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ALEX VALLENILLA: El coronavirus cambia los pronósticos económicos

El coronavirus cambia los pronósticos económicos

Por ALEX VALLENILLA / @alexvallenilla (tuiter: @alexvallenilla)

Nadie esperaba el evento global surgido de la nada: un virus que derrumba los mercados con una presión que por esta razón aumentará las tensiones en EE.UU. y también en Venezuela. Dentro de las consecuencias hipotéticas, hasta se podría llegar a decir que el coronavirus barre del mapa político a Trump, a Maduro, o a Guaidó.

Surge un Cisne Negro: el coronavirus. Una enfermedad altamente contagiosa, que en apenas casi tres meses ha cobrado más vidas que el SARS y ha contagiado a 35 países en el mundo a una velocidad sin precedentes. Entonces China, la fábrica del mundo, se paraliza. Y mientras la carrera por la vacuna se acelera en los grandes laboratorios, por el momento, esa vacuna se hace esperar y todos  se preparan para afrontar una epidemia global.

El efecto se siente en los principales mercados del planeta. Una vez que el virus se ha expandido y lo sigue haciendo, los inversores salen de posiciones riesgosas. Se derrumba el precio del petróleo en -23 % desde diciembre de 2019. Los anuncios de cierre de empresas, la suspensión de eventos de todo tipo, la paralización de vuelos en el mundo, las restricciones para el turismo, el caos de los cruceros con infectados, golpean a las empresas globales.

El mundo que ya venía con problemas financieros, se desploma. Desde el 12 de febrero, el Dow Jones acumula una caída de 9 % a pesar de que la Reserva Federal mantiene el estímulo monetario.

 

Las mentiras

En un intento por frenar el deslave financiero con sus sabidas consecuencias, el presidente de EE.UU., Donald Trump, asegura que “ya tienen casi lista la vacuna”. Trump trata de decirles a los inversores que no vendan, que mantengan sus posiciones. Un movimiento que ha sido inútil: el mercado se anticipa a un desastre en desarrollo.

El más afectado por todo esto es precisamente Donald Trump. El presidente norteamericano tuvo que aceptar las tasas bajas de la FED y la emisión de dinero, que funcionan para mantener a flote de manera artificial el valor de las empresas norteamericanas en la bolsa.

Trump le ha dicho al mundo que la subida de la bolsa es “crecimiento económico”, pero en eso se oculta la realidad. Apple ha subido en los últimos años en la bolsa, porque recompra sus acciones con los préstamos de tasas bajas y no porque esté vendiendo más teléfonos, igual ocurre con Tesla, que sube mucho, a pesar de que no está vendiendo más vehículos.

 

La amenaza real

Pero no sólo son las acciones del mercado mundial las que caen. En el desplome que ha creado el coronavirus, se suma el petróleo. Este punto también golpea duramente a los norteamericanos, porque se trata de un “misil” directo a los productores de crudo de esquistos, que requieren precios sobre los 50 dólares para pagar las deudas con que han sostenido el también artificial, crecimiento del bombeo petrolero.

Si la crisis del virus se expande y el petróleo cae por debajo de los 40 dólares y se mantiene en esas tasas por unos tres meses, los taladros del Pérmico se paralizan. Eso echará por tierra la gran producción de petróleo estadounidense, pero detrás de los productores de esquistos irán los banqueros que han financiado este sector y que actualmente acumulan deudas impagables por unos 200 mil millones de dólares.

El caos financiero y del derrumbe petrolero de EE.UU., serían decisivos para que Trump pierda la Casa Blanca, gracias a un virus, del cual sólo ha podido decir, que “tenemos la vacuna”.

 

La guerra contra la OPEP

En materia de petróleo, los norteamericanos se fajaron para lograr producir unos 13 millones de barriles diarios. Se han enfrentado a la OPEP y a Rusia. Desde que Barack Obama era presidente, comenzó esa carrera. Mientras la producción de esquistos avanzaba, gracias a un barril en 100 dólares y debido a la emisión de dinero para rescatar a los banqueros que quebraron en 2008, se perdía, por ejemplo, la producción de Libia. Caía Gadafi y la industria petrolera de Libia era destruida en una guerra civil después de una intervención militar. Luego salió Irán del mercado petrolero con sanciones y otro país de la OPEP queda fuera, Venezuela. Mientras la OPEP perdía mercados, EEUU los iba ganando.

Con el petróleo por debajo de 40 dólares, los productores de esquistos desaparecerán en gran medida y con ellos es probable que lo haga buena parte de la producción petrolera norteamericana. La OPEP no cuenta actualmente con actores de peso para cubrir los mercados que queden desatendidos, los cuales quedarían a merced de Arabia Saudita y Rusia.

 

Derrocar a Maduro o negociar con él

Aunque se puede decir que el coronavirus amenaza a Trump, en el caso de Venezuela también es una amenaza para el régimen chavista/madurista.

Las situaciones previstas anteriormente no dejarán a los norteamericanos de brazos cruzados. Ellos saben que si sus productores no convencionales fallan, entonces están las gigantescas reservas de Venezuela, que actualmente controla Nicolás Maduro y su alianza con Rusia.

La Casa Blanca podría entrar en un dilema: derrocar a Maduro definitivamente o acelerar negociaciones con éste a través de los rusos para cambiar con fines petroleros la situación política y económica en el país suramericano.

Las reservas petroleras de Venezuela servirían para mitigar los efectos del desastre descrito anteriormente. Los militares venezolanos sancionados, que controlan la industria petrolera, acorralados por el caos económico venezolano, negocian para que los campos petroleros que ofrecen a los norteamericanos y sus empresas privadas, les sirvan de boleto a una salida impune, la cual los norteamericanos no tendrían más remedio que permitirla, dada esa posible  nueva situación.

          Presión por todos lados

En Venezuela se mantiene la norteamericana Chevron y otras petroleras europeas, además de las empresas de servicios extranjeras. Los rusos fueron sancionados, pero tienen otra compañía haciendo el comercio, la TNK Trading. La sanción contra los rusos es un claro mensaje, consistente en mantener a las empresas norteamericanas presentes en Venezuela, activas y asumiendo el control del proceso de privatización de Pdvsa.

El pasado mes de noviembre el régimen de Maduro se reunió con acreedores de Venezuela, a los cuales se les ofrecieron campos petroleros para cubrir los bonos de deuda en impago, sólo que las sanciones ahora no lo permiten. Estos inversores presionan en Washington para que se relajen las sanciones y  se les permita cobrar su dinero, alegan que si Chevron puede, ellos también.

Dentro del régimen chavista/madurista se libra otra “guerra”. Maduro acepta elecciones presidenciales, pero el sector que domina Diosdado Cabello no. Antes de que un desastre global en las finanzas y el mercado energético produzcan males peores, sentirán la fuerte presión de Washington, lo que ya se ve en el tono amenazante del encargado de los temas venezolanos en el Departamento de Estado,  Elliott Abrams. En el chavismo/madurismo deben tomar decisiones antes de las elecciones de EE.UU.

 

Presión en la oposición

Si los norteamericanos mantienen su posición invariable en el caso de Venezuela y con el desastre financiero que avanza, una probable salida de Trump de la Casa Blanca cobra fuerza, lo que dejaría al sector opositor venezolano sin su principal respaldo internacional. La oposición también tiene que acelerar sus pasos y evitar que se llegue a noviembre en el laberinto en el que se encuentra.

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