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ALFREDO MICHELENA: Los militares vs. el pueblo

Los militares vs. el pueblo

 Por Alfredo Michelena

Una vez roto el vínculo populista que mantenía el régimen con el pueblo, Maduro se sostiene fundamentalmente sobre el control del aparato represivo del Estado, con sus variantes. Una de las tareas que tendrá la nueva democracia es reinstitucionalizar a los militares y sacar el populismo de la mente y cultura venezolana.

Pocos han sido los años de nuestra historia con los civiles teniendo en sus manos las riendas del poder. Quizás solo un cuarto de siglo de los dos que nos separan de la creación de la República en que  los civiles no estuvimos sometidos a caudillos militares. El episodio más largo fue en los 40 años de democracia liberal que nosotros mismos ahogamos con nuestra incapacidad para superar nuestros intereses bastardos. De allí como corderos al matadero, nos lanzamos en manos de un militar golpista sacado de una historia caudillezca que creíamos enterrada para siempre. Craso error que estamos pagando con “sangre, sudor y lágrimas”.

Los dos últimos decenios del siglo pasado fueron de conspiración contra la democracia. Hubo un descalabro de la economía, el PIB per capita comenzó a caer desde 1980, producto del agotamiento del modelo de substitución de exportaciones que promovía una industria nacional superprotegida y subsidiada; y por supuesto por la abrupta caída de los precios del crudo. Entonces se planteó una renovación en la política y la economía. La lucha fue tan feroz que no sólo sacaron al presidente Carlos Andrés Pérez, quien quiso gobernar con técnicos y promovía un cambio del modelo económico,  sino que con él se llevaron a los muy criticados partidos políticos y como “daños colaterales” a las instituciones democráticas.

En manos de un caudillo militar populista, apoyado por los odiadores de los 40 años de democracia, sea porque quedaron al margen o porque querían ser las nuevas élites,  creció el chavismo que logró en su primer envión cambiar la Constitución a su beneficio para incrustarse en el poder. Para eso  destruyó el modelo de la democracia representativa y el aparato productivo; desarrolló una política populista radical y, lo más importante, desarticuló, cooptó, controló y sometió a la corporación militar.

A ese fin  lo primero que hizo fue eliminar el control político por el Congreso de los ascensos militares; luego desarticuló la estructura piramidal del cuerpo, y para más creó la milicia, un componente de la Fuerza Armada no previsto en la constitución.

Donde más se afincó fue en corromper a la corporación castrense y entregar el control político a los cubanos.  Esto último se concretó, como reseñó recientemente Reuters, en dos acuerdos, “…que dieron a Cuba un vasto acceso al sector militar de Venezuela y amplia libertad para espiarlo y reformarlo.”

Roto el vínculo populista, no por el discurso sino por la falta de cumplimiento del “Estado populista” -el Estado como responsable de proveer bienes y servicios al pueblo-, derivado del desplome de la producción petrolera y la posterior caída de los precios del crudo, así como del desmantelamiento del aparato productivo del país en aras del socialismo, lo que quedó para mantener al régimen de Maduro en el poder han sido las bayonetas de los militares y sus articulaciones con bandas criminales armadas, narcotraficantes, guerrilleros y extremistas extranjeros.

Lo cierto es que  mientras el poder de los demócratas está en el voto, siempre que se dé en elecciones libres y justas, el del régimen está en la fuerza, la intimidación, la coerción y la coaptación.  Por eso es difícil que ese régimen acepte participar en sufragios, a menos que se le den garantías de supervivencia a pesar del resultado electoral. Y el tema no es tanto que buscan voz en lo político, sino que tratan de evitar que sus privilegios se evaporaren, al menos totalmente.

Hablar de un nuevo país con participación significativa del chavismo es una fantasía. El chavismo fue destruido por el chavismo mismo. Los casi seis millones de venezolanos que han salido en estampida son la mejor encuesta para acreditar que el chavismo es un ínfima minoría. Si ahora las encuestas le dan hasta un 20 % de votos, el día que se realicen unas elecciones si sacan un 10 % van bien.

Dos problemas tendremos los demócratas al llegar al poder: reinstitucionalizar la Fuerza Armada  y sacar el populismo de la mente de los venezolanos, es decir, que se entienda que el objetivo del Estado no es  proveernos de techo, comida, educación y salud, sino brindar a todo ciudadano las mismas oportunidades y posibilidades para que cada uno se resuelva en un marco legal y constitucional apropiado. Y ninguna de esas tareas será fácil.

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