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ALFREDO MICHELENA: 16N y lo que viene ahora

16N y lo que viene ahora

Por ALFREDO MICHELENA

¿Hubo bastante gente en las manifestaciones del 16N?, esa la pregunta que muchos nos hacemos. Pues a pesar de las enormes críticas y el desasosiego que se ha instalado en algunos, todos sabemos que de esto depende nuestro futuro.

Lo único que tenemos la gente de a pie, son las  acciones de calle y el voto, si queremos posibilitar el cambio. Por su parte, para mantenerse en el poder, el régimen necesita manipular estos dos procesos. Es precisamente, lo que hace desde hace años.

Creer que la lucha política es lineal y no tiene subidas y bajadas, así como avances y retrocesos, es una ilusión peligrosa que, a su vez, genera frustración.  Pero descartar la lucha en cualquier espacio es algo aún peor.  Cuándo y cómo saldremos de esta pesadilla son las interrogantes que todos nos hacemos. Por  esto, vale la pena recordar que hace semanas nadie creía que Evo Morales estaría fuera del poder.

Son muchos los pilotes de sustentación del régimen y muchos frentes de confrontación que están abiertos, y en cada uno hay que dar la pelea.

 

El poder de fuego

Se ha repetido una y otra vez que lo que sostiene a Nicolás Maduro en el poder son los militares y eso es verdad, pero no es toda la verdad.  Para comenzar –parafraseando a Max Weber- diríamos que ellos tendrían el control, pero no el monopolio del ejercicio de la fuerza, por la cantidad de grupos armados irregulares (FARC, ELN, bandas criminales, narcos, etc.) que actúan por la libre, cobijados bajo el ala del régimen. Este carácter delincuencial (“pranato”) ha facilitado su permanencia en el poder al permitir transacciones fraudulentas, en especial de oro y otros metales de alta y reciente demanda, además  de los diamantes, y entre otros medios por el lavado de dinero y el narcotráfico, que permiten que reciban divisas para sobrevivir y seguir robando.

 

Volviendo a lo militar, si bien Hugo Chávez desde el principio corrompió y cooptó a los militares, siempre hay un punto de quiebre en el que todo puede cambiar. Con sus diferencias así pasó en Bolivia. Evo  nunca se imaginó lo cerca que estaba de que sus militares le sacaran la alfombra.

 

Lo institucional

Pero hay más patas en esta mesa venezolana, tales como el control de los poderes institucionales del Estado, aunque allí la victoria en las elecciones de la Asamblea Nacional, del 2015, rompió ese control total que tenían los maduristas. La oposición reunida en la MUD, le arrebató el poder legislativo.

Fue haber ido a esas elecciones, lo que ha permitido la creación de un poder democrático alternativo frente a otro dictatorial violador de derechos humanos, así como que desde principio de año tengamos un gobierno interino reconocido por más de 50 países y que la voz “oficial” de los demócratas venezolanos se escuche en el mundo.

 

Lo internacional

El régimen cuenta, en lo regional,  con el Foro de São Pablo, que articula a todos los partidos, movimientos y ONG de izquierda castrochavista, mientras que su cara edulcorada es el Grupo de Puebla.  Además de que allende de los mares, descansa en el  Grupo de Países No Alineados  logrando apoyos, por ejemplo,  en las organizaciones multilaterales como la ONU. Y ha conseguido mediatizar a la Unión Europea a través de la España del PSOE, lo que ahora será peor con la alianza del PSOE con Podemos y el catalán Josep Borrell al frente de la política internacional de esa Unión Europea.

Además está  el soporte dado al régimen por las potencias extracontinentales de China y Rusia, y otras no tan “potencias” como Turquía e Irán,  y de varias organizaciones terroristas internacionales. Ellas le permiten circunvalar las sanciones internacionales que le fueron impuestas por diversos países.  Por cierto,  no hay que olvidar que España se ha convertido en el paraíso de los corruptos venezolanos.

Por el otro lado, la oposición, con Juan Guaidó a la cabeza, ha logrado instalar un gobierno interino reconocido por más de 50 países. Ha reconquistado espacios en la OEA, el BID, el TIAR y otros organismos regionales. Ha establecido un nutrido grupo de embajadas en varios países. Ha movilizado ayuda humanitaria a nuestros migrantes y participado en organizaciones como el Grupo de Lima orientado a rescatar la democracia en Venezuela. También se ha logrado sumar a más países en las sanciones contra los funcionarios del régimen.

 

Los errores de la oposición

Sin embargo, lo que más ha hecho daño a la lucha por la democracia son el debilitamiento y los desencuentros de la oposición. Y en esto el régimen ha tenido un papel clave. Claro, que también están los errores propios. Baste recordar la abstención en la elecciones parlamentarias de 2005. O la falta de acuerdo sobre la mejor estrategia para sacar a Maduro del poder, luego de conquistar la Asamblea Nacional.

Lo cierto es que, dando tumbos y todo, hemos avanzado en lo que los demócratas podemos avanzar: en el poder del voto. No solo hemos conquistado la Asamblea Nacional, sino que Maduro no resiste unas elecciones medianamente limpias.

Por esto, una acción clave del régimen es neutralizar y atomizar a la oposición.

Chávez nos aturdió con la avalancha de dólares. Ella hizo olvidar a muchos que íbamos hacia el  precipicio y hasta aquellos que sí se percataban de lo que venía, decidieron disfrutar mientras se pudiera. En estos largos  20 años, hemos pasado por el trapiche a al menos una docena de dirigentes que han servido como chivos expiatorios de nuestros pecados colectivos. Y ahora se enfilan las baterías contra Juan Guaidó y su entorno.

        

La campaña antioposición

El pranato madurista ha  desarrollado una sistemática campaña de desprestigio en contra de nuestros dirigentes y de nuestras organizaciones, hurgando mórbidamente en lo que nos separa. Han sido hábiles promoviendo las divisiones  y sembrando la desesperanza entre nuestra gente. Es el síndrome del “worn out” o agotamiento, que ha llevado a algunos a sentir que nada de lo hecho o por hacer tiene sentido.

Todos pensamos, con razón, que en esto actúa el G2 cubano y otros servicios de inteligencia del grupo de países ya mencionados, y, claro, el de Venezuela. Pero en esta molienda de líderes y esperanzas, están lamentablemente un grupo de venezolanos que se proclaman antimaduro; pero también antioposición organizada. Unos son “tontos útiles” (Lenin dixit) y otros muy vivos tratando de reinar en la obscuridad o, mejor dicho, en el caos –para no hablar de los pagados.  Otros de buena fe confunden lo que se debería hacer con lo que se puede hacer, y lanzan sus inquinas contra los que no hacen lo que ellos pontifican como el “debe ser”, olvidando, repito, que una cosa es querer y otra es poder.

En esta estrategia actúan entre otros, el “ejército de trolls de la revolución bolivariana” y varios medios y periodistas nacionales e internacionales que se presentan cono neutros -¿eso existe?; pero que en realidad son afectos a la revolución -ideológica o crematísticamente- e incluso algunos de los líderes criollos, o más bien influencers pues no tienen votos ni organización sólida, que quieren imponerse como los nuevos salvadores de la patria.

 

El regreso a la lucha

No es tanto que Maduro esté fuerte, que no lo está. Es que el balance de poder todavía no nos favorece; por eso precisamos aumentar y consolidar nuestra capacidad de enfrentar al enemigo en todos los frentes para provocar la fractura del régimen. Para eso necesitamos a todos empujando para el mismo lado, porque de lo contrario  el cambio será más difícil de alcanzar.

 

La nutrida respuesta de los venezolanos al llamado de Juan Guaidó el 16N a tomar las calles y a mantener la presión es un fuerte aliento de esperanza que muestra una Venezuela que no se rinde y que está dispuesta a seguir luchando; y no solo en Caracas, sino en todo el país.  En palabras del presidente interino y activo, Juan Guaidó, hemos visto a una ciudadanía empeñada en construir capacidades para la lucha.

No hay que dejarse engañar con cantos de sirena. Ya a estas alturas deberíamos saber que la salida de esta pesadilla no es fácil. Que esto no es una competencia floral, que depende de nosotros y no de lo que hagan otros -la comunidad internacional va a apoyar pero no a “tumbar” a Maduro. Aguanten, que el camino está lleno de escollos y habrá avances y retrocesos hasta que se produzca el quiebre y más allá.

Este no es un cuento de hadas con salidas mágicas, donde el bien triunfa sobre el mal de manera radical en una sola escaramuza… y “colorín colorado este cuento se ha acabado”. Sabemos, porque lo hemos vivido, que una vez reconquistada la democracia ella puede volverse  a perder si no luchamos por mantenerla. “El que se cansa pierde”.

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