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JURATE ROSALES: Las principales fábricas de las “fake news”

Las principales fábricas de las “fake news”

 

Por JURATE ROSALES

Creo que fui la primera, en Venezuela, en alertar hace varias décadas sobre el peligro de las “fake news”. Si bien recuerdo, el término todavía no existía y eran unas simples “noticias falsas”. Sin embargo ya había de qué preocuparse y el pitazo de alerta lo había escuchado en la prensa alemana, la primera en buscar de dónde le venían esas notas que olían a subversión.

En todas las antiguas culturas existe el cuento acerca del “mentiroso” que ha sido descubierto y castigado. Cada país lo interpreta a su manera, pero todos tienen la fábula, el cuento o el dicho referentes al mentiroso y su  castigo. Sin embargo, eso era antes porque ahora no sólo no se castiga la mentira, sino que es utilizada masivamente en la forma de las “fake news” por toda clase de agrupaciones, incluyendo grandes instalaciones gubernamentales creadas y administradas para producir y diseminar la noticia falsa. Esa “industria” tiene ahora sus principales centros de “fabricación y distribución” en varios continentes.

En las industrias  gubernamentales de las “fake news”, hasta ahora el campeón mundial había sido Rusia, denunciada, como ya lo dije,  hace unos 20 años por haber creado en Petrogrado un centro de diseminación de noticias falsas; pero la gran sorpresa es que últimamente se habla de que el campeón continental para Suramérica estaría ubicado en Venezuela. De allí vendrían campañas de multiplicación por las redes sociales, con fines políticos internacionales y también con fines diseñados para cada región o gobierno. Localmente, su principal objetivo en este momento parece ser lo de anular en lo posible a Juan Guaidó y la labor del único organismo legítimo que nos queda de gobierno y que es la Asamblea Nacional.

Ese enemigo, porque sólo así puedo denominar la mentira diseminada por las redes sociales, es tan poderoso, que los más importantes gobiernos del mundo han sido, o son víctimas de él, sobre todo en materia de las campañas electorales. Alemania ha creado un laboratorio gubernamental, exclusivamente diseñado para proteger a la nación –y sobre todo a los votantes– de la penetración de campañas políticas basadas en la diseminación de noticias falsas. Su vecina Austria, al percatarse de que estaba en peligro de esa clase de influencias, tumbó un gobierno sospechado de utilizar una proyectada campaña de noticias falsas y llamó a elecciones. Las sacudidas que actualmente experimentan las democracias latinoamericanas poseen entre otros ingredientes, la instigación a través de la red. Se  aprovecha algún reclamo de cualquier tipo para incendiar la pradera mediante la influencia de las redes sociales.

Lo más grave es lo de mezclar reclamos justos con la incitación al disturbio violento, lo cual impide distinguir entre justos y pecadores. Llama la atención que esa misma violencia en la calle, según los países, se produce en campos totalmente contrarios, por ejemplo Hong Kong para exigir democracia y Chile para anularla. O peor: Bolivia para enfrentar a ambos reclamos y dividida entre dos bandos.  En unos está la explosión de un reclamo natural, pero en otros está presente un bien pensado y muchas veces probado programa del fomento y desarrollo del disturbio, disfrazado de “espontáneo” y nutrido por las víctimas de alguna campaña con noticias falsas. ¿Cuántos en estos casos son los agitadores entrenados que dirigen los disturbios y cuántos son las ingenuas víctimas de una hábil difusión de noticias falsas?

En la “técnica” desarrollada para crear el disturbio de tamaño nacional a partir de la diseminación de noticias falsas o manipuladas, el elemento principal es la mentira disfrazada de una “verdad” con el fin de engañar a grandes grupos de personas. El problema consiste entonces en aprender a distinguir cuándo una noticia es falsa o se sostiene en una “media verdad”, que a menudo es más engañosa que la mentira al 100 %.  Porque debido  a la electrónica, nunca antes en toda la Historia de la humanidad ha sido tan fácil engañar a tanta gente con tanta facilidad. Detectar cuál noticia es falsa se ha convertido en una defensa nacional de muchos países que han tomado este asunto como una tarea de primera importancia sobre todo, en tiempos de elecciones. Muchos otros todavía no se han percatado de que son ovejas y viene el lobo.

¿Cómo se combate la mentira cuando a uno le meten en la cabeza que se trata de una verdad? Para contestar esa pregunta me llamaron la atención unos recientes informes, emanados de la Universidad de San Petersburgo, sobre la actividad cerebral que ocurre cuando es creada una mentira. Según estos estudios, en el cerebro es el córtex prefrontal, conocido por sus implicaciones en los procesos cognitivos complejos, el que «administra» en cada mentiroso el sistema del engaño. Los investigadores, dirigidos por el profesor Maxim Kireev, llegaron a la conclusión en 2017, de que hoy es posible seguir el desarrollo de las conexiones entre áreas cerebrales que se activan y se comunican entre ellas en función del contexto psicológico. Observaron qué ocurre en las conexiones cerebrales  cuando la persona miente o tiene un comportamiento manipulador y sabe que no dice la verdad. Aparece entonces una duplicación en el hemisferio izquierdo entre el gyrus frontal medio y el gyrus frontal inferior. La asociación entre esos dos espacios cerebrales podría indicar la selección entre el discurso verídico y el mentiroso.

En cuanto al comportamiento del manipulador, se genera un aumento de las conexiones entre el gyrus frontal medio izquierdo y la junción temporo parietal derecha, lo cual permite al manipulador  colocarse mentalmente en el lugar de la otra persona. Según los investigadores, esto significa que mientras más manipula más le es posible al mentiroso colocarse bajo la perspectiva del sujeto que él quiere engañar para que el engaño fuese  más eficaz.

El estudio fue llevado a cabo por los científicos Kireev M., Korotkov A., Medvedeva N., Masharipov R. y Medvedev S. en el Instituto Bechtereva del Cerebro Humano, y publicado por la Academia Rusa de Ciencias  de San Petersburgo, Rusia.

Me llama la atención que todo eso pareciera congregarse en San Petersburgo, ciudad donde funciona el edificio que albergaba la fabricación al mayor de las noticias falsas, según fue detallado en la prensa alemana, cuando una periodista logró hacerse contratar dentro del personal que en varios idiomas producen las noticias falsas y posteriormente relató su experiencia en la revista semanal alemana Stern. Creo recordar que en aquel momento “Zeta” tradujo al español y reprodujo su reportaje. En ese tiempo se trataba de una novedad  de la que casi nadie se había percatado. Hoy el sistema proliferó al punto de convertirse en un problema global.

Llama la atención que ahora, según informan los seguidores internacionales de esa actividad, uno de los centros de producción en América Latina estaría en Venezuela mientras que otro tiene su “fábrica” en Cuba. De lo que sí estoy segura es de que la primera noticia que tuve de esa  “industria” fue  el reportaje acerca del edificio dedicado a esa producción en San Petersburgo. Hay que ver que la fórmula resultó exitosa.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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