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RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ: Reconstrucción democrática

Reconstrucción democrática

Tiempo de verdades – RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ

Frente a las movilizaciones y masivas protestas que han sacudido a distintas democracias latinoamericanas, en apariencia con menos factores de malestar social que la tragedia que agobia al pueblo venezolano, se ha querido conjeturar sobre la pasividad, la resignación o la poca voluntad de lucha de nuestra ciudadanía. Nada más alejado y contrario a la realidad.

Desde hace más de veinte años, la sociedad Venezolana ha librado un incansable e incesante combate contra la pretensión  bárbara, incivil y arbitraria, de imponer un sistema de hegemonía y dominación. Ha sido una lucha en todos los terrenos: en las protestas de calle donde la represión ha cobrado centenares de víctimas; en el reclamo y en la reivindicación social; en la universidad y en el no menos importante escenario de la participación electoral; terreno donde ha logrado infringirle al régimen costosas derrotas.

Cómo comparar entonces dos décadas de resistencia y decisión indoblegable de contención al autoritarismo con el desenlace violento de la situación boliviana, donde luego del fraude electoral de Evo Morales la mayoría del país se lanzó a las calles a reclamar su triunfo desencadenando el pronunciamiento militar. Cómo establecer punto de medición con las movilizaciones indígenas ecuatorianas, prontamente conjuradas por un proceso de diálogo y negociación abierto por el gobierno. Cómo establecer paralelismo con la indeseada violencia y anarquía que han marcado los acontecimientos chilenos, e incluso con las escaramuzas que han marcado el paro nacional de la pasada semana en Colombia.

Contra la reflexión de quienes no encuentran explicación a la relativa calma que en la actualidad marca la vida venezolana, hay que decir que la explicación de esta realidad no está en la gente, que por dos décadas -y en todos los escenarios y con el mayor valor- ha demostrado en la calle su oposición a un régimen esclavizante y hambreador, sino  en una dirigencia que por veinte años ha reiterado viejos y nuevos errores sin dar “pie con bola“ en el diseño y en la implementación de una estrategia siempre fracasada y errática que ha permitido la prolongación del desastre.

Desde el “Chávez vete ya” del 2001, pasando por el paro petrolero, el paro cívico, el golpe de abril de 2.002, y más tarde la abstención electoral del 2.005, hasta los más recientes de la llamada “salida “ y la política de “calle… Calle… Calle“, ninguno tuvo un diseño estratégico y ni una valoración de la correlación de fuerzas que los condenaba de antemano al fracaso. Aventurerismo, subjetivismo, voluntarismo y protagonismos personales que no solamente dejaron un saldo trágico de muertos, heridos y presos, sino que fomentaron (como es lógico) el repliegue de la ciudadanía y una situación de decaimiento, desconfianza y desconcierto, afortunadamente reversibles en una y otra oportunidad.

En honor a la verdad histórica, hay que decir que en la conducción opositora no todo han sido desaciertos ni dislates. Luego de los sucesivos errores que condujeron a la abstención de 2.005, la dirección de las fuerzas democráticas emprendió un lento y tesonero trabajo de rectificaciones y relanzamiento de su estrategia que significó una acumulación y aglutinamiento de voluntades que tuvo su momento de gloria en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2.015 cuando se le infringió al gobierno una contundente y dolorosa derrota, que debía haber sido el antecedente de la liquidación del régimen y que lamentablemente naufrago entre rivalidades, protagonismos y jugadas  adelantadas.

El pueblo venezolano ha demostrado mayor capacidad de protesta, activismo y movilización que cualquier otro en el continente. “La aparente calma” que el gobierno se encarga de publicitar dentro y fuera del país, solo será una situación transitoria destinada a transformarse en activismo y lucha cívica cuando un liderazgo que se conecta e intérprete a las grandes mayorías marque un rumbo asertivo, una estrategia con los pies en la tierra que ponga fin a este malhadado gobierno e inicie la reconstrucción democrática de Venezuela.

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