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ALFREDO MICHELENA: El régimen juega duro ¿y tú?

El régimen juega duro ¿y tú?

Por ALFREDO MICHELENA

En un país tan polarizado como Venezuela quizás no quepa aquella propuesta de un “tercer lado”, que por allá a principios de siglo nos trajo William Ury. Todos sabemos que, aunque en general la lucha política no es suma cero, así está planteada en el país, al menos por muchos.

 Éxitos y fracasos

Hemos insistido en que, para que se produzca la deseada transición hacia la democracia, debe haber un quiebre en la estructura de poder del régimen de Maduro. Este pasa por la ruptura de sus principales soportes, en especial el aparato militar. Puede ser provocado de muchas formas, desde un golpe militar interno o una invasión externa, hasta  fuertes manifestaciones de calle, pasando por  una presión internacional poderosa y unas negociaciones, que al final lleven a unas elecciones libres y justas. Eso que en teoría puede estar claro, en la práctica es harto complicado; pues en el fragor de la lucha nadie sabe a ciencia cierta cuál de ellas es la que permitirá esa ruptura.

La fuerza de la oposición ha ido creciendo electoralmente hasta que conquistamos la Asamblea Nacional. El repudio al régimen y nuestra posición internacional han avanzado a pasos agigantados. En este sentido casi 60 países reconocen el gobierno (i) de Juan Guaidó y existe una coalición internacional que está enfrentando al régimen, ejerciendo una presión creciente. En lo doméstico se han planteado varias estrategias para dar al traste con el régimen, algunas pasivas y muy poco probables, que van desde la intervención militar extranjera  hasta la renuncia de Maduro. Otras activas, como la del quiebre militar, las luchas de calle y las negociaciones para llevarnos a unas elecciones libres y justas.  Estas últimas “por  ahora” no han resultado: Maduro sigue allí. Pero, ¿deberíamos descartarlas? No. No deberíamos, pues en cada momento las circunstancias están cambiando y aunque no se aprecie a simple vista, muchas de estas acciones socavan al régimen. Un régimen que se debilita día a día. Además,  lo que no funcionó hoy, puede hacerlo mañana, si no miren el caso boliviano.

          Los culpables

Ya en Venezuela pocos hablan de las bondades del chavismo – ¡líbreme Dios!-; pero muchos siguen buscando la piedra filosofal que nos saque de esta pesadilla lo más rápido posible, cuando no hay salidas mágicas.  Esto da pie para que  los líderes de las salidas pasivas, esas de “sentarse a ver el cadáver del enemigo pasar”, hayan sacado su armamento pesado para destruir al gobierno interino de Juan Guaidó.  Aunque este ha alcanzado más que ningún otro líder en un año, se han enfilado en un ataque desalmado.

Hay que reconocer que  ha habido jugadas que no salieron bien, como la del 23 de febrero y el intento de levantamiento militar del 30 de abril, o las negociaciones internacionales. Se puede haber pecado de voluntarismo y de aquello tan venezolano de “como vaya viniendo vamos viendo” (Eudomar Santos dixit), así como de no lograr separar lo ejecutivo de lo legislativo, o de ser demasiado lentos y pesados  para adaptarse a la cambiante realidad de la refriega política. Hay que entender que este es un gobierno que actúa como un cuerpo colegiado, cuando se sabe que desde que Lenin inventó el partido de cuadros, en este tipo de circunstancias estos cuerpos son poco eficientes. Esto no es “soplar y hacer botellas”. Es que el régimen también juega y  juega duro, y a cuadro cerrado.

Sin embargo,  una cosa es decir que se han cometido los errores y otra  decir que “la oposición”, es decir toda la oposición, es corrupta y se ha vendido. No es de  negar que estos personajes nefastos existen como en cualquier grupo humano, sino que promover tal conseja, fomentada y repetida por el régimen y sus mecanismos mediáticos, y por unos “tontos útiles” y otros no tan tontos, solo favorece al enemigo al diezmar a la oposición.

No se trata de esconder a esos conquistados para “el lado obscuro de la fuerza” (Star Wars dixit). Los que tengan que denunciar algo, háganlo, pero con pruebas en la mano. Con esto nuestros líderes tienen el deber de actuar y corregir lo que se deba corregir. Pero no nos hagamos eco de rumores e intrigas.

          Los diversos tableros

Hay que entender que el régimen se ha preparado durante 20 años para eternizarse en el poder. Tiene muchas facetas y acciona con rudeza. Toca entender cuál es la estrategia y las fortalezas del régimen. Y más que eso, los diversos tableros en que se da esta compleja lucha.

En el régimen están organizados en un solo partido, soportado por un solo aparato: el Estado, lleno de dinero y poder de fuego, y posee una plataforma internacional activa y actuante.

Así como los demócratas buscan quebrar la estructura de poder del régimen, éste necesita quebrar la estructura de la oposición. Y si bien el régimen es un desastre económicamente hablando, ha creado una crisis humanitaria brutal que ha sacado a cerca del 20 % de la población del país y es repudiado por el 90 % de la población, sabe que, aunque débil, el balance de fuerzas aún lo favorece y por ello su objetivo es fortalecerse donde pueda y debilitar a la oposición. Para entender cómo lo hacen hay que recorrer varios puntos:

Primero, ellos no transitan con la lógica de la madre buena de la historia del rey Salomón. Ellos actúan como la mala quien prefería que cortaran al niño. Es como los obreros que van a una huelga sin importarles hacer quebrar la empresa y perder sus trabajos. Si Venezuela se hunde, a ellos no les molesta; pues están “forrados de dinero”, pese a que  algunos lo hagan por ideología: “patria socialista o muerte”.

Segundo, desde el comienzo, Chávez cooptó y/o corrompió a los militares, poniéndolos donde “haiga”-como dice el dicho criollo-, cambiando la meritocracia por la lealtad política, destruyendo la jerarquía castrense e incorporándola al aparato del Estado, fuera de sus funciones profesionales.

Tercero, han establecido alianzas estratégicas con potencias extracontinentales, como Rusia y China y otros países no democráticos, como por ejemplo Turquía e Irán, e incluso han mediatizado a la Unión Europea. Y en la región han expandido los tentáculos del castrochavismo a través de, entre otros, el Foro de São Pablo y ahora el Grupo de Puebla.

Cuarto, han financiado a partidos y movimientos en el exterior para debilitar a los países que apoyan la vuelta de la democracia en Venezuela, y promueven la no intervención, a fin de que los dejen hacer lo que quieran. Pero más importante es que  se han sometido  a las apetencias de la Cuba castrista a la que nadie, o pocos, osan  cuestionar y menos actuar en consecuencia.

El pranato y acción doméstica

Quinto, han armado un estado delincuencial o “pranato”, en el cual se articulan organizaciones políticas extremistas como las guerrillas colombianas o islámicas, así como bandas criminales nacionales e internacionales que sirven también de sustento y defensa. Además estas son fuente de financiamiento, en especial frente a las sanciones de EE.UU., Europa y parte de los países miembros del Tiar.

Sexto, han creado un mecanismo de reparto de la escasa renta petrolera que nos queda, no sólo para robar, sino para hacer a la población dependiente y controlar una parte importante de ella.

Séptimo, han montado un aparato comunicacional de guerra mediática muy eficiente. No sólo es que han cancelado los medios independientes, sino que han creado un ejército de “trolls” y medios electrónicos e impresos, nacionales e internacionales, con periodistas afines al “proceso” -o al dinero-, que actúan para convertir las diferencias en cismas irreconciliables y crear divisiones, desconfianza y pugnas dentro de la oposición.

Octavo, están financiando o apoyando directa e indirectamente a líderes e “influencers”  de la oposición, que o buscan posicionarse mejor para la transición, o se venden al mejor postor, o simplemente son los famosos “tontos útiles”  a los que ya se refería Lenin y que usó para llegar al poder.

Balance de fuerzas

En cada uno de esos puntos o tableros se viene dando una pelea para debilitar al régimen. Se trata de neutralizarlo y debilitarlo  internacional y domésticamente hasta quebrarlo y promover la transición. Por esto nuestra lucha es tan compleja.  Y en ambos ámbitos la unidad de la oposición es clave, por eso el régimen  actúa para fragilizarla  y atomizarla.

El régimen no necesita estar fuerte: sólo estar más fuerte que la oposición. A este fin, sus acciones se orientan a debilitarla y dividirla. Es central en su estrategia fragmentar las fuerzas opositoras e incluso ponerlas a pelear entre ellas, para desgastarlas.

En lo doméstico, el régimen  promueve la creación de mesitas de diálogo, de partiditos y movimienticos políticos; impulsa la destrucción de los líderes opositores; persigue y mete presos a algunos y crea dudas sobre todos promoviendo la antipolítica; exacerba  las diferencias entre los “pasivistas” que  esperan que otros (los gringos) les resuelvan el problema, y los “activistas” que apuestan por el voto y la movilización de las fuerzas internas en lo doméstico, y la presión internacional para que en últimas se den unas elecciones transparentes.

En lo internacional, el régimen crea y promueve grupos alternos de apoyo y negociación; da soporte a una camada de líderes venezolanos críticos descarnados del gobierno de Juan Guaidó y promueve la falsa ilusión de una salida rápida a través de una intervención internacional.

Así las cosas, a los venezolanos de a pie, que miramos este espectáculo, sólo nos queda pensar si nos replegamos y nos sometemos a esta desgracia, o si por el contrario seguimos activos en la lucha. Una posición pasiva y “pasivista” sólo favorece al régimen. Solamente la lucha, aunque tenga subidas y bajadas, es la única opción que tenemos. Rendirse no es una opción.

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