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ALFREDO MICHELENA: FARC, la guerra continúa en términos más duros

         FARC: la guerra continúa en términos más duros

         Por ALFREDO MICHELENA

La ruptura del proceso de paz en Colombia por una decena de comandantes de las FARC tiene implicaciones no solo para Colombia, sino para Venezuela y la región. La Asamblea Nacional reaccionó calificando a este grupo y a otros que pululan en el país como “terroristas”; por su parte, el presidente (e) Juan Guaidó lo hace promoviendo una acción conjunta de inteligencia militar, lo que  pudiera derivar en acciones más contundentes.

Durante lo que va de este siglo, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)  han sido un problema no solo de Colombia, sino de Venezuela. El tema de las FARC siempre ha sido una rémora en las relaciones bilaterales. Los últimos acontecimientos parecen ampliar la atención a otros países también.

        La frontera caliente

Tanto para Hugo Chávez como para  su escogido sucesor, Nicolás Maduro, ha sido importante crear un buffer en la frontera común en caso de que Colombia y EE.UU. decidan realizar una invasión terrestre hacia Venezuela. Por lo tanto, han permitido que en ella pululen  narcoguerrillas colombianas, (FARC, ELN y EPL),  paramilitares, bandas criminales (bancrim) y carteles de la droga con los cuales han pactado, más que una zona de aliviadero. De hecho, se ha permitido que se internen en el territorio venezolano y se esparcen hacia la frontera oriental, donde ahora opera el ELN  y otras bancrim.

Aquí ya no es solo el asunto del narcotráfico, sino del control,  explotación y contrabando de oro, diamantes y otros metales de alta demanda,  como el coltrán.

         La verdadera paz de las FARC

Las FARC ni entregaron todo de su fortuna, producto del narcotráfico, ni sus armas, ni  tampoco muchos de sus pertrechos. Los escondieron en Venezuela. Esto presagiaba que, al menos, una parte importante de la dirigencia tenía como plan B volver a las armas si la paz no les funcionaba.

Los problemas de los acuerdos de La Habana se hicieron patentes cuando en un referendo los colombianos decidieron no aceptarlos.  Pero Santos se impuso y   empezaron a implementarse.  Al menos dos cosas han causado mucho resquemor en la población: el perdón a los crímenes perpetrados y el acceso automático de exguerrilleros a la palestra política, con cargos fijos en el parlamento.

Del lado de los miembros de las FARC o “faracos”, los  problemas han sido entre otros, que las posibilidades de liderar una izquierda democrática se les hace cuesta arriba; pues ese nicho ya está tomado y el partido político FARC no ha levantado muchos seguidores.  También es difícil reprogramarse cuando lo que se hace tiene en muchos casos buenos dividendos. Este fue el caso del comandante  Jesús Santrich, al que se le capturó por tráfico de drogas; pero salió libre por el fuero que se le concedió como futuro senador de Colombia. Senaduría que no conquistó con votos, sino por los acuerdos de paz.

Cerca de 3.000 faracos no se incorporaron al proceso de paz. Una buena parte de esa disidencia se encuentra en la frontera amazónica binacional, donde controlan el narcotráfico -25 % del tráfico mundial de narcótico pasa por Venezuela- con  el apoyo y complicidad del régimen -a través del llamado Cartel de los Soles y otras “unidades”.

La nueva FARC

Recientemente, una decena de los antiguos comandantes de las FARC, por vocería de Iván Márquez, anunciaron su regreso a la lucha armada. Argumentan que los acuerdos no están siendo cumplidos y señalan que “…más de 500 líderes y lideresas del movimiento social han sido asesinados y ya suman 150 los guerrilleros muertos en medio de la indiferencia y la indolencia de un Estado”. Prometieron un nuevo tipo de lucha, que “no tiene como objetivo soldados ni policías”, sino “la oligarquía excluyente y corrupta, mafiosa y violenta …”. Dicen no querer la confrontación y que solo responderán a la ofensiva. Y anuncian una coordinación con el ELN, grupo armado que ha logrado posicionarse mejor en estos casi tres años en que las FARC se desmovilizaron.

Para algunos analistas este era el plan desde el comienzo y no un plan B. Sin embargo, no consideran que en este proceso los líderes de las FARC  han perdido más del 50 % de su pie de guerra al momento de firmar. Por lo tanto, habrá que esperar unos meses para ver si realmente estas articulaciones y alianzas pegan y los “nuevos-viejos comandantes” recuperan el control del aparato político-militar y, lo más importante, reclutan una guerrilla de las dimensiones anteriores.

Esta vez, enfrente tendrán en Colombia a un ejército bien formado, entrenado y apertrechado, que les estaba ganando la guerra de manera contundente. Una nueva derrota de las FARC sería su verdadero fin.  Para evitarlo, es que necesitan el apoyo venezolano y la presencia del régimen de Nicolás Maduro.

 

La posición colombiana

El presidente Iván Duque fue muy claro en cuanto a lo que hay que hacer: van a mantener los términos del acuerdo de paz y los guerrilleros que se han acogido a él gozarán de los beneficios acordados; pero a su vez creó una unidad especial para la captura de la decena de jefes que se separaron de los acuerdos de paz e incluso anunció una recompensa en metálico de  tres millardos de pesos  (US$ 867.000) por cada uno. Y dejó claro que esa “banda de narcoterroristas cuenta con el albergue y el apoyo de la dictadura de Nicolás Maduro”.

El expresidente colombiano Álvaro Uribe fue más allá y pidió que el ejército los buscara por cielo y tierra y los sustrajera si estaban en Venezuela.

Duque, al igual que Uribe, presentará el caso en el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA), pero también irá ante Consejo de Seguridad de la ONU, para denunciar la violación de la Resolución 1.373 del mismo cuerpo, que condena a los gobiernos que brinden protección al terrorismo.

 

La Venezuela chavista

Como es usual, el régimen de Nicolás Maduro  acusó a Colombia de lo mismo, esto es, de amparar a “paramilitares y terroristas”, en especial preparar un magnicidio. Según Jorge Rodríguez, ministro venezolano de Comunicaciones, “este plan está coordinado por [el general venezolano] Clíver Alcalá Cordones, que tiene a su cargo lo que ordenó Iván Duque  de entrenar a más de 200 terroristas”.

Lo cierto es que Maduro había dejado su posición muy clara en julio pasado cuando declaró: “Iván Márquez y Jesús Santrich son bienvenidos a Venezuela… cuando quieran venir, son los dos líderes de paz”. Y no hay dudas de que ya Maduro sabía de la disidencia y el plan de estos dos personajes.

 

La Venezuela democrática

La Asamblea Nacional (AN) venezolana en un comunicado calificó  a “… la disidencia de las FARC-EP…; … (ELN), HAMAS, HEZBOLLAH e ISIS como GRUPOS TERRORISTAS”; solicita apoyo a los países democráticos de la región en la lucha contra estos grupos; y advierte  que su presencia  en el país es una amenaza para Venezuela  y puede estimular conflictos que pondrían “en peligro la paz del hemisferio”. En este sentido se le solicita a la FAN que “procedan a su inmediata expulsión de nuestra nación”.

El presidente (interino) de Venezuela, Juan Guaidó, en su alocución ante la Asamblea Nacional Venezolana, aseveró: “Vamos a autorizar el uso de tecnología satelital para localizar a estos grupos. Nos vamos a aliar con el mundo democrático para enfrentar a esta amenaza y proteger a los venezolanos“.

Esta declaración de Guaidó tiene al menos tres implicaciones. Primera, es que debido al uso de tecnología satelital, seguramente EE.UU. -e incluso la OTAN,  pues Colombia es “socio global” de ella – formará parte de esta búsqueda; segunda, que esta será una acción colectiva, entre varios países, no solo del continente ; y tercera, que esto de suyo ya es un tipo de intervención militar, que podría concretarse más si a la localización sigue alguna operación al estilo de la Operación Fénix  (2008) que abatió a Raúl Reyes y una veintena de faracos en territorio ecuatoriano, o de otro tipo como la captura de Rodrigo Granda en Caracas (2005), o se den algunas persecuciones en caliente.

En todo caso hay que estar atentos a lo que esta alianza con Colombia y otros países puede acarrear militarmente.

Mientras tanto, Maduro ha declarado alerta naranja en la frontera “frente a la amenaza de agresión de Colombia contra Venezuela” y ordenó efectuar ejercicios militares en la frontera.

Al final, no habrá paz en Colombia mientras Venezuela no sea democrática y nos comprometamos conjuntamente a acabar con ese flagelo y recuperar la frontera común, para la paz y el progreso.

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