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ALFREDO MICHELENA: ¿Nos desvastará la “gripe china”?

¿Nos desbastará la “gripe china”?

Por ALFREDO MICHELENA

La plaga que recorre al mundo está poniendo a prueba a los gobiernos, pues la supervivencia de muchos dependerá de sus respuestas acertadas y oportunas. En Venezuela, a la crisis humanitaria se ha unido esta plaga y el régimen lamentablemente no está preparado ni parece querer resolver ninguna de las dos.

Los presuntos  culpables

El régimen chino fue enfático en no permitir que el coronavirus (COVID-19) fuera llamado la “gripe china” para desligarse de este flagelo que pudiera diezmar a la población del mundo.

Pero no contentos con eso, el portavoz de la Cancillería china,  Zhao Lijian, acusó al ejército estadounidense de haber llevado el coronavirus a la ciudad de Wuhan. La narrativa china es que, en realidad, el COVID-19 se originó en EE.UU. y fue llevado a Wuhan con motivo de los Juegos Mundiales Militares, celebrados en esa ciudad en octubre pasado.  La prensa china ha mantenido esta posición e incluso varias investigaciones chinas argumentan que los primeros casos no se produjeron en el mercado de pescado de Wuhan.

Esta narrativa ha sido tomada por el pranato madurista. El mismo Maduro declaró que el virus “es arma de guerra biológica contra China”, asunto que ha sido repetido por Diosdado Cabello y  por la encargada por Maduro de dirigir las operaciones de control de esa enfermedad en Venezuela, la vicepresidente Delsy Rodríguez.  En esta retórica están también rusos e iraníes.

Claro que en EE.UU. algunas voces han argumentado justo lo contrario: que este ha sido un virus creado en China y más concretamente en el Instituto de Bacteriología de Wuhan.  Entre ellos el profesor Francis Boyle, redactor de la “Ley de Armas Biológicas de EE.UU.”, además varios parlamentarios de EE.UU., como el senador Tom Cotton, así como algunos analistas.

Las conspiraciones

Las teorías conspirativas se expanden como el propio virus.  Una de ellas coloca el origen del virus hasta en Canadá, donde un grupo de científicos chinos lo habrían robado del Laboratorio Nacional de Microbiología canadiense. Otras nos recuerdan que también el Síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés) se originó en China hace casi dos décadas. O que incluso hay una novela de Dean Koontz, “Los ojos de la oscuridad”( 1981) en la cual se plantea el caso de un virus creado, el “Wuhan-400”, justamente en la ciudad de Wuhan. Esto para no hablar del tema de la conspiración económica, según la cual se trataría de una jugada de los chinos para vulnerar la economía norteamericana o viceversa.

Pero lo cierto es que la mayoría de los científicos concurren en que este es un virus que proviene del reino animal, seguramente de los murciélagos, y que definitivamente no ha sido producto de un trabajo de bioingeniería.

Llegó el virus

En todo caso, los diversos países no han estado preparados para afrontar esta pandemia. La propia China encubrió por un tiempo la catástrofe e incluso hizo preso al doctor que denunció el inicio de la epidemia. Otros gobernantes han creído originalmente que este asunto no era tan grave, como el mismo Donald Trump, y han evitado tomar medidas desde un comienzo. Otros más se han visto abrumados por la velocidad del contagio, como lo fue al gobierno de Italia que tuvo que decretar cuarentena a todo el país –y ahora España, seguida a su vez por Francia y toda Europa.

Pocos han entendido que a diferencia de las otras pandemias, la velocidad de infección de este coronavirus es exponencial. La influenza o gripe se propaga 1,3 personas por cada enfermo, en cambio el actual  COVID-19 se propaga a una rata de 2 o 3 personas por enfermo. Y es justamente este fenómeno lo más grave, pues aunque su letalidad no es muy alta comparada con la del SARS, por ejemplo, la velocidad de contagio puede hacer colapsar los servicios médicos. Si bien el 80% no requerirá mayor atención médica, el 20 % de los infectados necesitaran mucho cuidado. 15 % tendrán infecciones graves que requieren oxígeno y el 5 % son infecciones críticas que requieren ventilación, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

¿Estamos preparados?

Por esto es necesario “aplanar” la curva de crecimiento de contagio para no colapsar los servicios médicos y en eso es vital algún tipo de cuarentena, porque así se evita que el contagio sea rápido y masivo. Se estima que la mayoría de la población del mundo podría enfermarse, al menos mientras no exista una vacuna. Y esa pudiera estar lista solo para fines de año. Hagan sus cálculos.

En Venezuela, como en otros países, la reacción ha sido a posteriori a la aparición de los casos de COVID-19. Pero si en China o Italia la propagación de los casos fue exponencial, pues no se tomaron las medidas a tiempo. En Venezuela, donde no hay mascarillas ni agua ni desinfectantes y menos suficientes respiradores artificiales o habitaciones en los hospitales para aislar a los enfermos (según fuentes solo habrían unas 70),  para no hablar de los constantes cortes de luz y la fragilidad de un pueblo muy vulnerable por la crónica carencia de alimentos y medicinas, el impacto del virus lamentablemente puede llegar a ser devastador.

Muerte por ideología

Y será más grave aún si la cúpula gubernamental venezolana realmente cree lo que dijo Maduro entre vítores a La Habana, que con el Interferón producido en Cuba podrá palear la crisis o que será suficiente con el aporte de China en medicamentos y pruebas de diagnóstico.

Lamentablemente, cuando la tragedia ocurra Maduro acusará al imperialismo norteamericano y a sus sanciones, cuando la importación de medicamentos, suministros médicos, repuestos y componentes para dispositivos médicos directa o indirectamente, a través de  terceros países, están excluidos de las sanciones estadounidenses.

Pareciera que es el momento de despolitizar esta tragedia y actuar conjuntamente para buscar soluciones para un asunto que nos explotará en las manos. Y la primera acción debe ser permitir el ingreso de la ayuda humanitaria y disponer un presupuesto nacional para importar alimentos, suministros médicos y medicinas para los grupos vulnerables.

Cuando la ideología supera la razón, se dan las mayores desgracias –otros dirán no es ideología, sino que es la ambición del poder.

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