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ALFREDO MICHELENA: La migración como arma política

La migración como arma política

 

Por Alfredo Michelena

No es posible asegurar del todo que la estampida migratoria haya sido  planificada y queda obvio que no lo es,  pero todo parece indicar que está siendo utilizada  a fin de desestabilizar a los vecinos. No es la primera vez que esto sucede en el continente.

 

La estampida

Todos estamos de acuerdo que la estampida migratoria de venezolanos ha sido producto de la crisis humanitaria que sufre el país. Algunos prefieren achacar esta crisis al mal manejo de la economía y a la corrupción, cuando en realidad este “mal manejo” de la economía no es más que el intento de implantar un modelo económico socialista, o para dejarnos de eufemismos, – que además pueden confundir -, un modelo comunista.

El  modelo se orienta brutalmente a destruir a la empresa privada a fin de que sea el Estado el que no solo controle la economía, sino tenga a su cargo una importante parte de la producción y distribución de las mercancías y servicios de la sociedad. Según el presidente de la Confederación Venezolana de Industriales,  desde la llegada del chavismo hace 20 años, el 80 % de las industrias han desaparecido y las que aún subsisten trabajan con el 19 % de su capacidad instalada.

La izquierda marxista no entiende o no quiere entender la inviabilidad de su proyecto. Es que no hay un solo modelo de economía comunista que haya prosperado en el mundo. Incluso el Partido Comunista chino optó por desarrollar el libre mercado – léase el capitalismo- para desarrollar a su país.  Todo intento de implantar una economía comunista termina apareciendo como el “mal manejo económico”, pues es un desiderátum imposible de alcanzar, como una y otra vez la historia lo demuestra.

 

La prueba venezolana

En Venezuela, a esto hay que agregarle muchas otras variables, como el desprecio por el saber técnico y científico, es decir la meritocracia, y la exaltación de la fidelidad política al “proceso”.  Así PDVSA, la mayor industria petrolera de la región, fue entregada a neófitos que la destruyeron.  La rampante corrupción  se produce por la destrucción institucional del Estado y el caos revolucionario, que privilegia lo político sobre lo económico, además de las “alianzas” con el crimen organizado internacional sea político, como las guerrillas o el terrorismo islámico, o delincuencia como el narcotráfico y el lavado de dinero.

Todo esto produjo la espantosa crisis que ahora viven los venezolanos y de la cual Maduro no solo ha sido un heredero, sino que su mayor sujeción a los cubanos la ha profundizado.

Pero como el castrochavismo tiene una estrategia continental desde sus inicios, ellos -cuando no la provocan adrede- sacan provecho de cualquier situación, para desestabilizar al continente y  avanzar en su proyecto de control político global. Por esto, en vez de tratar de paliar la brutal crisis humanitaria que han producido, por ejemplo permitiendo el ingreso de la ayuda humanitaria,  tratan inmisericordemente de sacarle  réditos; convirtiéndola en un mecanismo de desestabilización política en los países de acogida.

 

El plan regional

Ya algunos analistas habían advertido que la migración incontrolada serviría para que cuadros políticos de organizaciones terroristas entrenados en Venezuela se colaran hacia otros países, pero también cuadros castrochavistas, así como malandros de cualquier tipo.

Esto de enviar delincuentes entre los migrantes ya ha sido una práctica del castrismo. Recordemos a los “marielitos”, cuando Fidel Castro plantó malhechores y cuadros políticos, incluyendo espías,  entre los migrantes que dejó salir a principios de los años 80, desde el puerto de Mariel hacia Miami.

En realidad, era de esperarse que la excesiva y abrumadora migración produjera problemas de absorción de los contingentes de recién llegados y esto creara resentimientos hacia los extranjeros; es la infame xenofobia que siempre  ha acompañado a todas las sociedades y culturas.

 

La  mesa estaba servida

Esa mesa servida fue potenciada por una parte, por la actuación de los malandros y delincuentes “colados” y el trabajo planificado de las fichas políticas del castrochavismo y de los  grupos terroristas migrados; y por otra parte, por el manejo comunicacional de “fake news” y exacerbación de pequeños incidentes en el mundo 2.0  y noticieros sensacionalistas.

En esto el “Ejército de Trolls” creado por el régimen venezolano, con la asesoría rusa, quienes de eso saben, potenciaron las  ya existentes escisiones (“cleavages”) -como la xenofobia- para crear caos a fin de desestabilizar a estos gobiernos regionales. En esto tienen  un papel clave los grupos políticos y ONGs autóctonos articulados por el Foro de São Pablo, que concurren en el objetivo de desestabilizar sus propios gobiernos.

El castrochavismo, a través de nuestra migración, que es tan inducida como lo son  el colapso económico y la crisis humanitaria, busca desestabilizar a la región para reconquistar el poder que perdieron. Su objetico es forzar a los vecinos a optar por una política de contención y apaciguamiento, frente a un problema que no se soluciona sin el cambio del régimen.

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