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RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ: Elecciones con supervisión internacional

Elecciones con supervisión internacional

Tiempo de verdades – RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ

El gobierno de Nicolás Maduro es, sin duda, un gobierno ilegítimo y usurpador. Su elección fue el producto de unos comicios no solo desconocidos por la inmensa mayoría del país e impugnados por buena parte de la comunidad internacional, sino que quienes aceptaron participar de ese proceso terminaron igualmente denunciando el ventajismo, el abuso de poder, la transgresión de las normas electorales que vician de nulidad sus resultados.

Ahora bien existe una realidad del tamaño de un templo, y es que ese gobierno cuestionado, impugnado, repudiado y usurpador se desempeña al frente del aparato del Estado. Es el que  desacertadamente toma medidas políticas y administrativas. Es el que con la aquiescencia del alto mando militar ejerce el monopolio legítimo de la violencia y además controla y dilapida los ingresos de la República. En pocas palabras, gústenos o no, el gobierno de Nicolás Maduro es una realidad frente a la cual no puede operar por irreal  la simple negación o desconocimiento.

Entonces, la gran pregunta es ¿cómo hacerlo cesar? Y solo son posibles tres soluciones: la más indolora y deseada seria la renuncia voluntaria del presidente, que abrumado por su fracaso se dispusiera a dar una contribución a la solución de la crisis presentando voluntariamente su renuncia; pero está visto que esta fórmula ideal no figura para nada dentro de los escenarios posibles por la renuencia de Maduro a dejar el cargo.

Las otras dos hipótesis son por traumáticas indeseadas, pero peor aún improbables. La primera sería un pronunciamiento de las fuerzas armadas, que no tendría por qué ser  necesariamente un golpe de Estado o una acción de fuerza equivalente, sino una mediación  mediante la cual se le pueda sugerir al jefe del Estado entender la dimensión de la crisis y agenciar fórmulas de consenso y entendimiento, que permitan la constitución de un gobierno de unidad nacional y de transición que conduzca al país a unas elecciones libres, transparentes, limpias  y competitivas. Todas las variantes de un arbitraje de las Fuerzas Armadas en la grave crisis nacional han quedado descartadas por la reiterada adhesión y respaldo que los altos mandos militares han reiterado al gobierno de Nicolás Maduro, del cual son participes y a ratos protagonistas.

La tercera posibilidad tan indeseada y repudiable, como improbable, sería la hipótesis de una acción de fuerza de factores foráneos que vendrán a invadir Venezuela con cualquier pretexto jurídico o de facto. Ese despropósito se ha demostrado sin la menor posibilidad de materializarse a Dios gracias.

La conclusión lógica y razonable es que el “cese de la Usurpación “levantado como objetivo y consigna desde el mes de enero, se muestra cada día más remoto e improbable y aferrarse a él una vez demostrada su poca factibilidad  se constituye en un grave error, que además  puede comprometer el ánimo y la confianza de la gente, haciendo cada vez más remota la posibilidad de una transición. Invertir el denominado “mantra” y centrar todo el esfuerzo y la voluntad en conquistar elecciones libres, limpias, creíbles y transparentes con un nuevo CNE y supervisión internacional, que permita infringirle una contundente derrota al gobierno, parece la única vía expedita para el “cese de la usurpación” y el comienzo de un nuevo tiempo para Venezuela.

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