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ROBERTO MANSILLA BLANCO: La larga sombra de Zapatero

La larga sombra de Zapatero

Por ROBERTO MANSILLA BLANCO – Corresponsal en España

Acosado por el “Delcygate”, Pedro Sánchez encomienda a Zapatero reconducir el “tema Venezuela.

El “tema Venezuela” es desde hace tiempo un asunto político interno en España  y cada vez más en Europa. El “Delcygate” ha desnudado los intríngulis que el propio gobierno de Pedro Sánchez intenta desesperadamente ocultar ante una opinión pública española y una oposición política que exigen incesantemente respuestas claras ante un asunto que involucra a España en aspectos de violación de regulaciones europeas en materia de seguridad.

Lo relevante es que el “Delcygate” está incluso alterando la perspectiva de que, en España, únicamente PODEMOS era el aliado estratégico del chavismo. La controvertida visita de Delcy Rodríguez y los esfuerzos oficiales desde La Moncloa por ocultar toda información comprometedora, comienzan a diseñar otra realidad: que, al final, lo que pareciera más bien definirse es que precisamente es el propio PSOE de Pedro Sánchez el aliado más estrecho del régimen de Nicolás Maduro.

Y en todo esto parece haber una “sombra” que irónicamente es cada vez más clara: la de José Luis Rodríguez Zapatero.

 

La táctica del “bloqueo”

La semana pasada ha sido prolífica en observar cómo el gobierno de Sánchez se diluye irremediablemente en el “Delcygate”, intentando opacar cualquier información e incluso votación en contra. El martes 11, Sánchez y su socio PODEMOS bloquearon la discusión del “Delcygate” en el Congreso de los Diputados. Pero un día después, el miércoles 11, ya fue imposible hacerlo porque tocaba comparecencia parlamentaria del polémico ministro de Fomento, José Luis Ábalos, el hombre que recibió a Delcy Rodriguez en el aeropuerto madrileño.

A petición de la oposición, el Partido Popular (PP), Ciudadanos (C’s) y VOX, la orden del día en el Congreso de los Diputados era irrefutable: Ábalos debía comparecer por el “Delcygate”.

La sesión dejó a las claras la polarización intensa de la política española, con Venezuela en el epicentro. PP, C’s y VOX arremetieron con un Ábalos arropado en las formas por un Sánchez que incluso declaró que Juan Guaidó era “líder de la oposición” y no presidente encargado cuando justo hace un año lo reconoció como tal.

Un Ábalos acorralado reconoció “errores” en el “Delcygate”, pero en ningún momento logró esclarecer qué fue lo que sucedió: si Delcy pisó territorio del Espacio Schengen, si estuvo en la sala VIP, si habló con Sánchez para reafirmar “acuerdos ya establecidos”, incluido no recibir a Guaidó en Madrid, y también posibles negocios vía REPSOL y PDVSA. Y todo ello con el “escándalo Raúl Morodo” aún presente en los tribunales, que investiga los 35 millones de euros pagados al ex embajador de ZP en Caracas con fondos de PDVSA por presuntas “asesorías” que incluyen al propio hijo de Morodo.

Desde Caracas, Maduro tampoco ayudaba mucho. Tras semanas de silencio sobre el “Delcygate”, el usurpador inquilino de Miraflores finalmente rompió el silencio el viernes 14 asegurando que lo que hablaron Delcy y Ábalos era “un secreto” que ni él mismo sabe. Pero lo más revelador fue declarar que su régimen y el gobierno de Pedro Sánchez son “amigos” y están “avanzando” con acuerdos en Venezuela.

Curiosamente, una semana antes, Zapatero había realizado una furtiva y escasamente esclarecedora visita a Caracas, donde se reunió con Maduro y Delcy. Visita de la cual el gobierno de Sánchez se desmarcó argumentando que era a “título personal”.

El “dossier Venezuela” acorrala a un gobierno de Sánchez que ya parece cansado y sin capacidad de reflejar explicaciones convincentes. El cambio express de actitud de Sánchez sobre el tratamiento a Guaidó dio paso a una inmediata (y extraña) respuesta por parte de su ministra de Exteriores, Arancha González Laya, quien sí se reunió con Guaidó en Madrid, al declarar que Guaidó era, simultáneamente, “jefe de la oposición” y “presidente encargado” de Venezuela. Más confusión al ruedo.

Corren como la pólvora las informaciones en la prensa española sobre el “Delcygate”. Estas informaciones van desde las presuntas 40 maletas llenas de dinero (¿o de oro?) que personal de la embajada de Maduro en Madrid sacó del avión turco donde venía Delcy. También de que desde La Moncloa buscan borrar los vídeos y audios del aeropuerto de Barajas, incluso amenazando y presionando a los miembros de la Policía Nacional y Guardia Civil que supuestamente custodió a Delcy por algunas horas.

Y también de que la opacidad y la desesperada táctica de bloqueo y de dispersión del “Delcygate” por parte del gobierno de Sánchez, oculta otras intenciones detrás de la “visita”: acuerdos de alto nivel para REPSOL en la posible operación de privatización de PDVSA, donde la rusa Rosneft tendría la participación mayoritaria.

La tensión por el “Delcygate” se palpa incluso cuando los altos miembros del gobierno se ven obligados a declarar. En un acto público este fin de semana, la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, también del PSOE, calificó airada que “Venezuela no le importa a nadie” y sólo a una oposición interesada en colocar el tema en el centro de atención para desprestigiar al gobierno. Tono de discurso, por cierto, muy similar al del “chavismo”.

 

El factor Borrell

Mientras en Madrid, Sánchez y sus socios intentaban por todos los medios capear la tormenta incesante del “Delcygate”, en Bruselas, el Alto Comisionado de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, ex ministro de Exteriores de Sánchez y conocido hombre de confianza de Zapatero, bloqueaba en el Parlamento europeo la posibilidad de infracción contra el gobierno de Sánchez por ese escándalo.

Borrell argumentó que la Comisión Europea “no tiene esa potestad”, sino el propio Estado español. Con ello, buscaba dar carpetazo definitivo al asunto, pasando al tema que tanto a él como seguramente a ZP más le interesaba: impulsar una nueva mesa de diálogo en Venezuela.

Y en ello, la sombra alargada de ZP vuelve a planear, vía Grupo de Contacto de la UE, con la posibilidad de incluir a nuevos aliados hemisféricos de Maduro como el mexicano López Obrador y el argentino Alberto Fernández. Esto explicaría con mayor nitidez a qué fue ZP a Caracas hace casi dos semanas y porqué Borrell y Sánchez han seguido fielmente la táctica de “bloqueo” sobre el “Delcygate” a nivel de discusión parlamentaria.

 

Preocupación  en Munich

Y mientras el “Delcygate” polariza la atención en Madrid y Bruselas, la Conferencia de Seguridad de Múnich (Alemania) realizada este fin de semana, y que reúne a las principales potencias mundiales, colocó a Venezuela en su epicentro de atención. En Múnich se consideró que “el conflicto venezolano” figura como una de las 10 prioridades para los organizadores de esta cumbre, tomando como referencia al prestigioso “think tank” International Crisis Group.

“Después de enfrentar un levantamiento cívico-militar en abril de 2019, el gobierno de Nicolás Maduro resistió un boicot regional y numerosas sanciones de EE.UU. Pero su gobierno [el de Maduro] permanece aislado y sin recursos, mientras que siete millones de venezolanos necesitan ayuda humanitaria y los servicios públicos se están derrumbando”.

Con estas palabras definió la situación en Venezuela el Informe de Seguridad de Múnich 2020, el documento que articula el debate de la Conferencia de Seguridad de Múnich. A ello hay que agregarle la reciente publicación del informe 2019 sobre “Armamento, Desarme y Seguridad Internacional” del prestigioso Stockholm International Peace and Research Institute (SIPRI), que igualmente ofrece un enfoque preocupante sobre las repercusiones internacionales de la crisis venezolana.

El informe de la Conferencia de Múnich no sólo comenta la situación en Venezuela, sino que la sitúa como uno de los 10 “conflictos” a ser vigilados en 2020. Además de Venezuela, esos conflictos son los de Afganistán, Siria, Irán, Etiopía, Ucrania, Yemen, Burkina Faso, Israel-Palestina, Corea del Norte y Cachemira.

En esta edición, la Conferencia de Seguridad de Múnich tuvo como tema “la decadencia del proyecto occidental”. La falta de “entendimiento común” entre las principales potencias de Occidente para organizar una estrategia conjunta. Estrategia más necesaria que nunca “para una nueva era de competencia de grandes potencias”.

Y en esta falta de consenso y de estrategias, la Conferencia colocó a Venezuela como probablemente el principal ejemplo. Ni EE.UU, ni la Unión Europea han conseguido armar una estrategia común para que se celebren elecciones libres y democráticas en Venezuela. Toda vez, Rusia y China sí han conseguido sostener a Maduro en el poder.

A propósito de esta situación, el Informe de Seguridad de Múnich criticó unilateralidad con la que ha afrontado EE.UU ciertas acciones geopolíticas, entre ellas la de Venezuela. “Las iniciativas de EE.UU que buscaban frenar el programa nuclear de Corea del Norte, frustrar las ambiciones regionales iraníes o combatir el régimen dictatorial de Venezuela, no sólo tuvieron un éxito limitado, sino que algunas fracasaron”, señaló el informe.

Los aliados de Guaidó y los de Maduro se dieron cita en Múnich, en especial el primer ministro canadiense Justin Trudeau, el secretario de Estado de EE.UU, Mike Pompeo, el alto representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, y el canciller ruso, Serguéi Lavrov. Pompeo y Lavrov tuvieron su “minicumbre” en la que seguramente se tocó la crisis venezolana.

No estuvo Zapatero, pero, con una oferta de Borrell en el bolsillo para relanzar el diálogo en Venezuela, muy probablemente su sombra también se proyectó en Múnich. Un “diálogo” visto con desconfianza en Venezuela y que también es impulsado por Rusia. No parece por tanto casualidad que ZP llegara a Caracas justo después de que el propio Lavrov realizara una gira por Cuba, México y Venezuela, a su vez impulsada tras la recepción por todo lo alto de Trump a Guaidó en Washington.

Así, y atrapado por el “Delcygate”, Sánchez parece definitivamente encomendado a que ZP le solucione su papelón. crisis venezolana.

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