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ROBERTO MANSILLA BLANCO: Trump aprieta la soga

Trump aprieta la soga

  

Por ROBERTO MANSILLA BLANCO – Corresponsal en España

 Un cerco internacional acelera la transición en Venezuela.    Entrando en el primer trimestre de 2020, el vertiginoso cambio en la geopolítica global causado por el coronavirus y la decidida acción de Donald Trump para recomponer sus piezas en el tablero internacional, está cercando cada vez más la soga al cuello del régimen de Nicolás Maduro, abriendo simultáneamente las posibilidades de una transición en Venezuela que ya se prevé inevitable.

En las cartas geopolíticas cifradas, en el tablero internacional donde Maduro muy probablemente ya tiene sellado su destino, Trump quiere solucionar cuanto antes el “tema Venezuela” para ocupar sus prioridades en su reelección a la Casa Blanca, dentro de las elecciones presidenciales previstas para noviembre próximo.

En este sentido, el “Supermartes” de este 3 de marzo aclarará el panorama electoral dentro del Partido Demócrata. La opción del izquierdista Bernie Sanders, apuesta de Cuba y Maduro, se ve ahora confrontada por el ascenso del exvicepresidente Joe Biden, una pieza clave de Obama dentro del Partido Demócrata.

La polarización “demócrata” es igualmente visible en otras candidaturas (Bloomberg, Elizabeth Warren), un aspecto que, de momento, Trump no observa en las filas republicanas, y que le da mayor comodidad para sus expectativas de reelección.

Por tanto, es poco probable que la candidatura de Trump se vea empañada por crisis internas. En todo caso, están por ver los efectos del coronavirus que ya ha llegado a EE.UU., reportando dos muertes.

Este 3 de marzo, la Reserva Federal anunció un recorte del 0,5 % en los tipos de interés, motivado por los “riesgos que plantea el coronavirus para la evolución de la actividad económica” en un 2020 electoral en EE.UU.

 

Rosneft e India

En el cerco exterior para estrangular al régimen de Maduro, la clave está en cómo Trump maneja sus alianzas internacionales.

Las sanciones a la petrolera rusa, Rosneft, la semana pasada, unidas a la reciente decisión de la naviera Mercantile & Maritime de no transportar crudo venezolano vía Rosneft, son un golpe estratégico al corazón del principal proveedor de financiamiento a Maduro, la Rusia de Putin, a través precisamente de uno de sus principales activos, la multinacional Rosneft.

Precisamente, la petrolera rusa vendía crudo venezolano vía naviera Mercantile & Maritime, a China e India. La decisión de esta naviera y el hecho de que China esté sumamente ocupada por la crisis del coronavirus, dejan aún más precaria la situación para Maduro.

No parece, por tanto, casualidad que mientras Washington aprieta la soga a Maduro vía sanciones a Rosneft, Trump no hiciera caso del “coronavirus” para enrumbarse hacia Asia y visitar la semana pasada India.

El acuerdo de cooperación militar suscrito por Trump en Nueva Delhi es estratégico porque busca igualmente desarticular la ecuación geopolítica euroasiática que China y Rusia, aliados de Maduro, venían manejando con India a través de foros globales como el alicaído BRICS y regionales como la Organización de Cooperación de Shanghai, de la que India es miembro observador.

Al mismo tiempo, Trump sabe que India ha sido un socio económico de Maduro, razón que justificaba su viaje al gigante asiático para romper ese equilibrio con China y Rusia.

En este sentido, Washington calcula como necesario apretar la soga a Maduro a través de la ruptura india del eje euroasiático que incluye a los aliados de Maduro (China, Rusia, Irán, Turquía) y de las sanciones a Rosneft, toda vez la negativa de Mercantile & Maritime de transportar petróleo venezolano para que la multinacional rusa la vendiera, precisamente, en India.

 

Tempestad en el eje ruso-turco

La neutralización de los aliados internacionales de Maduro supone así un aspecto imperativo que, a efectos de la crisis del coronavirus y los diversos acontecimientos en el contexto global, Trump no ha dudado en calcular para actuar con audacia.

Con Irán siendo uno de los países más afectados por el coronavirus (falleció un ayatolá cercano al Líder Supremo Alí Jamenei toda vez el ministro iraní de Salud está infectado), la revitalización de la crisis siria colocaba los planes de Trump en bandeja de plata.

El complejo avispero sirio está empañando las relaciones de dos aliados de Maduro, Turquía y Rusia. La muerte de 35 militares turcos a manos de fuerzas leales al régimen de Bashar al Asad, aliado de Moscú, complica un laberinto que deja a Ankara y Moscú seriamente ocupados en sus asuntos, en aparente detrimento de cualquier posibilidad de auxiliar de inmediato a Maduro.

En este complejo panorama sirio, Turquía y Rusia se han visto involucrados en complicados y a veces antagónicos apoyos de fuerzas combatientes en Siria, afectando las relaciones bilaterales de dos miembros clave del eje euroasiático. Al mismo tiempo, el golpe de Trump al asesinar al comandante iraní Soleimani en enero pasado ha dejado a Teherán prácticamente fuera de órbita en Siria, hasta ahora su principal aliado en Oriente Próximo.

Al mismo tiempo, el recrudecimiento de la crisis siria ha producido otra oledada de inmigrantes hacia una Europa aterrorizada por el coronavirus que puede expandirse ante estas oleadas de inmigrantes. Grecia y Hungría ya han cerrado sus fronteras y eliminado el derecho de asilo, lo cual ha complicado las relaciones con Turquía.

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan ha utilizado la crisis migratoria del conflicto sirio como una especie de medida de presión hacia Europa. Pero el complejo laberinto sirio revela que Turquía y Rusia, los aliados de Maduro, están demasiado ocupados en intentar solucionar una crisis siria que toca a sus fronteras e intereses geopolíticos.

Al mismo tiempo, este 3 de marzo, Israel celebró sus terceras elecciones generales desde 2019, donde el derechista Benjamín Netanyahu se ha erigido como ganador, aunque quedó a dos escaños para formar gobierno en mayoría.

Netanyahu es el mejor aliado de Trump en Oriente Próximo, con lo que su plan para Palestina, acordado unilateralmente con Israel en febrero pasado en la Casa Blanca, cobrará aún más forma con dos objetivos: el negocio de la reconstrucción en los territorios palestinos y un mayor cerco regional hacia Irán, el enemigo principal de Israel y EE.UU.

Pero el cálculo geopolítico de Trump no se detiene aquí. Más que una derrota, como muchos analistas han observado, el histórico acuerdo alcanzado por EE.UU. con los talibanes en Afganistán prevé un retiro militar estadounidense del país centroasiático que resultaría beneficioso en número de votos electorales para Trump. Con ello, el mandatario estadounidense degrada a las lejanas Afganistán y Asia Central de su centro de atención, concentrando sus prioridades en otras latitudes más próximas.

Precisamente, este 2 de marzo, Trump recibió en la Casa Blanca a su probablemente más importante aliado hemisférico, el presidente colombiano Iván Duque. Y aquí obviamente el tema venezolano cobraba fuerza, pero bajo una perspectiva de seguridad hemisférica.

En Washington, y mientras Netanyahu se preparaba para ganar las elecciones israelíes, Duque anunció su reforzamiento de lazos con Israel precisamente con objetivo estratégico: denunciar a Maduro por sus nexos con el grupo islamista libanés Hizbulá, considerado por EE.UU., Europa e Israel como organización terrorista.

En ese marco, Trump destacó durante su alocución el apoyo a Colombia por parte de EE.UU. e Israel en la lucha contra el terrorismo. Una lucha que enfoca su mira igualmente hacia los nexos de Maduro con Irán.

 

Jaque en Caracas

Ante todo este vertiginoso panorama exterior que Trump ha manejado con audacia, ¿cómo queda la crisis venezolana? Existen razones para confirmar que se refuerza interna y externamente la imagen del presidente encargado Juan Guaidó, toda vez el reloj corre en contra de Maduro.

El confuso incidente de intento de asesinato de Guaidó en la manifestación en Barquisimeto el sábado 29 de febrero, revela no sólo las torpezas del régimen de Maduro, sino sus divisiones internas, cada vez más afloradas por el corte de Trump de sus fuentes de financiamiento vía sanciones.

Los focos del atentado están colocados en los colectivos armados, claramente manejados por un Diosdado Cabello que parece perder peso en la estructura de poder “madurista”. Washington ya señaló a Diosdado de estar detrás del intento de asesinato de Guaidó.

Por otro lado, la designación de Taeck El Aissami  como el nuevo “zar” de PDVSA por parte de Maduro es un factor clave en este sentido.

El Aissami es el hombre del eje euroasiático de Rusia, Irán y Turquía, así como el nexo con el régimen sirio de Bashar al Asad y de allí al Hizbulá. Por tanto, en medio del pacto de Trump con Duque e Israel para combatir los nexos hemisféricos con el terrorismo que tienen al régimen de Maduro como epicentro, la designación de El Aissami al frente de PDVSA parece prever un giro político temerario por parte de Maduro. Toda vez, el nuevo “zar” de PDVSA manejará una empresa maltrecha y en ruinas, pero aún depositaria de fondos que pueden terminar en otras manos.

Del mismo modo, el abierto rechazo internacional al atentado contra Guaidó deja al régimen de Maduro aún peor parado. Incluso, su aliado en La Moncloa, Pedro Sánchez, debió emitir un comunicado vía ministerio de Exteriores para “condenar el hostigamiento” (mas no atentado) contra Guaidó. Desde Bruselas, el encargado de la política exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, consideró como “inaceptable” este atentado.

Parcialmente opacados los ecos del “Delcygate” en La Moncloa, el coronavirus mantiene al gobierno PSOE-PODEMOS también en una especie de cuarentena.

Toda vez, Maduro observa como imprescindible a este gobierno de Sánchez para apostar por un diálogo vía Zapatero y Borrell que le permitiría ganar tiempo hacia su verdadero objetivo: burlar las elecciones presidenciales y llevar a cabo unas elecciones parlamentarias en diciembre que le permitan eventualmente retomar el control de la AN, lo que actualmente está  en manos de la oposición.

De allí la nueva ronda de negociaciones de Maduro con la plataforma liderada por Claudio Fermín y Timoteo Zambrano, los artífices del nefasto pacto de Miraflores de septiembre pasado que se erige como la carta de Zapatero en Venezuela. Todo ello junto a Luis Parra, el ilegítimo designado por Maduro como presidente de una falsa AN, y la pieza que Moscú esperaba entronizar en el Parlamento para desbloquear legislativamente los acuerdos de Rosneft orientados a apropiarse de PDVSA.

Esta vez el juego parece trancado para Maduro a nivel internacional. La ONU acaba de publicar un informe sobre las evidencias de implicación del Alto Mando de la FANB en el narcotráfico y actividades delictivas. Un mal presagio ante el pacto Trump-Duque-Israel.

Una actualización del informe Bachelet presentada la semana pasada sigue denunciando las persistentes y sistemáticas violaciones de derechos humanos en Venezuela por parte del régimen de Maduro.

Suiza ya aceptó colaborar con EE.UU. para entregarle los secretos bancarios de “bolichicos” como Alejandro Betancourt y el mismísmo ex “zar” de PDVSA, Rafael Ramírez, entre otros, acusados de corrupción y lavado de dinero.

Finalmente, Guaidó se ganó otro aliado regional en el presidente uruguayo Luis Lacalle Pou, quien asumió el cargo el pasado 1º de marzo. Lacalle Pou no invitó a la delegación diplomática de Maduro en Montevideo, ni tampoco a la de Cuba y Nicaragua, con lo cual muestra su respaldo a Guaidó.

Todo esto gravita mientras se acerca la gran manifestación nacional convocada por Guaidó y la oposición prevista para el próximo 10 de marzo. La presión por la caída de Maduro vía quiebre militar sigue siendo un imperativo. Pero el régimen usurpador tiene bloqueada la carta de apoyos internacionales, las mismas que Trump maneja como cartas ganadoras impulsar la transición democrática en Venezuela.

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