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RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ: Cómo relanzar a la oposición venezolana

Cómo relanzar la oposición venezolana

 

Tiempo de verdades – RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ

Hace exactamente un año, la sociedad venezolana (desolada por la terrible crisis que destroza al país en todos los órdenes) se debatía entre la incertidumbre, la pasividad y la resignación y nada parecía revertirla en el corto plazo. La instalación de la directiva de la Asamblea Nacional en enero de este año y la irrupción del liderazgo de Juan Guaidó fueron un sacudón a las conciencias y accionar de los venezolanos. El pueblo se sintió atraído por el carisma y el mensaje de aquella joven figura, que con lenguaje directo prometía enmendar los múltiples errores del pasado y marcar una conducción asertiva y exitosa que permitiera materializar la transición respaldada por más del 80 % de los venezolanos.

El impacto del “fenómeno Guaidó” se amplificó con un contundente respaldo internacional. Los países y bloques de naciones más importantes del mundo reconocieron y respaldaron la presidencia interina del jefe parlamentario, construyendo una amplísima coalición que garantizaba disponer de las fuerzas suficientes para impulsar el cambio. La trilogía de objetivos: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres parecía corresponderse con las fuerzas y medios disponibles para alcanzarlos.

Desafortunadamente, la trilogía asumida como un dogma de fe, en cuanto a los objetivos de la lucha, pronto se mostró desfasada de la realidad.

“El cese de la usurpación” colocado como primer e inmodificable propósito se hizo renuente a materializarse. Aun cuando a la gente no se le hablaba claro explicándole conqué “se comía eso” era evidente que el cese de la usurpación solo podía producirse por una renuncia voluntaria del presidente Maduro –descartada de antemano- o por un hecho de fuerza –intervención militar endógena o invasión militar foránea- y en este último caso, se ha demostrado fehacientemente que ambas opciones son de remota o imposible consecución.

El transcurrir de los meses, sobre todo a partir de la fracasada opereta del 30 de abril, dejó la política del llamado mantrax o dogma trinitariosin asidero ni posibilidades reales de cumplirse. Era el momento de una evaluación de fuerzas, de un estudio sobre el terreno de las condiciones objetivas, de medir la factibilidad de la estrategia trazada y de reformular y ajustar la estrategia relocalizando los objetivos.

Estaba claro que si no se le ofertaba a la gente una nueva ruta, un nuevo camino hacia la tan anhelada transición, las fuerzas mostradas en la calle comenzarían un lógico repliegue y desmovilización, como ya había sucedido recurrentemente durante dos décadas. La “guinda del pastel” fueron las bochornosas e impúdicas acusaciones de corrupción que han llovido sobre diputados y dirigentes opositores, señalándose unos a otros de incurrir en prácticas corruptas y malsanas que nada tendrían que envidiar a los más prominentes cleptómanos del régimen.

Reconstruir la oposición Venezolana; devolverle credibilidad, legitimidad y el respaldo de esa inmensa mayoría de venezolanos que con urgencia desean salir del desastre actual, requiere un profundo proceso de reingeniería ética, organizativa, conceptual, idearía y estratégica, que le permita reconectarse con los ciudadanos y volver a ganar su respaldo y confianza.

Derrotar al gobierno y echarlo democráticamente del poder es tarea urgente; pero solo podrá hacerse realidad con una nueva estrategia amplia, unitaria, aglutinante; sin barreras ni fronteras entre venezolanos. Sobre todo hace falta un propósito de enmienda; una disposición franca y sincera de quienes dirigen la Alternativa Democrática de renunciar a las prácticas y conductas que hundieron a la IV República y que han sumido en el estercolero a la V.

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