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JAIME GRANDA: Elecciones y escepticismo

Elecciones y escepticismo

 ***Lo ocurrido en el sur del continente americano refleja agotamiento de la democracia representativa y las elecciones populares.

 

Agenda Abierta – Jaime Granda

Dos décadas después del siglo XXI hay señales  sobre agotamiento del gobierno representativo, surgido en el siglo XVIII, y la, hasta ahora, estimada democracia representativa, surgida después de las revoluciones inglesa, norteamericana y francesa.

Lo ocurrido el pasado domingo, especialmente en el sur del continente americano, es parte de la acumulación de debilidades que desde un principio advirtieron sobre este sistema que reemplazó a la llamada democracia directa.

Toda esa historia fue resumida por el filósofo francés Bernard Manin, nacido el 19 de abril de 1951, en su libro Los Principios del Gobierno Representativo, publicado en español en 1998.

La institución central del gobierno representativo es la elección y todo apunta a que con ella la mayoría puede escoger como gobernantes a los mejores, “pero autores como Mosca y Pareto pusieron de manifiesto que más que elegir los electores a los gobernantes, los miembros de ciertas élites disfrutaban de los recursos (influencia, dinero, o simples dotes naturales) para hacerse elegir”.

“Rousseau veía un inmenso abismo entre un pueblo libre haciendo sus propias leyes y un pueblo eligiendo representantes para que les hagan las leyes”.

Lo que está ocurriendo en la América Española es un retroceso a esos viejos temores que confirman imperfecciones en el sistema electoral.

Parece llegado el momento de admitir que la paz y la ansiada felicidad para  todos, son promesas para consolar a los más golpeados, quienes deben enfrentar la triste realidad de que cada uno es responsable de lo que pasa en su entorno y por lo tanto no puede dejar su destino en manos de partidos políticos, grupos religiosos o grupos empresariales que no comparten equitativamente sus ganancias con sus trabajadores y evaden sus responsabilidades aliándose con políticos corruptos.

Las recientes elecciones en Argentina, Bolivia, Colombia y Uruguay merecen evaluaciones serias, más allá de las arcaicas definiciones de izquierda y derecha.

El irregular conteo de votos en Bolivia, por lo demás, pone a prueba los organismos internacionales creados para defender y consolidar el sistema democrático. El escepticismo alienta a supuestos opositores que, generalmente con intereses nada sanos, promueven la abstención que ayuda a los enemigos de la rotación, al gobernante que quiere eternizarse en el poder.

Los disturbios en Chile tienen su lado negativo. La excusa para protestar fue la revisión de las tarifas en varios servicios públicos, incluyendo el Metro de Santiago. Eso apunta a que el pueblo se acostumbró al parasitismo y a la corrupción, olvidando que todo servicio público debe producir para su mantenimiento y sus compromisos  laborales. El parasitismo es parte del populismo para ganar adeptos a costa del presupuesto nacional hasta que llega un momento en que no hay suficientes recursos para subsidiar lo que cada ciudadano debe costear. Eso se repite con cada crisis económica. Lo triste es que el pueblo no entienda que los destrozos al Metro y a cualquier servicio público o edificación pública, no afecta para nada al gobernante de turno, sino al propio pueblo.

En líneas generales se dice que los supuestos izquierdistas o socialistas son un desastre en economía con sus  controles a la producción nacional, precios y salarios, pero hay quienes votan por ellos.

Hay quienes alertan que la inestabilidad social, económica y política dejará en manos militares las soluciones, y eso es peor.

@jajogra

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