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ALFREDO MICHELENA: ¿A quién favorece el TIAR?

¿A quién favorece el TIAR?

Por ALFREDO MICHELENA

La invocación del TIAR, con base a la amenaza regional de la Venezuela chavista y su posterior aplicación, muestra una postura internacional mucho más dura. Colombia es la más interesada en impulsar el TIAR para disuadir a Maduro, quien abiertamente apoya a la narcoguerrilla. En este contexto el régimen deberá moverse con cuidado, pues ahora se enfrenta a una clara y real amenaza que puede aniquilarlo.

El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) ha sido invocado. Una reunión de Cancilleres se realizará la segunda quincena del mes de septiembre, a fin de  constituir el Órgano de Consulta del Tratado.

El TIAR, precursor de la OTAN, que ha sido duramente criticado por su inoperatividad -caso Islas Malvinas- ahora resurge como una alternativa posible en la lucha por la democracia en Venezuela.

Venezuela, junto con los países dominados por el castrochavismo, se había salido de este pacto en 2012. Reingresa ahora por iniciativa del gobierno interino de Juan Guaidó, a fin de construir “alianzas internacionales” para “proteger y defender al pueblo y la soberanía venezolana”. Lo que se concreta con la reciente aprobación de la resolución del Consejo Permanente de la OEA que ordena el estudio, por el Órgano de Consulta, del efecto desestabilizador de Venezuela a fin de evaluar el nivel de “amenaza” que representa Venezuela para la región.

En esto hay que tomar en consideración los nuevos desafíos a la seguridad de los países y del continente, que transcienden lo militar e incluyen entre otros, el narcotráfico, el terrorismo, la delincuencia organizada trasnacional, la corrupción y el lavado de dinero. Y con base a esto hay que avanzar más allá de las medidas previstas en el artículo 8 del TIAR.

El día que se aprobó la mencionada resolución, el Consejo Permanente discutió otro punto: el informe sobre “Los desafíos del narcoterrorismo a la institucionalidad democrática”, presentado por Colombia en el que se muestran los vínculos entre el gobierno de Nicolás Maduro y las guerrillas colombianas  y se señala a este vínculo como una “nueva amenaza a la paz y la seguridad del continente”.

Es el Canciller colombiano quien solicita la activación del TIAR al hacer “…un llamado para poner en marcha estas herramientas de la OEA para defender la democracia, para aplicarles las sanciones a los estados que protegen el narcoterrorismo”. Por esto no debemos extrañarnos de que el mismo presidente Iván Duque agradeciera, vía twitter, a los países que votaron a favor de la resolución, por “su apoyo a Colombia en el primer paso para activar el TIAR como respuesta al riesgo que representa para la región la dictadura de Maduro”.

Muchos con bastante razón argumentan que el TIAR podría ser el marco en que se dé una intervención armada –en especial norteamericana- en Venezuela, ya que la Venezuela chavista se ha convertido en una amenaza a la paz y a la estabilidad del continente. Pero, particularmente para Colombia, activar el TIAR es crear un sistema de seguridad frente a una Venezuela que  no solo es un aliviadero de la guerrilla colombiana, sino que, además, es una plataforma para lanzar ataques hacia Colombia, asunto que también había sido denunciado hace diez años por Uribe. Lo cual constituye una violación a la resolución 1373 del Consejo de Seguridad de ONU.

Por otra parte, el TIAR puede permitir a los colombianos el manejo de la inestabilidad política y social, producto del mastodóntico influjo de migrantes que rebasan la capacidad de ser absorbidos y que para colmo ahora se represan en Colombia, ya que su paso hacia el sur está bloqueado por Ecuador, Perú y Chile.

Maduro responde pavoneándose en la frontera haciendo ejercicios militares, mostrando su equipamiento de combate y llevando rusos a esa zona; pero sabe que debe manejar muy cuidadosamente estos aguajes, pues si se le va la mano e invade territorio colombiano, o más grave, permite que los grupos guerrilleros colombianos -las FARC y el ELN- profundicen su acción en Colombia desde Venezuela, el TIAR se podría activar, incluso militarmente. Para no hablar de los llamados “ataques preventivos” o la persecución en caliente. Maduro debe recordar que lo están vigilando satelitalmente.

Además, no hay que descartar el uso de la fuerza no militar en interdicciones policiales a bandas criminales internacionales aliadas al régimen, es decir, las otras organizaciones relacionadas con el nuevo tipo de amenazas de la seguridad, que operan y lanzan operaciones desde Venezuela. Y en esto los países que rechazan la acción militar deberían mostrarse muy activos si son consecuentes.

A Maduro esa frontera que se preparó como un buffer para neutralizar una invasión desde el vecino país, se le puede convertir en un reguero de gasolina que cualquier chispa puede incendiar; y esto resultaría -sin dudas- en la temida invasión militar y con ella la extirpación del régimen.

Ya EE.UU. dejó claro que un ataque a Colombia sería motivo para que ellos intervengan. Pero en el paraguas del TIAR esta sería una intervención regional.  Y esto sí es una clara y real amenaza para el régimen, que puede ir más allá: puede llegar hasta Cuba.

Como vemos la aplicación del TIAR no solo favorecerá a Venezuela, sino a Colombia y en general a la región. Pero a Colombia aún más, pues si no se sale de Maduro será una manera de contención de un problema que le está generando muchos dolores de cabeza.

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