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HÉCTOR PÉREZ MARCANO: ¿CUBAZUELA O VENECUBA?

¿CUBAZUELA O VENECUBA?

 

Héctor Pérez MarcanoPolítica Caribe – HÉCTOR PÉREZ MARCANO

Una de las tantas debilidades de la oposición venezolana que pretende desplazar al régimen encabezado por Maduro es el no tener una caracterización acertada del régimen que combate. Refiriéndose al tema, Colette Capriles publica un artículo denominado “Nuevas y viejas tiranías” en el que califica de académica la discusión. Yo considero que es un problema político fundamental y que la falta de una caracterización acertada  ha impedido tener una táctica y una estrategia eficaz para derrotar al régimen populista iniciado en 1999

Desde el año 2005 he insistido en que el régimen venezolano forma parte de una estrategia continental diseñada por Fidel Castro para crear  una correlación de fuerzas que fortalezca su vieja lucha anti imperialista. Esa política continental de Cuba reclutó a Chávez. En la década de los años sesenta del siglo pasado Cuba puso todos los recursos en el candelero para estimular la subversión. Armas, hombres y dinero se suministraban con mano larga y los movimientos subversivos –tal es el caso de Venezuela- competían para tener una mejor tajada de la solidaridad cubana.

El conflicto ideológico chino-soviético influyó en las decisiones cubanas. Fidel decidió terciar en ese conflicto y asumirse como centro de dirección revolucionaria.  Ya los partidos revolucionarios no serían pro chinos o pro soviéticos sino que estarían dirigidos –especialmente en el caso latinoamericano- desde La Habana por un secretariado político  presidido por Osmany Cienfuegos -hermano de Camilo- del que yo formé parte  que en el caso latinoamericano seguía la estrategia del Ché Guevara. No se olviden que había movimientos guerrilleros en Centro América –Nicaragua, Guatemala, El Salvador- en Colombia con las FARC y en Venezuela, considerada la joya de la corona, porque Fidel soñaba desde entonces con manejar el petróleo venezolano para influir en otros países tal como ocurrió en Bolivia y Ecuador.  Eran frecuentes las intervenciones cubanas con operaciones para llevar armas, dinero y combatientes cubanos a los escenarios de lucha. En Venezuela se depositaron armas de gran calibre en las playas de Falcón para sabotear el proceso electoral de 1963. Luben Petkoff y el entonces comandante Arnaldo Ochoa acompañados de quince cubanos más desembarcaron por las playas de Chichiriviche para incorporarse al Frente guerrillero que comandaba Douglas Bravo. Hacia oriente y el centro del país se dio el desembarco de Machurucuto y se planeaban dos desembarcos más para el oriente de Venezuela para fortalecer al frente guerrillero “Antonio José de Sucre”.

Todo ello se derrumbó con el fracaso del Ché en Bolivia y la derrota de la lucha armada en Venezuela. Los cubanos regresaron a la isla y fueron enviados a Angola y otros escenarios africanos en los que conquistaron glorias y fama como fue el caso del general Arnaldo Ochoa, vilmente sacrificado después para salvar el honor de Fidel y Raúl Castro.

La estrategia continental de Cuba es cambiante. Tiene un centro de dirección que ya no es Cuba solamente, ahora está más organizada y su centro de dirección estratégica y política es ahora el llamado Foro de Sao Paulo. De allí parte la política de desestabilización de los países latinoamericanos, asunto fácil.

Cuba y Venezuela están dirigiendo, a través del Foro de Sao Paulo, la subversión  para lo cual cuentan también con la participación de movimientos como Hezbolá, Daesh, Irán y otras organizaciones terroristas. Venezuela es la gran base de apoyo y junto con las directrices cubanas, que privan sobre Venezuela, se organizan células para cumplir su misión desestabilizadora.

Precisamente la falta de caracterización acertada del régimen venezolano impide que la respuesta de los regímenes amenazados sea coordinada y organizada de acuerdo al peligro que representa.

Lo que está en peligro hoy en América Latina no es Piñera o Lenin Moreno, ¡no! Es el sistema democrático y la libertad. La democracia  cobija en su seno a sus adversarios que  se encarnan en lo que Capriles llama “Nuevas tiranías” que conducen a regímenes totalitarios.

Pero esta tendencia no es solo latinoamericana obsérvese como se fortalecen en Europa los partidos de la ultra derecha –como Vox en España- hasta el punto de que un nazi ganó las elecciones en una alcaldía de Alemania. Las políticas reaccionarias de Trump en USA tienen acogida en un sector muy grande  de la sociedad norteamericana. Se puede afirmar que el fascismo resurge y los políticos xenófobos, racistas y populistas avanzan con su antipolítica, tal  los casos de Italia y Ucrania.

El caso de Venezuela es patético. Luchamos contra un alto mando militar vinculado al tráfico de drogas denominado “Cártel de los soles”. Rusia apoya al régimen pues obtiene grandes ganancias con su solidaridad y controla ya la destruida industria petrolera. Venezuela es hoy una base militar rusa a 90 millas de USA, como en 1962; un diario norteamericano denunció que a Venezuela llegan  aviones rusos que además de transportar armas y tropas trasladan también maletas llenas de dólares y euros en efectivo para suministrarle a Maduro los recursos que necesita para seguir desarrollando su política populista.

Estamos pues ante una guerra asimétrica; por tanto es legítimo que la Asamblea Nacional, encabezada por Guaidó, busque aliados que le permitan equilibrar la lucha. No hay que ruborizarse por plantear el uso de los recursos como el TIAR que la política internacional permite. Los enemigos son poderosos y tienen  muchas formas para burlar el bloqueo.

Es alarmante la falta de rigor para abordar el tema, lo cual facilitó que Chávez armara todo el tinglado legal que le permitiera controlar a la sociedad y conformar un estado poderoso que debilitó a la sociedad civil y sus organizaciones.

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