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JAIME GRANDA: Entre promesas y excusas

Entre promesas y excusas

          ***Lo cierto es que hay que mejorar las condiciones laborales a los trabajadores del Estado para que no se unan a los 4 millones en el exilio.

Agenda Abierta – JAIME GRANDA

Venezuela sigue en confusión total. Según cifras e informes que manejan los organismos internacionales, la crisis venezolana no mejora.

El país sufre la peor inflación en toda la historia continental  y las medidas del gobierno terminan agravando todo, especialmente la devaluación de la moneda.

En septiembre del año pasado, un kilo de café molido costaba 250 bolívares y un año después cuesta 35 mil de esos mismos bolívares.

Cuando en enero de 1999 el desaparecido Hugo Chávez asumió la presidencia de Venezuela, el signo monetario valía 100 millones de los bolívares de este agosto de 2019. El chavismo le eliminó ocho ceros en dos tandas a ese bolívar, símbolo de la llamada revolución bolivariana. La idea era frenar la inflación para que el salario de cada venezolano le permitiera cubrir sus necesidades básicas. Nada de eso ocurrió y en estos momentos el salario mínimo mensual de los trabajadores es de 40 mil bolívares equivalentes a menos de tres dólares americanos, según valor reconocido por el gobierno venezolano porque a precio del mercado paralelo no llega a dos dólares. El peor salario mínimo del mundo.

A pesar de la propaganda oficial, el gobierno informó esta semana a sus seguidores que no hay alimentos subsidiados suficientes y por lo tanto las bolsas Clap no llegarán a todos ni con la misma frecuencia.

Lo único que se produce en Venezuela son promesas y excusas. Las contradicciones del gobierno norteamericano refuerzan las excusas. Desde el gobierno aseguran que pronto tendrán las herramientas apropiadas construidas por los innovadores tecnológicos nacionales para producir alimentos para todos. Las promesas abundan mientras el salario mínimo cae más cada día frente a los precios crecientes del mercado. El desabastecimiento se agrava con las deficiencias del servicio de electricidad y la falta de dinero efectivo.

El miércoles pasado en la noche abundaban comentarios por el silencio sobre el anunciado Congreso Internacional de Trabajadores acordado en el Foro de Sao Paulo realizado en julio pasado en la capital venezolana. Inicialmente era para ese miércoles y luego se supo que comenzaría el jueves 29 con asistencia de 150 delegados de 15 países.

El anuncio de ese evento despertó muchas críticas internas en el partido de gobierno, sin que haya mención al respecto en los medios.

Las críticas incluyeron que es contradictorio alimentar invitados y mostrar un supuesto paraíso socialista, mientras los propios trabajadores de los servicios públicos y de otras empresas del Estado saben que el gobierno de Nicolás Maduro, que se hace llamar presidente-obrero, viola todo el contenido de la Constitución Nacional en materia de derechos laborales.

Todos recuerdan que en los paros cívicos de 2002 y 2003 fueron despedidos de la industria petrolera 23 mil trabajadores, a quienes no les reconocieron ni las prestaciones sociales.

Igualmente anotan que en 2004 fueron echados 10 mil trabajadores por firmar solicitud de referendo revocatorio del mandato del presidente Chávez.

Los trabajadores del Estado tienen en cuenta que el secretario general del sindicato de Ferrominera del Orinoco, Rubén González, y otros nueve dirigentes han sido condenados por un tribunal militar por protestar contra los abusos gerenciales.

Pero, por encima de todo eso, o presionan por mejores condiciones laborales o se unen a los 4 millones de venezolanos en el exilio.

@jajogra

 

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