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CARLOS CANACHE MATA: AQUÍ, RÓMULO

AQUÍ, RÓMULO

¿Adónde vamos? – CARLOS CANACHE MATA

 El 28 de septiembre de 1981, hace 38 años, se nos fue Rómulo Betancourt, terminó su tránsito terrestre. Con el paso del tiempo, su figura se agiganta en las páginas de la historia. Fue el “más bravo y constante luchador” de la democracia venezolana, a la que le entregó “su gran vida, generosa en acción, fecunda en pensamiento, ilustre en sacrificio”, dijo Andrés Eloy Blanco. Sí, fue hombre de pensamiento y acción, de ideas y realizaciones decisivas para la fragua de la Venezuela moderna.

Tuvo la visión anticipada de que, al desaparecer la larga dictadura de Juan Vicente Gómez,  advendría al país la inexorable presencia de los partidos políticos, no a la vieja usanza del enfrentamiento entre “liberales” y “conservadores”, como actores fundamentales de la lucha social y democrática. Por eso, en su famoso Plan de Barranquilla, suscrito en la ciudad colombiana homónima el 22 de marzo de 1931, se dice al final que “los que suscriben este plan se comprometen a luchar por las reivindicaciones en él sustentadas y a ingresar como militantes activos en el partido político que se organizará dentro  del país sobre sus bases”. Esta posición es ratificada por Betancourt en su folleto “Con quién estamos y Contra quién estamos”, del año 1932, donde se afirma que “somos necesariamente, vehementes convencidos de la urgencia en que estamos en Venezuela de disciplinar fuerzas, hoy anarquizadas, dentro del molde riguroso de la ideología y de la táctica partidista”. Y ya antes de la aprobación del Plan, en el exilio se había creado ARDI (Agrupación Revolucionaria de Izquierda),     que, efectivamente, después de la muerte de Gómez, tomaría sucesivamente los nombres de ORVE (Organización Venezolana), PDN (Partido Democrático Nacional) y el actual de Acción Democrática (AD).

En la etapa que presidieron Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita se conformó el paisaje de los partidos y se respetaron las libertades políticas, pero la cuestión esencial de que el pueblo, en ejercicio de la soberanía, eligiese directamente el Presidente de la República y los miembros de los Cuerpos Legislativos, fue negada. Como la historia no espera, ocurrió ese parteaguas histórico que es el 18 de octubre de 1945, a consecuencia del cual ocupa el poder la Junta Revolucionaria de Gobierno, presidida por Rómulo Betancourt, que, para elegir los integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente,  dicta el 15 de marzo de 1946 el  Decreto que establece, por primera vez en nuestra vida republicana, el sufragio universal, directo y secreto. Ese rescate de la soberanía popular se consagra definitivamente en la Constitución Nacional de 1947, y así, el 14 de diciembre de 1947 es electo, no por un mecanismo de tercer grado, sino directamente por los venezolanos, Presidente de la República, el gran novelista Rómulo Gallegos.

Rómulo Betancourt, después del interludio dictatorial que siguió al derrocamiento del Gobierno Constitucional de Gallegos, gana las elecciones del 7 de diciembre de 1958 y preside los destinos del país en el período presidencial 1959-1964. Con firmeza y gran habilidad política enfrentó y derrotó las conspiraciones militares durante la gestión de la Junta Revolucionaria de Gobierno y de su Gobierno Constitucional, al igual que, en este último, la insurgencia guerrillera apoyada por el régimen cubano deFidel Castro. Lo que no impidió que entre 1945 y 1948, y entre 1959 y 1964, impulsara desde el poder profundos cambios económico-sociales en el país.

En febrero de 1963, el presidente Betancourt  visita a Estados Unidos y el presidente Kennedy  lo recibe con estas palabras: “Me place particularmente darle la bienvenida a este país; usted representa todo cuanto admiramos en un líder político; el carácter liberal de su gobierno, su tenaz determinación de darle una vida mejor a su pueblo, su larga lucha a favor de la democracia no sólo en su país sino también en toda la zona del Caribe, su compañerismo con otros líderes democráticos  del hemisferio, todo esto hace de usted el símbolo de lo que nosotros quisiéramos para nuestro propio país y para nuestras hermanas repúblicas”. En la Conferencia inaugural de la Cátedra Rómulo Betancourt en la Universidad Rafael Urdaneta de Maracaibo el 19 de mayo de 1988, Rafael Caldera  dijo que el fundador de Acción Democrática era el “venezolano de mayor importancia política en los últimos cincuenta años”. Eduardo Santos, respetado ex presidente de Colombia, opinó,  al término del mandato constitucional de Betancourt: “Gran triunfo el obtenido gracias a la fe, a la energía indomable de un gobernante que supo sortear los escollos, afrontar victoriosamente los peligros, llegar triunfante a la soñada meta: la pacífica y ordenada transmisión del mando”. El gran líder colombiamo Jorge Eliécer Gaitán, de visita en Venezuela: “Betancourt, lo mismo que sus ministros, se mezclan con el pueblo sin restricciones, sin temor, sin inquietud; porque saben que son apenas unos intérpretes de la enorme voluntad colectiva y que ésta actúa y se halla presente en los actos oficiales, sin sentir sobre sí el contenido espolazo del mandatario que ha sido impuesto por la fuerza”. Mariano Picón Salas recurrió a la comparación histórica: “Entre aquel Rómulo Augusto que sirve de enterrador al Imperio Romano y no tiene ya fe ni coraje para  oponerse a los bárbaros y el Rómulo de aquí, decidido, claro y combativo, todo son antítesis y diferencias; en el uno acaba un linaje, mientras el otro lo está fundando con gran responsabilidad  y sensibilidad de Historia”. Ramón J. Velásquez sentenció que “Rómulo Betancourt es el político venezolano cuya obra ha tenido mayor proyección histórica en nuestro siglo XX”.

Muchos libros se han escrito sobre la personalidad histórica de Rómulo Betancourt., entre ellos, los de Germán Carrera Damas y Manuel Caballero.

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