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RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ: Cómo construir la unidad nacional

Cómo construir la unidad nacional

Tiempo de verdades – RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ

Derrotar a un gobierno inescrupuloso y desastroso, impulsar una transición democrática y emprender la titánica tarea de reconstruir a Venezuela, solo puede ser posible con el aporte y la confluencia de la inmensa mayoría de los venezolanos. A pesar de lo desafiante del objetivo, en el país están dadas todas las condiciones para llevarlo adelante: más de un ochenta y cinco por ciento de la población coincide en la necesidad urgente de un cambio político y ese mismo porcentaje aboga por que el mismo sea pacífico, democrático y electoral.

Falta entonces un mensaje, una organización y un liderazgo que asuma el propósito de unir a los ciudadanos en torno a unas exigencias mínimas, capaces de interpretar la diversidad y policromía que caracteriza ese sentimiento de cambio. Para ello es requisito básico tres conductas indispensables: grandeza de miras, responsabilidad y sentido del momento histórico que vive Venezuela, lo que implica la renuncia a todo cuanto implique sectarismos, exclusiones, rivalidades o intereses subalternos personales o banderizos, cuya inoportunidad solo sirve a la continuidad de quienes por desgracia nos desgobiernan.

Lamentablemente, hasta ahora, ese ejercicio aglutinante se ha visto frustrado por visiones individuales o grupales que pretenden imponer políticas demostradamente fracasadas, que han permitido la continuidad por dos décadas del malhadado experimento chavista-madurista, que a pesar de ser repudiado por la ciudadanía logra continuar en el poder en buena medida por la estulticia e irresponsabilidad de sus adversarios, entretenidos en pugnas en el propio campo opositor y prestos a repetir los mismos errores de los últimos veinte años.

Un gran movimiento nacional que cobije a sectores, grupos e individualidades, opuestos a la continuidad del régimen, bajo la consigna de elecciones libres y limpias que conduzcan a la derrota del gobierno y al restablecimiento pleno de la democracia, consolidándose como un inmenso paraguas donde quepan por igual partidos, gremios, sindicatos, independientes, militantes opositores, disidentes del chavismo y todos quienes estén dispuestos a prestar su concurso para la reconstrucción de Venezuela.

La unidad nacional, construida con gran amplitud, debe constituirse en un movimiento capaz no solo de sumar al conjunto de la Venezuela sufrida y descontenta, sino de organizarla y movilizarla en todos los escenarios de la lucha cívica, en la protesta ciudadana, en el reclamo reivindicativo, en todos los espacios de las luchas populares, cuajando un músculo social capaz de hacer sentir la voz de la nación frente al empobrecimiento y la destrucción promovidas desde el  poder.

Quienes desde afuera observan solidariamente la tragedia venezolana, se preguntan (sin encontrar aparentes respuestas) por qué un país sometido a condiciones de vidas insoportables y agobiantes no se moviliza masivamente en las calles para hacer sentir su descontento contra el régimen.

Solo un gran movimiento de unidad nacional, sin sectarismos, exclusiones ni ambiciones subalternas, puede garantizar el hecho de ponerle fin por vías democráticas a esta calamitosa situación. Esa es la exigencia mayoritaria de los venezolanos y el reclamo a la responsabilidad del liderazgo opositor. Ojalá haya capacidad de enmienda, espíritu de rectificación y sentido de la responsabilidad histórica, por el bien de Venezuela.

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