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JURATE ROSALES: Escuela de agitadores

Escuela de agitadores

 

Ventana al mundo – JURATE ROSALES

La facilidad de la comunicación digital está transformando mundialmente la respuesta ciudadana con la aparición de protestas de calle fomentadas y dirigidas a través de las redes sociales. La mayoría son espontáneas y genuinas, pero otras son parte de planes desestabilizadores contra  gobiernos democráticamente electos. Generalmente se trata de una campaña  iniciadas por noticias falsas, las famosas “fake news”, inventadas precisamente para crear una corriente de opinión determinada, a veces apoyada en una mentira  -o una media mentira- repetida miles de veces por las redes sociales.

Apartando lo sincero y genuino, la novedad de la electrónica ha producido el inesperado -pero ¡cuán poderoso!- resultado de reforzar más allá de sus mayores esperanzas el disturbio callejero organizado y fomentado por razones políticas. Se trata de algo tan viejo como el “chivito del almanaque”, porque era un invento de Lenin en las primeras décadas del pasado siglo, una treta que nunca dejó de funcionar, pero que ahora parece estar entrando en su Edad de Oro.

Fidel Castro era apenas un estudiante, cuando participó de la primera lección impartida en esa materia de la “agitación popular” en beneficio de una meta política. Se encontraba en Bogotá el día del famoso “Gaitanazo”, que abrió la puerta a la guerrilla colombiana hasta el día de hoy, pese a los continuos esfuerzos de pacificación del país. Sistema y experticia que fueron inventados en la Unión Soviética por el ala del partido comunista que se denominó “bolsheviques” (mayoría) para enfrentar al ala menos radical de los “mensheviques” (minoría) utilizando la imposición llevada a cabo por bandas violentas.  Lo más irónico era que los que se llamaron “mayoría” eran en realidad menos numerosos que los del ala pacífica, pero actuaban con saña.  El sistema era simple: consistía en crear disturbios locales y aprovecharlos para imponer a los violentos, organizados desde el centro del partido y reforzados localmente por unos pocos descontentos. La meta consistía en exterminar  a los “tibios” que eran mayoría y tomar el poder del área con una nueva célula del partido, de corte extremista. Los que se oponían debían someterse, o irse.  Lo demás se conoce: el sistema se impuso en la Unión Soviética y reinó en la URSS durante toda la permanencia del sistema comunista desde 1919  hasta su disolución  en 1990. Su longevidad indica que el sistema sirvió.

Volvamos a Colombia. Llama la atención que en el histórico Gaitanazo participaron agitadores extranjeros, entre ellos ese grupo cubano del que formaba parte Castro, quien posteriormente se vanaglorió de eso. Que esos disturbios hayan sido preparados (¿qué hacía allí el grupo cubano?) o fueron espontáneos, lo único que está seguro es que Castro estuvo presente, tomó nota y a partir de allí ha utilizado ese sistema ideado y perfeccionado por el comunismo soviético. Lo  adaptó  para América Latina, siendo hasta ahora el ejemplo más notable el Caracazo del año 1989  en Venezuela, donde actuaron los francotiradores cubanos, plantados por Castro con el fin de subvertir el sistema democrático. Hay que volver a lo relatado por el general Carlos Julio Peñaloza, quien describió con detalles lo que en esos días ocurría en Caracas y denunció la presencia y rectoría cubana en la tragedia nacional del Caracazo.

La organización del disturbio popular siempre fue un importante instrumento político del comunismo internacional, porque llena unos importantes requisitos: tiene el disfraz perfecto de una protesta “espontánea”, permite, de ser necesario, destruir o quemar pruebas de delitos anteriores, y desestabiliza al gobierno de turno. Además,  todo se logra sin que el verdadero autor del desastre se vea nombrado y luego se beneficia para aprovecharse de la situación.

Los recientes disturbios ocurridos en Ecuador son de manual.  Igual los de Chile. En Venezuela la orden de llevar a cabo  unas intempestivas elecciones universitarias, parece ser parte del mismo plan tanto más maquiavélico, que aun sabiendo de que se trata de una provocación, las victimas – todas las universidades autónomas del país –no podrán evitar de tener que contestar  en la calle el desafío a su autonomía. También  los posibles eventos que con toda probabilidad intentarán desestabilizar  a Colombia son claramente parte de un plan continental,  cuyo centro rector se mudó de Brasil  a México, para seguir contando con el paraguas de un gobierno establecido.

El plan que ya fue ejecutado múltiples veces desde que existe el comunismo, nunca ha fallado, pero quizás ahora, por ser conocido y demasiado evidente, no dé los frutos esperados.   Veo que tanto en el gobierno de Ecuador como en el de Chile, hay claridad en cuanto a de dónde viene el ensayo.  Las condiciones de ambos países siguen siendo las mismas que privaban en sus líneas generales bajo los anteriores gobiernos de Correa y Bachelet respectivamente, los reclamos no han cambiado, pero ahora, sin que quepa duda alguna, llegó el momento del disturbio violento con víctimas mortales.

La característica de ese tipo de disturbios es que como son planificados, sus dirigentes reciben instrucciones y operan azuzando a la gente con la excusa  o “causa” que tienen a mano (ej. precios, impuestos, etc., según cada caso), porque un grupo tiene definido el plan de acción. En cambio el disturbio verdaderamente espontáneo carece generalmente de venalidad y organización global. De allí es que se les identifica y, por cierto, no asustan.  Ejemplo: el caso de Hong Kong, que hasta ahora, no parece inquietar mucho al gigante chino.  No así el enredo de Cataluña, donde la reportada interferencia de agentes activos, como el ex refugiado durante años en la embajada de Ecuador, Julian Assange,   permite albergar sospechas.

Lo más grave de ese asunto, es la combinación  entre la facilidad de engaño a toda una población y lo sustentable del procedimiento   operado por más de un siglo.  Además que en vez de defender a la gente, la técnica parece al contrario haberse diversificado y fortalecido, para esclavizar a millones de personas de buena fe.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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