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JAIME GRANDA: Periodismo y realidad

Periodismo y realidad

***El periodismo debe defender los hechos para evitar un mundo dominado por peligrosas emociones, como las que abundan en las redes sociales

Agenda Abierta – JAIME GRANDA

Desde 2012, por decreto gubernamental, en Venezuela se acabó la importación libre de papel para imprimir periódicos y desde entonces  hasta mayo pasado 109 diarios salieron de circulación, algunos con décadas y hasta más de 100 años en el mercado, como El Impulso de Barquisimeto.

El control de importación de papel por parte del gobierno y dificultades económicas para adquirir tinta y otros insumos, dejaron a 10 estados de Venezuela sin sus diarios regionales, según reportó la organización Espacio Público que advierte que todo eso produce más desinformación, menos pluralidad y mayor dominio gubernamental de la opinión pública.

La desaparición de los medios impresos afecta a miles de kioscos en todo el país, transportistas, trabajadores gráficos, periodistas, fotógrafos y personal administrativo, pero no todo fue preparado por el caudillismo socialista que comenzó a montarse en Venezuela desde enero de 1999.

El gobierno venezolano, como advierten expertos, sabe aprovechar cada circunstancia y sus asesores saben que cada revolución tecnológica modifica las estructuras económicas.

El caudillismo socialista aprovechó eso para sacar de circulación a los medios impresos que le eran adversos y favorecer con el papel controlado a medios que le sirvan para  manipular con su ideología a las mayorías del país.

Parte de ese aprovechamiento es que el pasado 27 de junio, Día del periodista venezolano, el gobierno premió el ejercicio ilegal de la profesión.

El periodismo impreso da paso al periodismo digital y los árboles que derribaban  para producir papel lo agradecen, pero las opciones tecnológicas, como todo, tienen su lado positivo y su lado negativo.

Noticias publicadas en Estados Unidos muestran que en los últimos 11 años, las compañías de redes sociales de Silicon Valley han expandido su alcance e influencia hasta los rincones más remotos del mundo.

El año pasado, Jonathan Albright, director de investigación en el Centro Tow para el Periodismo Digital de la Universidad de Columbia, dijo: “Las redes sociales están envalentonando a la gente para que cruce los límites y se comporte de manera extrema respecto a lo que está dispuesta a decir para provocar e incitar a otros”, y agregó: “Está claro que el problema está creciendo”.

El pasado domingo, Alan Rusbridger, ex director del diario británico The Guardian, habló con El País de España sobre lo que parece el fin del periodismo como negocio porque aunque la sociedad necesita hechos, gente que atestigüe, no hay estímulo ni reconocimiento financiero a las empresas que se encargan de eso.

Rusbridger comentó que “en la sociedad vemos lo que supone vivir en un mundo de caos informativo, nos rodea, y está derivando en una especie de política populista que afecta a gente con poca capacidad de atención o incapaz de discernir una fuente buena de una mala”.

Alertó que “los políticos que tienen éxito son los que saben apelar a las emociones. Donald Trump es un fenómeno en este aspecto. Ya no hay eso conocido como hechosMis hechos son mejores que tus hechos. No te creas sus hechos… Es muy bueno cuando se trata de jugar con las emociones de la gente. Es un genio en eso. Y lo mismo está pasando en Europa, en el Reino Unido. Tenemos que plantearnos si queremos un mundo de hechos para contrarrestar el mundo basado en las emociones, que es un mundo peligroso. Y si deseamos un mundo de hechos, necesitaremos periodistas”.

@jajogra

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