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RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ: Maduro con rechazo de más del 80 %

Maduro con rechazo de más del 80 %

Tiempo de verdades – RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ

Las fuerzas democráticas que se oponen al régimen han librado una tarea titánica desde la llegada de Chávez al poder. Ha sido una lucha de veinte años, que ha pasado por variados escenarios, por episodios de máxima confrontación y violencia y otros donde la unidad y organización de la sociedad han infringido al gobierno dolorosas derrotas electorales. Cada vez que los movimientos que se oponen al chavismo han pisado el peine de la provocación  y descendido al terreno de la violencia y de la fuerza, han sido derrotados contundentemente; mientras que en el escenario de la lucha cívica y el ejercicio del voto se le han logrado clamorosas victorias.

Con la unidad, con la organización y defensa del voto, a lo largo de estas dos décadas se lograron conquistar importantes posiciones de poder, gobernaciones del peso y significación  del Zulia, Miranda, Carabobo o Lara, que han sido ganadas por figuras opositoras. Alcaldías de singular importancia como la metropolitana, la de Valencia, San Cristóbal, Mérida y otras capitales han elegido burgomaestres de fuerzas alternativas. En el año 2007, en el esplendor del auge político y económico del difunto Hugo Chávez se derrotó electoralmente su malhadado proyecto de reforma constitucional, y en diciembre de 2015 una plataforma sólidamente unitaria logró una resonante victoria frente a las fuerzas gubernamentales.

No hay duda entonces de que es el ejercicio del voto, junto a la unidad, la movilización y organización popular, la manera idónea, eficaz y expedita para impulsar una transición que conduzca a la recuperación de la democracia venezolana. Esa convicción se refuerza en la actual situación venezolana donde el sufrimiento y las penurias que cotidianamente vive la gente, y su repudio a un gobierno corrupto, desacreditado y vapuleado, responsable de la destrucción del país, coloca al oficialismo en una precariedad de apoyo que le impide ganar ninguna elección medianamente transparente.

El comienzo del año, ha delineado con nitidez los fundamentos de la estrategia madurista: atropello, soborno, provocación, violencia, a la espera de que estas conductas le sirvan al gobierno en bandeja de plata el escenario propicio para prevalecer aún en ínfima minoría; generando las patologías de la abstención, la división y las fracturas en el inmenso universo de quienes se le oponen, tasajeando al estilo salami a sus adversarios y reduciéndolos al terreno de la esterilidad, la desactivación y la ineficacia, y permitiendo por tanto que las menguadas fuerzas oficialistas obtengan un inmerecido éxito.

Derrotar electoralmente al gobierno, como ya se ha hecho en otras muchas ocasiones, requiere de una estrategia  sencilla y clara cuyas bases fundamentales son: 1- Construir o reconstruir una unidad sólida y profunda, sin exclusiones, que sume a todos los sectores e individualidades que se oponen a la continuidad del actual desastre. 2- Promover un amplísimo movimiento nacional que levante la consigna de elecciones libres y limpias en Venezuela, obligando al oficialismo a otorgar condiciones y garantías mínimas para unos comicios competitivos. 3- La construcción de una poderosa maquinaria electoral para la búsqueda y defensa del voto que pueda neutralizar cualquier ventajismo o intento de escamoteo y que asegure el respeto por el resultado.

Un gobierno que suma el rechazo de más del 80 % de los ciudadanos no puede ganar ninguna elección, a menos que la estulticia, la división y fractura de sus adversarios la facilite.

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