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RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ: Desenlace comicial

Desenlace comicial

 Tiempo de verdades – RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ

No hay nada más determinante en política y en la vida, que estar “en el lugar adecuado, en el momento adecuado” y eso es esencialmente lo que le ha dado vigencia y resonancia al presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó. En una de las tantas coyunturas, en que los no pocos errores de las fuerzas democráticas habían sumido a la ciudadanía en el desconcierto y la desesperanza, su liderazgo y su activismo ha permitido insuflar nuevos bríos a un país cansado de tanto y tan terrible sufrimiento.

Amén de sus méritos y de su diligente desempeño al frente de las  riesgosas y desafiantes tareas asumidas, ha sido la fuerza de los hechos y de la realidad la que ha determinado su rol protagónico al frente de las fuerzas del cambio. Es él quien ante la mayoría del país y de parte relevante de la comunidad internacional, tiene reconocimiento y respaldo, por lo que su figura resulta incuestionable a la hora, al parecer próxima en que la sociedad democrática tenga que pronunciarse electoralmente sobre el futuro de Venezuela.

La inminencia de un desenlace comicial, a la cada vez más crítica y caótica realidad venezolana, obliga a movimientos, partidos y dirigentes ubicados en la plataforma del cambio a realizar los aprestos, las tareas que permitan unir esa voluntad inmensamente mayoritaria que desde el sufrimiento diario está dispuesto a restearse con una propuesta y una candidatura que interprete ese deseo incontenible de cambio.

Es necesario entonces lanzar un fuerte aldabonazo a la conciencia y responsabilidad de  los conductores políticos, de los jefes partidistas, de quienes en definitiva tienen relevancia en el heterogéneo y diverso mundo opositor para entender que el momento requiere altura de miras, compromiso con el país, sentir el padecimiento y la extrema necesidad de la gente, entender que cualquier aspiración por legítima y avalada que sea no puede anteponerse a  la prioridad de unificar fuerzas, solidificar esfuerzos, mancomunar voluntades, desdibujar fronteras y banderías políticas canalizándolas dentro de un gran movimiento nacional que tenga dos objetivos básicos: asegurar una contundente y determinante victoria electoral que abra caminos a una transición democrática y garantizar la gobernabilidad y el éxito de la nueva gestión que tendrá la titánica tarea de reconstruir a Venezuela luego de dos décadas de rapiña, destrucción y saqueo.

Solo la división y la abstención del mundo democrático pueden fortalecer las menguadas fuerzas que aún respaldan al régimen. Solo competencias y aspiraciones impertinentes y extemporáneas pueden junto al desánimo por el ejercicio cívico del sufragio revalorizar a los cada vez más debilitados apoyos al gobierno. Ello obliga a toda la conciencia democrática de la nación a presentar un candidato y a realizar una gran campaña de motivación y preparación electoral que asegure no solo la masiva concurrencia a las mesas electorales, sino la construcción de una poderosa maquinaria, que neutralice el ventajismo  oficialista y que impida que se pueda escamotear un solo sufragio a favor del cambio.

En la perspectiva cada vez más probable de un evento electoral Presidencial, sería una verdadera necedad no asumir unánimemente los valores agregados implícitos en la candidatura de Juan Guaidó, cuya relevancia nacional e internacional lo convierten de antemano en un postulado imbatible.

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