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ALFREDO MICHELENA: Migración venezolana y xenofobia

Migración venezolana y xenofobia

 

Por ALFREDO MICHELENA

La xenofobia existe en cada país. Lo importante es no permitir que se haga viral y menos que sea practicada, promovida o aceptada por algún Estado. Pero cuidado, el fenómeno puede ser magnificado y manipulado con fines políticos, como pudiera ser el caso actual con los venezolanos.

El rechazo o miedo (fobia) a los extranjeros ( xénos)  o xenofobia no es nada nuevo en el mundo. Decir que en Venezuela no se ha practicado o sentido es una exageración tan grande como decir que los venezolanos son xenófobos. Lo grave es convertir ese miedo o rechazo en una acción colectiva y aún peor ser aprobada o consentida por el Estado receptor.

Como era de esperase, las fraternas posiciones de los países receptores de la estampida de venezolanos, huyendo de la crisis humanitaria, en búsqueda de un mejor vivir, habrían de cambiar. La solidaridad regional se dio casi inmediatamente. Los gobiernos se reunieron para coordinar y facilitar un proceso que veían como inevitable, pero coyuntural.  Las sociedades latinoamericanas en particular mostraron una amplitud notable.

Las primeras olas migratorias fueron de profesionales y técnicos, que se desplazaron por avión. Luego vinieron los que usaron su propios autos a los que siguieron los que tomaron autobuses hasta llegar a los más depauperados que se fueron a pie: los caminantes – así sería su desesperación.  En ese orden se movieron los niveles de calificación  y educación formal. Y claro, en ese aluvión de millones de gentes, también se colaron  -y se colocaron- malandros, así como activistas políticos vinculados al castrochavismo y a organizaciones guerrilleras y terroristas, como reportan algunos analistas.

Esa migración que creyeron sería coyuntural, se convirtió en un río de humano que cada vez aumentaba y desbordaba su cauce. Lo clave para una inmigración saludable es la capacidad de los países receptores para absorber el flujo. En una sociedad en que no se pueda metabolizar este cambio, es muy probable que se comiencen a producir problemas.  Y a ese nivel hemos llegado.

Los estados receptores optaron por atacar las consecuencias del problema y no la causa: la permanencia del régimen de Maduro en el poder. Entonces al verse abrumados, comenzaron a endurecer los requisitos para aceptar a los migrantes y al momento casi todos piden visa de algún tipo, cuando antes no pedían siquiera un pasaporte.

Vino entonces lo más grave: en algunas sociedades ha empezado a crecer una xenofobia contra los venezolanos.

Hasta hace muy poco, uno encontraba en las redes sociales y en las noticias  historias positivas de la migración venezolana. Que si los médicos venezolanos han aportado mucho en Chile y Argentina, que si son agradables los mesoneros venezolanos o que la comida criolla venezolana se está expandiendo graciosamente por el mundo, así como variados reportes del desprendimiento de los venezolanos ayudando al próximo o el esfuerzo de ellos tratando de ganarse la vida honestamente.

Al momento, la película que se presenta de los venezolanos es diferente. Ahora serían tracaleros, tramposos, ladrones e incluso asesinos, y se muestran  arrestos de pandillas, deportaciones masivas,  manifestaciones y medidas administrativas al nivel municipal antivenezolanas. Todo un cuadro tétrico.

Sin duda, hay tracaleros, tramposos, ladrones y asesinos entre los migrantes venezolanos, así como los hay en cada uno de esos países. Pero la acelerada llegada de venezolanos  ha sido propicia para la potenciación de la siempre presente conseja que encontramos en cada país, en cada cultura, que argumenta que no son los nativos los culpables de la criminalidad, sino los extranjeros.  Entonces la criminalidad será achacada al menos al nivel social  a los foráneos, más si han llegado masivamente y se ven empobrecidos por la ciudad.

Ahora bien: lo que sin duda es inaceptable, incluso por convenios internacionales, es que el Estado receptor a cualquier nivel promueva, permita o incluso practique la xenofobia. Y sin dudas hay que apelar al gobierno receptor para que se eliminen estas prácticas.

Pero, cuidado. Aquí puede haber más que una reacción xenófoba entendible, pero no justificable de algunos lugareños; esto puede tener otras implicaciones en la lucha de los demócratas venezolanos por rescatar la libertad. El deliberado intento de destacar y promover noticias que se auto refuerzan sistemáticamente dirigidas a profundizar las diferencias que existen en las sociedades, con el objetivo de magnificar los problemas y  aumentar las diferencias a fin de crear conflictos, es una táctica que cada vez está tomado más auge. La utilización de  noticas falsas (“fake news”) se ha convertido en “un arma de destrucción masiva”.  Bien orientadas, estas técnicas de manipulación  comunicacional pueden generar caos y conflictos masivos.

Por eso no es de descartar que todo este hervidero de noticias de actos anti venezolanos, que ahora esconden las iniciales orientadas a mostrar la bondad de la migración venezolana, esté orientado a crear una animadversión que afecte el avance de las posiciones que contra el régimen de Maduro están adoptando estos gobiernos.  Es decir, que sea una acción deliberada de generar este malestar para crearle problemas al gobierno de Guaidó y debilitar la unidad internacional que lo apoya.

Sabemos que el régimen de Maduro ha creado  un “Ejército de Trolls para Enfrentar la Guerra Mediática de la Revolución Bolivariana”, que se dedica, en lo doméstico, a crear “fake news” y  magnificar las diferencias en la oposición para dividirla y desprestigiarla.  También sabemos que los rusos son maestros en la guerra  2.0,  como lo han revelado variados estudios en EE.UU.  Por lo que no hay que descartar que en este caso esté sucediendo lo mismo.

Hay que ser muy cuidadosos al juzgar y reaccionar frente a este fenómeno, que sin duda tiene bases reales, pero que, por acción de este “ejercito”, se potenciaría su magnitud a fin de que actuar sobre las ya existentes escisiones (cleavages) para crear  confrontaciones y caos con fines políticos.  Por esto, en la prudencia y el trabajo diplomático callado y oportuno está la clave para evitar, tanto el infortunado fenómeno,  como que las escisiones afecten la lucha por el rescate de la democracia y la libertad.

Es crucial mantener una actitud crítica y de denuncia, pero no contribuir, junto a las granjas de trolls del régimen, a crear un ambiente nefasto que afecte negativamente la lucha por la democracia en Venezuela. Hay que ejercer la prudencia.

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