre lo supo, es el general Vladimir Padrino López, porque en su informe de esa fecha está que la noche de esas elecciones legislativas, fue él quien informó a Nicolás Maduro que las cifras ya estaban entrando y no había manera de cambiarlas.
El fraude continuo no empezó en el año 2004 con la empresa de máquinas electorales Smartmatic, sino mucho antes. Una revisión seria y documentada de todas las elecciones que tuvieron lugar en Venezuela desde la de los constituyentistas que redactaron la Constitución de 1999, indica que desde esa fecha inclusive, hasta el año 2015, no hubo ni una sola elección sin previamente “retocar” los resultados antes de su proclamación por el Consejo Nacional Electoral. La primera elección que se sacudió ese karma fue la de los diputados en 2015 y fue la única vez en que no hubo modo de manipular los resultados.
Ahora que las conversaciones de Noruega han sido interrumpidas y que seguramente serán reanudadas, resulta imprescindible considerar la sostenida secuencia que durante 20 años logró engañar a los venezolanos y al mundo, lo que hace temer que será muy difícil sacudir todos los pasos de un sistema cuidadosamente afinado para engañar. Porque todo, desde la identificación del votante con una huella electrónica hasta la presentación del resultado y finalmente con la presión sobre el votante en los “puntos rojos” ubicados a poca distancia del sitio de votar, terminó conformando una madeja de muy difícil desenredo.
Veamos la secuencia de 20 años y encontraremos que todos los comicios excepto uno ya mencionado, – siempre denunciados por fraudulentos-, nunca han sido impugnados, pese a la carga, a veces abrumadora, de las denuncias de fraude. Empecemos la lista con la elección de los “constituyentistas” en 1999. Para esa Asamblea Constituyente, de los 1171 candidatos que se presentaron a la elección, alrededor de 900 de ellos venían de grupos opositores a Chávez. ¿Qué ocurrió? Los representantes del oficialismo ganaron el 52 % del voto, pero gracias al ardid matemático del “Kino”, escogido por el gobierno para determinar la distribución de los escaños, los partidarios de Chávez obtuvieron 125 asientos (95 % del total), dejando a la oposición 6 asientos. El ingeniero en computación, a cargo del departamento de revisiones del Consejo Nacional Electoral, Amado Dounia, elaboró un amplio informe donde explica en qué consistió el error de los resultados, recibiendo como única respuesta una carta de despido y la eliminación de su departamento de verificaciones.
Ese fue solamente el principio. Después de haber logrado falsamente una mayoría de más de 90 % para elaborar una constitución “a petición del cliente”, esto permitió al gobierno nombrar a dedo todos los cargos no electivos por votación popular, de enorme importancia porque eran el Fiscal General, el Contralor, el Defensor del Pueblo, los miembros del Tribunal Supremo y los del Consejo Nacional Electoral. Faltaban los cargos electivos, y para eso se inventó la tesis de la “renovación de los poderes”: fueron despedidos todos los funcionarios ya electos y fue anunciada una elección nueva de todos los cargos por elección: diputados, gobernadores, alcaldes, concejales, en total 6.241 puestos entre ejecutivos y legislativos. Fue en esos comicios que ocurrió el escándalo de los técnicos de la empresa norteamericana ES&S, quienes renunciaron cuando fueron amenazados con una pistola en la boca si no producían ciertos resultados y se fueron de Venezuela después de haberse refugiado en una embajada. (Recuerden los reportajes del escándalo, tan llamativo, que hasta la BBC de Londres le dedicó un artículo el 25 de mayo del 2000).
Finalmente, después de muchas peripecias (cambio de rectores del Consejo Nacional Electoral, cambios de calendario electoral y separación de la fecha del voto en dos partes), la empresa española INDRA se encargó de todo el proceso, el cual fue acusado por los exgobernadores de Táchira y Mérida, Omar Calderón y Williams Dávila, de arrojar resultados falsos. Nuevamente, las quejas fueron rechazadas.
Siguió la aparición de la empresa Smartmatic, que se inauguró con la reconfirmación de la presidencia de Chávez en el 2004, cuando todas las encuestas serias lo daban por perdido. ¿Recuerdan que en esas elecciones apareció la “lista Tascón”? ¿La recuerdan? Y fue a partir de entonces que Smartmatic reinó en todas las elecciones hasta que el grupo de los exmilitares le cortó la comunicación con el centro cubano y fue electa la actual Asamblea Nacional.
Dado que la trampa de Smartmatic fue no solamente develada, sino que esa misma empresa reconoció desde su actual sede en Londres que trampa hubo, lo que le queda ahora al gobierno de Maduro es tratar de destruir la Asamblea Nacional por la fuerza, porque el voto trampeado ya no es posible.
Y es precisamente el momento en el que nos encontramos ahora. Por una parte, Maduro y su gente intentan por todos los medios reiniciar de alguna forma, o por lo menos con algunos restos de su aceitada maquinaria electoral, la misma hazaña que lograron en 1999, 2000 y 2004 y que pudieron extender hasta que les llegó la elección parlamentaria del 2015, cuando por primera vez la trampa no funcionó. Por otra parte, le es vital destruir a como dé lugar la única institución nacida de un voto no contaminado por la intervención digital. O sea, destruir la actual Asamblea Nacional. Y por allí van los tiros.
Si en la oposición hay todavía quien se olvidó de cómo se llegó a eso y si hay ingenuos que todavía no entienden que en la unión está la única fuerza posible ante una trampa cada vez más aceitada –estamos mal. Espero que por una vez, todos se olviden de sus rivalidades y miren la secuencia de 20 años de ceguera, para entrar en la realidad.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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