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JURATE ROSALES: ¿20 años no son nada?

¿20 años no son nada?

 

Por JURATE ROSALES

Vamos a estar claros: cuando en 1999 Hugo Chávez fue electo presidente de Venezuela, nadie dudo de su legitimidad. Los venezolanos estaban acostumbrados a una alternancia de partidos en la presidencia, según lo decidían cada cinco años los votantes. Había unas elecciones cuyo escrutinio era manual, efectuado delante de los representantes de cada partido político, bajo rectores de un entonces llamado Consejo Supremo Electoral, famosos por su corrección e imparcialidad.

No habían pasado ni unas semanas de aquella primera elección de Chávez para una presidencia de CINCO AÑOS SIN REPETICIÓN INMEDIATA, PORQUE REPETIR DE INMEDIATO LO PROHIBÍA LA CONSTITUCIÓN VIGENTE ENTONCES, LA DE 1961, cuando el presidente recién y limpiamente electo promovió la idea de cambiar la Constitución. Para eso, era necesario preguntar al electorado si quería una nueva Carta Magna. Así se hizo y con una abstención de 62 % de los electores, la respuesta de menos de 4 millones de votos favorables al “sí” fue considerada suficiente y  válida.  Siguieron otras elecciones en todo el país, para elegir a los constituyentistas y – ¡Milagro!– se inscribieron 1.171 candidatos de todos los partidos, pero de todos esos candidatos, los 141 que salieron electos para redactar la nueva Carta Magna eran todos chavistas, excepto seis.

Allí fue cuando empezó el primer ensayo de fraude electoral, que ha sido desde el principio la marca distintiva del sistema chavista y posteriormente madurista. Cuando el jefe del departamento de verificación del Consejo Nacional Electoral, el ingeniero de informática Amado Dounia elaboró un informe para decir que el resultado de esos y los siguientes comicios era falso, lo botaron del CNE. Su informe nunca fue publicado y el departamento de verificación fue eliminado. Recuerdo que la revista “Zeta” lo explicó en ese tiempo; pero extrañamente todo fue barrido bajo la alfombra de una asombrosa imprevisión en cuanto al futuro. Y ese fue solamente el principio.

Los lectores que hace 20 años eran adultos y tienen memoria, seguramente recordarán la larga secuencia de lo que acontecía a partir de entonces con cada nueva elección. ¿Se acuerdan del escándalo, cuando la empresa norteamericana  ES&S, encargada en el año 2000 del software de las máquinas electorales, tuvo sus técnicos amenazados con pistola en la boca  y se refugiaron en una embajada? Eso incluso fue relatado en la prensa británica (BBC News, 25 May 2000) y tras ese incidente de repercusión internacional, la fecha de los comicios que ya estaba definida, tuvo que ser pospuesta hasta que de todo se encargó la española INDRA. Fue en las elecciones con INDRA que luego dos gobernadores andinos, Williams Dávila de Mérida y Omar Calderón de Táchira, presentaron acusaciones de fraude mostrando las diferencias entre las actas originales y los números del disco compacto enviados al centro del CNE en Caracas la noche electoral. Igual que en el caso de  los constituyentes, la queja no fue procesada.

Esas elecciones con INDRA del año 2000 fueron muy importantes, porque era cuando Chávez inventó el término «legitimación de los poderes» para volver a elegir funcionarios que ya habían sido electos unos meses antes con la Constitución anterior. En ese momento, con el ejemplo dado por la estampida de los técnicos del ES&S, ya estaba claramente evidenciada la voluntad de hacer trampa. ¿Por qué nadie tomó la iniciativa de denunciar la mala fe de los nuevos directivos del Consejo Nacional Electoral?

Años más tarde, el fundador de Microsoft, Bill Gates, advirtió que nunca una elección debe ser escrutada con la informática, porque es demasiado fácil introducir cifras falsas. (IP, 12 octubre 2016).

Trampa mediante y bajo el invento de presunta “legitimación de los poderes” Chávez logró al primer año de electo presidente en tiempo récord cambiar todos los funcionarios en los cargos por elección: gobernadores de los estados, diputados, alcaldes, concejos municipales –un total de  6.241 cargos de elección popular. Ya antes, con la nueva Constitución redactada gracias a la buena disposición de los constituyentes, también fueron designados los funcionarios que no son nombrados por el voto popular: nada menos que el Fiscal General, el Contralor, el Defensor del Pueblo, los miembros del Tribunal Supremo y los Rectores del Consejo Nacional Electoral.

El susto que había dado en el 2000 la ES&S que acostumbraba efectuar elecciones limpias, no podía repetirse y la solución para todas las demás elecciones después de la española INDRA,  fue una empresa venezolana, llamada Smartmatic. ¿Les suena?

Desde que apareció esa empresa hasta la fecha, con más de 20 elecciones generales celebradas en Venezuela, sólo dos no arrojaron el resultado pre-programado presumiblemente por las cónsolas manejadas con el programa de la empresa Bizta, hermana de la Smartmatic.  Veamos estos dos “únicos” casos.

En 2007, Chávez consideró que había llegado el momento de otra vuelta de tuerca y propuso una amplia reforma de su propio  texto constitucional. La reforma hubiera creado un cuerpo militar adicional, una guardia pretoriana fuera de los cuatro cuerpos tradicionales de Ejército, Marina, Aviación y Guardia Nacional. La noche del escrutinio, los generales del  Alto Mando Militar fueron a ver a Chávez para decir que el veredicto de los votantes había sido un “NO” y la reforma no ha sido aceptada por los votantes. Hay un relato del que no sabemos hasta qué punto sería verídico, de una escena de furia de Chávez al ver que su proyecto fue rechazado. Durante más de una semana no hubo resultados proclamados, hasta que finalmente apareció y fue confirmado que la reforma constitucional había sido rechazada.

El otro caso en que las cónsolas cubanas no fueron efectivas fue con la elección del parlamento en 2015 para el período 2016-2021. Un grupo de militares retirados, expertos en comunicaciones, lograron intervenir el día de los comicios la comunicación que, desde el centro situado en Cuba de la empresa cubana COPEXTEL, dirigía los resultados electorales registrándolos en el software de la empresa Bizta, incluida en cada maquinita de votación de la Smartmatic. Los cubanos se vieron impedidos de penetrar en el software y el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, informó al presidente Maduro que ya no era posible cambiar la información de los votos que fluían de cada centro de votación. Una semana más tarde, el excomandante del Ejército venezolano, general ®Carlos Julio Peñaloza, relató en detalle cómo se lograron enmudecer las interferencias cubanas el día de esas elecciones (“Zeta”, 18.12.2015).

Fueron las únicas dos veces en que Smartmatic se vio impedida de producir  resultados à  la carte. Esta segunda vez es la que permitió a los venezolanos tener hasta ahora y desde enero 2016 un parlamento legítimo, el que actualmente preside Juan Guaidó hasta el final del mandato de esa Asamblea Nacional, cuando será necesario elegir una nueva AN en diciembre 2020.

Lo más venenoso del sistema electoral “teledirigido” que durante más de dos décadas dotó a Venezuela y a los venezolanos de un gobierno calcado en el de Cuba, ha sido su capacidad de permanencia y reconfirmación. Esto no ocurrió sin que hubiera víctimas entre los que se dieron cuenta del engaño. El joven técnico del CNE, Peter Colina, desde el principio observó dónde estaba la trampa y quedó en explicarla, pero horas antes fue asesinado (“Zeta” Nr.1392 del 15.12.2002). El asesino nunca fue encontrado. Uno de los cuatro dueños de la empresa Smartmatic, precisamente el que inició el contacto con el Consejo Nacional Electoral y fue el firmante de los multimillonarios contratos en cada elección, Alfredo Anzola, pereció en Maiquetía el 28 de abril 2008, cuando él también afirmó que solicitará una reunión para denunciar ciertas irregularidades. Cuando iba a emprender un viaje para formular su denuncia, el avión fue siniestrado al despegue y sus ocupantes murieron (http://www.lapatilla.com/site/2013/09/11/carlos-julio-penaloza una-extrana-muerte-en-smartmatic/). El propio general Peñaloza, después de haber organizado a los militares que lograron interferir la comunicación con el centro cubano en las elecciones parlamentarias de 2015, escapó poco después de un atentado en Miami, situación que él mismo relató en la revista “Zeta”.

Apartando el tema  electoral que hubiese sido la vía  más  natural para llevar al país a un orden democrático, asombra la cantidad de veces en que ese camino estuvo a punto de enderezarse, …y no lo hizo. El 11 de abril 2002, a raíz de la enorme cantidad de gente que marchó en Caracas exigiendo una renuncia de Chávez y fue repelida a tiros en el puente Llaguno frente a Miraflores con un saldo de 19 muertos y 127 heridos, se reunieron diputados y principales autoridades esperando que amaneciera el día para exigir la renuncia de Chávez en sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional. Esa vía que hubiese sido legal y factible falló cuando los militares no esperaron la madrugada y decidieron encumbrar en la presidencia al representante de Fedecámaras. Lo inadmisible de lo que era claramente un golpe militar produjo el retorno de Chávez en la presidencia.

Otro intento de destituir a Chávez de la presidencia, a través de un referendo revocatorio en el año 2004, fue precisamente la prueba inicial del poder electoral manejado ese día por primera vez con las maquinitas de Smarmatic, que lograron producir cifras a favor de Chávez. (Años más tarde, con motivo de una  elección con Maduro,  la propia Smartmatic, para entonces con oficinas en Inglaterra,  reconoció que sus resultados en Venezuela habían sido alterados e incluso en un vuelo relámpago, trasladó las pruebas del fraude a su sede de Londres, con el objeto de salvaguardar sus negocios que ahora son internacionales)

Dos intentos más, ambos de febrero 2019 para fortalecer la presidencia interina de Juan Guaidó y lograr la celebración de unas elecciones libres de fraude, también fallaron.

La primera fue el intento de hacer pasar por las fronteras con Brasil y Colombia una ayuda humanitaria internacional, que Maduro ahogó en un baño de sangre (la matanza en Santa Elena de Guairén  en la frontera con Brasil y la quema de la carga de ayuda humanitaria en el puente International Francisco de Paula Santander en Ureña, frontera con Colombia.)

El segundo intento sigue envuelto en un vaho de desinformación. Fue aparentemente un mini levantamiento de un grupo de la Guardia Nacional con una aparición sorpresiva de Leopoldo López, preso político desde 2014, quien al ver la asonada fracasando, se refugió en la embajada de España (30 de abril de 2019).

La falta de explicación en relación a la aparente impotencia que ha rodeado los dos recientes intentos de forzar una solución legal al  impasse político venezolano, es imperdonable tanto en el campo madurista, como en la Asamblea Nacional. Tras dos décadas de experiencias diarias cada vez más duras, los venezolanos hace tiempo no son niños de pecho y la ingenuidad que los rodeó para aceptar una reelección presidencial indefinida, unas autoridades nombradas a dedo, unas elecciones fraudulentas y la presencia de una imposición militar en vez del reino de las leyes, más que un retroceso, es muestra de 21 años de descuido, ignorancia de su situación real y sobre todo, de incapacidad para unirse.

Se han necesitado 30 años de comunismo en Europa oriental para que las generaciones que nunca supieron unirse por haber sido divididas bajo un vetusto recuerdo de divisiones ideológicas, cedieran el lugar a unas generaciones que encontraron en la unión la fuerza necesaria para enderezar el camino de sus respectivos países. Venezuela está en sus 21 años de comunismo y divisiones en la oposición. ¿Necesitará nueve años más para entrar en razón, o encontrará suficiente seso como para unirse de una vez entre todos?

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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