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Carlos Canache Mata: Cuando se pone el sol, Bolivia y Venezuela

Cuando se pone el sol, Bolivia y  Venezuela

 

¿Adónde vamos? – Carlos Canache Mata

Los gobernantes autoritarios olvidan, generalmente, que hay ocasiones en que llega la hora de irse. Como una vez dijera el escritor y político nicaragüense Sergio Ramírez, “el poder para siempre no existe”. No sólo porque, al que lo ejerce, la muerte le marca un tiempo finito, sino porque también eventualmente la realidad y el contexto histórico en que se mueve y desenvuelve, así se lo imponen.

Es lo que acaba de ocurrir, en Bolivia, con Evo Morales, quien en el año 2006 alcanzó, por la vía del voto, la presidencia de la república, convirtiéndose en el primer indígena que accede a ese cargo en su país. En el año 2009, hizo modificar la Constitución en la que quedó establecida una única reelección consecutiva, lo que significaba que podía nuevamente ser candidato y presidente para el período constitucional siguiente, como en efecto lo fue. Es entonces cuando comete su primera trastada: pidió y logró que el Tribunal Constitucional hiciese una interpretación de la Constitución conforme a la cual ese período, que era el segundo, fuera considerado el primero bajo la nueva carta magna (esa interpretación errónea es lo que se llama, en doctrina, “falseamiento constitucional”). Así pudo ser postulado y ser presidente por tercera vez para el período presidencial siguiente, que, en virtud de su primera trastada, había pasado a ser la segunda vez, mandato que estaba en curso cuando, adelantándose al agotamiento del alcance de la decisión complaciente del Tribunal Constitucional, incurre en su segunda trastada: busca una reforma constitucional que lo habilitara para un cuarto mandato presidencial consecutivo, pero el 21 de febrero del año 2016 un referéndum popular le negó la posibilidad de volver a postularse para el período que comienza en el año 2020. Le había llegado la puesta del sol, pero de nuevo el Tribunal Constitucional le tiende la mano con la interpretación de que la Convención Americana sobre Derechos Humanos (suscrita en San José de Costa Rica el 22 de noviembre de 1969) le permite postularse una vez más, al considerar que esa Convención ampara su “derecho humano” a ser elegido, por encima del referéndum popular que perdió y de lo que diga la Constitución del año 2009, cuyo artículo 168 fue declarado inconstitucional. El Tribunal Constitucional hace esa interpretación que no le corresponde porque el artículo 62, numeral 1, de esa Convención establece “la competencia de la Corte (Corte Interamericana de Derechos Humanos) sobre todos los casos relativos a la interpretación o aplicación de esta Convención”.

El domingo 20 de octubre de este año 2019 se realizó la elección presidencial y de parlamentarios; en la noche de ese día, cuando ya se había llegado al 83% de los votos escrutados y el resultado obligaba a una segunda vuelta electoral entre Evo Morales y Carlos Mesa (según la ley, un candidato, para ganar en la primera vuelta necesita obtener el 50% más uno de los votos o lograr el 40% y tener una diferencia al menos de 10 puntos porcentuales sobre el segundo) sorpresivamente se interrumpió el conteo rápido de los votos presidenciales y al día siguiente, al reanudarse el sistema y llegarse después al 100% del escrutinio, la diferencia aumentó a más de 10 puntos (47,08% frente a 36,51%), lo que, de inmediato, otorgaba la victoria a Morales en primera vuelta.

Inmediatamente estallaron gigantescos movimientos populares de protesta en los nueve departamentos del país, toma de calles, barricadas, bloqueos viales, incendio de algunos tribunales electorales departamentales y, el miércoles 23, el Comité Nacional  de Defensa de la Democracia (Conade) anunció un paro nacional indefinido, liderado fundamentalmente por el departamento de Santa Cruz, región motora del desarrollo económico nacional. Se podría decir que se estaba en presencia de una verdadera rebelión popular, a la que se sumó el repudio de los países democráticos de la comunidad internacional contra el fraude.

Hay que precisar que la gestión económica del gobierno de Evo Morales ha tenido éxitos, al punto que ha habido, y se le reconoce, un crecimiento sostenido del PIB, control de la inflación, disminución de la desigualdad y disminución de la pobreza. Si esto es así, entonces no cabe duda de que fue el fraude electoral, una causa política, la que originó la rebelión popular, que tuvo la deriva de la renuncia de Morales “sugerida” por el sector militar y su posterior exilio.

Aquí en Venezuela, el gobierno dictatorial de Nicolás Maduro, que ha fracasado, a nivel de catástrofe, tanto en el orden político como en el orden económico, debiera elevar la mirada al cielo y ver la puesta del sol.

 

 

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