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JAIME GRANDA: El voto y la lección boliviana

El voto y la lección boliviana

 ***Cuando los opositores de un gobernante que no quiere soltar el cargo no votan, están permitiendo que prolongue su mandato. 

 

Agenda Abierta – JAIME GRANDA

Los acontecimientos que terminaron con la salida de Evo Morales aportan muchas lecciones que deben servir de referencia a todos los países latinoamericanos.

Como dijimos en columnas anteriores, la democracia representativa permite gobiernos dominados por élites que excluyen y descalifican a las masas. En Bolivia, la discriminación de los indígenas fue dominante hasta que apareció Evo, hijo de esos grupos étnicos que solo son tomados en cuenta para su explotación laboral y a la hora de buscar sus votos.

Las lecciones que deja la salida de Evo incluyen que hasta los indígenas bolivianos, sacados del anonimato, aprendieron la inconveniencia de que un solo individuo se eternice en el poder. Cuando Evo evadió los resultados de la consulta popular que le negaba esa posibilidad, los propios indígenas lo criticaron.

Más allá de los manipulados términos de izquierda y derecha, es evidente que los indígenas bolivianos crecieron políticamente y rechazan la pretensión de los socialistas latinoamericanos.

En Venezuela, con el desaparecido Hugo Chávez paso algo igual, pero muchos opositores minimizaron las protestas para aprovechar la extensión de reelecciones indefinidas para gobernadores, alcaldes y otros cargos, para mantenerse como tales.

Pero la mayor lección del pueblo boliviano es demostrar que frente a ese tipo de gobernantes, lo aconsejable es participar en todas las elecciones porque cuando esa participación es apropiada se minimizan las posibilidades de que cualquier fraude quede impune. Cuando los opositores de ese tipo de gobierno no votan, están permitiendo que prolongue su mandato.

La tendencia de la mayoría de quienes opinan sobre lo ocurrido en Bolivia es a considerar que es una señal del derrumbe del proyecto socialista impulsado por Rusia desde Cuba para toda América. Eso no es totalmente cierto y ahí están los hechos en México, Argentina y lo que comienza a perfilarse en Brasil.

Es difícil no admitir que Evo Morales, venido de las filas de la dirigencia sindical, resultó un buen presidente. Las cifras económicas que manejan los organismos internacionales muestran que Evo fue menos dogmático y sacó de la pobreza a muchos bolivianos, mientras que Chávez y Maduro acabaron con la clase media en Venezuela y convirtieron a un país rico en uno de los más pobres en la actualidad.

Un pequeño detalle muestra esa realidad. El pasado primero de mayo, Día Internacional del Trabajador, Evo Morales subió 3% el salario mínimo de los bolivianos con lo que pasó de un equivalente de 295 a 304 dólares americanos. Maduro en Venezuela lo elevó a un equivalente cercano  a 7 dólares americanos.

Bolivia dejó de ser el país más pobre de América y todos reconocen que hace 13 años su salario mínimo era de 57 dólares americanos.

Esas cifras apuntan a la necesidad de no generalizar con el desempeño de los gobiernos socialistas que poco a poco van aprendiendo que la economía es lo más importante para los pueblos.

A estas alturas, es de esperarse  que el gobierno que venga no destruya lo bueno dejado por Evo alegando ser contrario  a la ideología que movió al hoy saliente presidente ni pretenda seguir excluyendo a los indígenas.

El resto de América debe aprender que no es sano que en democracia plena, más que partidos lo que domine el comportamiento de gobernantes sea el personalismo que deja a los partidos sin candidatos preparados para una eventualidad como la que vive ahora el MAS boliviano.

@jajogra

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